PARLASUR: Vanidad de Vanidades. Por Gretel Ledo

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Nuestra columnista Gretel Ledo, reflexiona sobre lo importante que es aparecer en la sociedad más que dar, hacer, servir. Todo el lucimiento de los personajes identificados bajo la figura del poder que, lamentablemente, en el caso del PARLASUR, no va siquiera acompañado del sustento económico básico para ejercer debidamente el encargo ni el cargo. ¿Cómo hacer frente a una situación que requeriría concreción y humildad?

Asistimos a tiempos donde lo efímero se ha tornado en urgente y más aún, en importante. Lo que resulta falto de contenido e insustancial en la escala del valor, ascendió a un estándar de alta reputación personal con impacto social.

La apetencia de títulos, honores y cargos en personas físicas y las potestades carentes de genuino impacto en las personas jurídicas pueden ser tabuladas bajo una misma cualidad: la vanidad. Salomón, hijo de David, conocido como el Predicador dijo: vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? (Eclesiastés 1:2-3)

La Real Academia Española enuncia dentro de sus acepciones a la vanidad, del latín vanĭtas, como arrogancia, presunción, envanecimiento. Se trata de presumir de una situación o bien de un status que, en su esencia, posee la cualidad de ser vano e insustancial. Esa condición de finitud encierra en sí misma una caducidad témporo-espacial que, claro está, abre un sinnúmero de temores en una carrera constante contra la ilusión signada por la fantasía que lucha por todos los medios para retener con éxito agua entre las manos y arena entre los dedos.

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Lo peligroso en este escenario de locura es la perseverancia por asentir y reclamar para sí, el monopolio de un título, de cierto honor, de una facultad que, en su esencia, no resulta sustentable en el tiempo y pese a ello, se afana por reivindicar. No hablamos de una gestación porque ya nació en la trastienda de la vana representación, en el deseo más oculto del ELLO y ahora cobró dimensión de realidad en el plano del YO.

Empoderar de facultades a instituciones de manera formal y no sustancial, implica lisa y llanamente saquear de contenido genuino al fin para el cual fueron concebidas. Otro tanto sucede con nombramientos de funcionarios que aún ni siquiera saben a ciencia cierta con qué logística operativa trabajarán, dónde y bajo qué potestades.

El pasado 17 de agosto se llevó a cabo la XXXIII Sesión Ordinaria del Parlamento del Mercosur en Montevideo, Uruguay, primera en lo que va del año. Allí se definió que los 43 parlamentarios argentinos que serán electos en las elecciones generales del próximo 25 de octubre asumirán sus bancas en el PARLASUR el 14 de diciembre durante la Sesión Preparatoria que se llevará a cabo en Montevideo donde prestarán Compromiso. De esta manera, oficialmente ya no participarán los Senadores y Diputados Parlamentarios de la Delegación Argentina actuales.

Lo cierto es que la Ley 27.120 de ELECCIÓN DE PARLAMENTARIOS DEL MERCOSUR sancionada el 29 de Diciembre de 2014 y promulgada el 6 de Enero de 2015 no especifica nada respecto a la partida presupuestaria con la que contarán los Parlamentarios para ejercer sus funciones una vez elegidos.

En lo que respecta al PARLASUR, la Comisión de Presupuesto y Asuntos Internos aprobó una propuesta de presupuesto que asciende a u$s 2.400.000 para el organismo regional en 2016 de los cuales u$s 761.000 se destinan a gastos de personal –38 funcionarios– que se desempeñan en la sede del Parlamento.

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Se afronta una problemática con arista doble. Por un lado, Argentina contará con 43 parlamentarios para el 14 de diciembre sin partida presupuestaria aún sancionada y, por el otro, el presupuesto aprobado por el PARLASUR no puede ser ejecutado por completo debido a que los Estados Partes del Mercosur no están realizando los aportes pertinentes. A la fecha de hoy el pasivo supera los u$s 4.000.000. Por su parte Brasil informó que depositó en la cuenta del Parlamento u$s 500.000, aún así debe u$s 2 millones.

Parlamentarios que asumen sin partida, un Parlamento que está a la espera del aporte de fondos de cada país miembro y un Protocolo Constitutivo que retacea competencias legislativas son tan solo pinceladas de ilusiones, ficciones de la fantasía, vanas representaciones que piden a gritos rasgar el velo de la soberbia empañado por la ausencia de reconocimiento genuino del cambio.

El mayor de los desafíos es sentarse a la mesa de diálogo llamada sinceridad. La integración descree de las meras manifestaciones volitivas más bien requiere acciones que perduren en el tiempo y el espacio. El afán diario de la figuración es vanidad de vanidades e inconducente en todas sus posibles manifestaciones.

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