Tal vez esa sea la intuición más interesante de la muestra: no oponer alegría y disciplina, sino demostrar que también la belleza rigurosa puede abrirse a una forma contemporánea de felicidad.
No creo que haya una sede más austera, capaz de inspirar al mismo tiempo seriedad y formalidad, que el Palazzo di Brera. El antiguo complejo medieval pasó a ser convento de los jesuitas y fue reorganizado como colegio y centro de estudios. En ese contexto se construyó el gran cortile/patio, con doble orden de columnas —estilo dórico abajo, estilo jónico arriba—, proyectado por Francesco Maria Richini, uno de los grandes arquitectos del barroco lombardo. Ese conjunto de galerías y corredores columnados constituye el núcleo de lo que hoy se reconoce como el loggiato de Brera.
Tras la supresión de la Compañía de Jesús en 1773, el complejo pasó al Estado y, bajo la reina María Teresa de Austria, se convirtió en un gran polo cultural: allí se instalaron —y aún hoy conviven— la Biblioteca Braidense, el Orto Botanico, el Osservatorio Astronomico y la Accademia di Belle Arti. Más tarde, en época napoleónica, se sumó la Pinacoteca di Brera. En esa fase, el arquitecto Giuseppe Piermarini completó e integró partes esenciales del palacio, incluido el ordenamiento definitivo del gran patio y sus recorridos monumentales.
Todo en Brera cautiva: está bien conservado, es apreciado y admirado, y la gran estatua de Napoleón que recibe al visitante en el patio central refuerza la dimensión simbólica del lugar. Pero, al mismo tiempo, Milán sabe hacer suyo este espacio cada vez más, abriéndolo a grandes eventos. En la propia Pinacoteca, por ejemplo, ya hemos visto exposiciones memorables, como la dedicada a los vestidos de Giorgio Armani. No sorprende, entonces, que el Brera Design District 2026 haya encontrado en este marco uno de sus escenarios más sugestivos.
En ese contexto se inserta la instalación de la diseñadora Sara Ricciardi, presentada con el apoyo de American Express en el marco del Fuorisalone 2026. Se trata de “Serotonin: la química de la felicidad”, una propuesta inmersiva que explora la conexión universal entre la belleza y la felicidad, y que transforma el rigor clásico del loggiato en una experiencia inesperadamente lúdica, sensorial y envolvente.
La artista traduce con notable inteligencia visual el concepto científico de la serotonina —la llamada “hormona de la felicidad”— en una experiencia cromática y espacial de gran impacto. Al entrar, el visitante se sumerge en colores, tonalidades y formas blandas, expansivas, casi orgánicas, que invitan espontáneamente a la sonrisa y a una sensación inmediata de alegría. No se trata solo de una instalación vistosa: hay una clara voluntad de hacer del diseño una experiencia emocional.
A través de esta intervención, American Express invita al público a emprender un recorrido donde convergen curiosidad, emoción y descubrimiento. Es una experiencia que despierta los sentidos y enciende esa sutil alegría que solo el arte y la innovación pueden evocar cuando dialogan con inteligencia con un espacio histórico. Con su presencia en el Fuorisalone 2026, la marca reafirma además su voluntad de apoyar la cultura y el turismo locales, ofreciendo a sus tarjetahabientes acceso exclusivo a la noche inaugural de una propuesta que, más allá del efecto visual, confirma una vez más cómo en Milán, durante la Semana del Diseño, incluso la felicidad necesita una arquitectura.
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