«Cuco» Morales: «El Espejo Infinito», del paisaje al espíritu

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Ha sido grato visitar la muestra de José Antonio «Cuco» Morales Velit en la sede del ICPNA. Una cálida atmósfera te recibe, no obstante las blancas escaleras; los impulsos de color te envuelven completamente en la primera sala. Aunque los cuadros mantengan una tonalidad similar, cada uno, enmarcado en un estupendo marco de radica/nogal,  presenta un paisaje, un simbolismo único y diferente.

Llama la atención los troncos de árboles, también los árboles, pero los troncos y las ramas, sólidas ramas, se destacan adquiriendo un especial protagonismo. En medio de tantos colores cálidos y un toque de oro, no disturba el tronco sólido marrón oscuro: se impone sin imponerse.

Algunos han considerado que los troncos son un elemento decorativo en sus cuadros; personalmente, son los protagonistas. Para el artista, pintar árboles y bosques “es una forma de celebrar la vida y agradecer su presencia en el paisaje… El árbol es este personaje de vida silenciosa que crece generoso ofreciendo su belleza, sus frutos y raíz. Son símbolos de paz y armonía.”

Conociendo más sobre el artista, estudió en Brasil; sin embargo, los colores y esa atmósfera con la que te recibe El espejo infinito tienen una influencia inédita. Relata que en un viaje a Iquitos, donde presentó sus cuadros sobre desiertos, mientras se trasladaba por el río presenció un atardecer que lo envolvió con la calidez del oriente. Lo hizo llorar, lo conmovió profundamente. Quedó tan impregnado en él que lo transmitió en sus cuadros, y ahora a nosotros nos emociona. Su expresión fue: “Creo en el Dios de Spinoza”, es decir, el Dios de la naturaleza.

Segunda fase: el mundo interior

En las siguientes salas, Morales entra en un período distinto, más psíquico, más conocedor del ser humano y sus variantes: lo que se dice, lo que se piensa, lo que se quiere. Es una etapa divertida, pero también reflexiva; su expresión ante la veleidad de las personas. Aquí se exalta su dibujo preciso y elegante, donde la armonía y la estética predominan incluso en la ironía.

Sus obras sobre aluminio, frías por el metal, conservan una forma estética muy agradable. El brillo del material contrasta con la calidez de su trazo, creando una tensión entre lo humano y lo inerte, entre el pensamiento y la materia.

“Cuco Morales convierte el metal en espejo del alma: frío en apariencia, cálido en intención.”

El retorno: tierra y fuego

Para concluir, el recorrido nos devuelve al origen: una instalación en un ángulo de la sala donde los colores cálidos, rojos, ocres, dorados, se extienden como dunas o como fuego. Algunos podrían verlo como un mundo que arde; otros, como la calidez de las costas peruanas. Sea cual sea la lectura, la obra despide al visitante con una sensación de expansión y serenidad.

“Desde lo alto de la escalera, sumergirse en esos colores es como reencontrar la naturaleza en su forma más pura: una experiencia que alegra el espíritu.”

Síntesis final

La exposición El espejo infinito revela el tránsito de Cuco Morales desde el paisaje físico hacia el paisaje interior. Sus troncos, sus figuras y sus arenas son distintas formas de una misma búsqueda: la armonía entre materia y espíritu.