El renacer del color: Augusta Vila y el arte andino que desafió a la historia

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El pasado 14 de septiembre, el distrito de San Borja se transformó en el epicentro de una de las manifestaciones culturales y comerciales más movedoras del Perú contemporáneo: la inauguración de la Gran Feria ASMYPE Ayacucho. Lo que para muchos podría parecer un tradicional mercado de productores y artesanos, es en realidad el testimonio vivo de un pueblo que aprendió a sanar sus heridas a través de la creatividad, el trabajo y una fe inquebrantable en el futuro.

Detrás de este engranaje de esperanza hay un motor humano incansable. Se trata de Augusta Vila, presidenta de la asociación y el alma indiscutible del evento. Definida por quienes la rodean como una mujer empática, sumamente operativa y poseedora de una fuerza vital arrolladora, Augusta es de aquellas lideresas que «logra todo lo que se propone». Su gestión, respaldada por la Municipalidad de San Borja en un aplaudido compromiso con las micro y pequeñas empresas, hizo posible que decenas de productores cruzaran los Andes para encontrarse cara a cara con su público.

Una fiesta que desafía al pasado
La inauguración fue una verdadera celebración de la vida. Los cantos y bailes, interpretados con orgullo tanto en quechua como en castellano por la Asociación Cultural Comparsa San Miguel Arcángel, contagiaron de alegría a los asistentes. Sin embargo, detrás de la música y el júbilo, late un trasfondo histórico que la propia Augusta Vila no dudó en recordar: el enorme sacrificio de los bailarines, cantantes, artesanos y agricultores que viajaron durante largas horas desde las provincias más profundas para traer su cultura intacta.

Es imposible entender la magnitud de esta feria sin mirar atrás. Ayacucho, una región bendecida por una naturaleza generosa que produce cacao, café, paltas y naranjas de altísima calidad, sufrió en carne propia el azote del terrorismo. Aquella violencia, nacida en las aulas universitarias de Huamanga, no solo cobró vidas humanas, sino que ensombreció el espíritu de una comunidad entera. El impacto fue tal que alteró el arte: hacia el año 2004, las célebres cerámicas de la región se tiñeron de piezas monocromáticas; el dolor y el miedo habían apagado temporalmente los colores de la arcilla.

Dos propuestas de la ASMYPE: el café y el agave
Como prueba de esta impresionante capacidad de transformación y de la riqueza de su suelo, la Asociación proyecta al futuro muchos productos, nosotros hemos seleccionado dos productos bandera que simbolizan el nuevo motor económico y la hermandad comercial de las regiones andinas:

El Café de Especialidad (Marca Ítaca – Quillabamba): Sumándose como un aliado estratégico interregional en la feria, este café de altura arábica (Cusco) cautiva los sentidos con un perfil aromático único. En boca y nariz destacan notas profundas a madera que le otorgan un cuerpo elegante y robusto, equilibradas a la perfección con sutiles y encantadores matices de frutas frescas. Cada taza cuenta la historia de una cosecha selectiva y orgánica en la selva alta, representando el estándar premium del grano peruano que busca conquistar las exigentes barras de café de especialidad en Milán. Asimismo, la feria abre espacio a nuevas fronteras cafetaleras emergentes, exhibiendo los cafés de altura de la vecina Huancavelica.

Ítaca, identificado en redes como @itacafeina es un proyecto peruano de café y cacao de origen proveniente de Quillabamba, Cusco. Bajo el lema «esencia y propósito», promueven la identidad del café y chocolate especial hecho en Perú. Recientemente, destacaron como expositores en el XVII Salón del Cacao y Chocolate Internacional.

El Ecosistema del Agave Andino (Marca Chahual): Una de las innovaciones más fascinantes del gremio, producida en Churcampa, Huancavelica. Chahual rescata el aprovechamiento de la cabuya (agave de los Andes) bajo un modelo estricto de economía circular a todo vapor. Del corazón de la planta extraen el upi (aguamiel) para transformarlo en un cotizado Sirope de Agave, un édulcorante natural y vegano de altísima demanda en Europa, y en su Destilado Superior Plateado (42% Vol.), un licor premium que lleva impreso el poético lema «para erradicar la tristeza aparentemente incurable». Pero el ciclo no termina ahí: la fibra residual de la planta se aprovecha para esculpir minuciosas piezas de arte, como gallos de pelea en miniatura, logrando un modelo de residuo cero.

    • El árbol de Agave Andino

      Esculturas hechas a mano del árbol de agave

De la ceniza al arcoíris: La resiliencia que mira a Europa
Hoy, el panorama es radicalmente distinto. El mayor triunfo de Ayacucho no ha sido solo sobrevivir, sino transformar su dolor en belleza. Las cerámicas que hace dos décadas eran grises y apagadas, hoy lucen desbordantes de color, compitiendo en brillo y detalle con los tradicionales retablos y los finos textiles de alpaca que se exhibieron en San Borja.
Esta metamorfosis es el pulso exacto de lo que el Perú necesita: confianza y esperanza en el mañana. La resiliencia ayacuchana no es un concepto abstracto; se toca en la textura de un tejido, se saborea en el aroma frutal de su café y se celebra con un brindis de agave.
Este renacimiento cultural y empresarial es precisamente el que hoy busca abrirse fronteras internacionales. El éxito de la feria ASMYPE demuestra que el público no solo busca un producto, busca una historia con identidad. Para los peruanos en el extranjero, este evento es un recordatorio del orgullo de sus raíces; para ciudades globales del diseño y la gastronomía como Milán, es una oportunidad dorada de conectar con un arte y una tierra auténtica, sostenible y con un alma imposible de replicar. Ayacucho ha vuelto a sonreír y sus colores están listos para conquistar el mundo.