Latinoamérica con futuro incierto. La salud muy enferma.

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La mayoría de hospitales públicos y clínicas especializadas de Latinoamérica son organizaciones criminales en tanto se han convertido en organizaciones en  las cuales la vida no vale absolutamente nada. El crimen y el robo organizado dominan en estos tiempos.  Sin embargo, sus mejores ciudadanos y pueblos pequeños siguen apostando por el bienestar de todos.

Testimonios de varios distritos y poblados del Perú, revelan que los hospitales públicos  como el de Bravo Chico, en El  Agustino, el  Emilio Valdizán, en la Carretera Central o la clínica de Barranco que usufructúa el nombre del notable psiquiatra Baltazar Caravedo, pueden ser sin lugar a  dudas retratos  de una dolorosa realidad, donde la búsqueda del bien común es una quimera.

Si existiera un Ministerio de Salud, tales nosocomios y otros podrían ser cerrados. Esta decisión   evitaría que  la mayoría de los 10  millones de habitantes de la capital peruana y  los miles de migrantes andinos no sufran  una muerte anunciada.

Esta crónica es el testimonio de un paciente  que logró fugar de una de esas cárceles,  cuya fuga  ni siquiera  fue detectada, según  certificados  de defunción  emitidos  por médicos  y enfermeras que representan el infierno en  Latinoamérica, una región administrada casi siempre por gobernantes que viven del asalto a fondos  del Estado.

El presente  relato acaba de ser  expuesto en un concurrido auditorio de  la Universidad Norteamericana de Pittsburgh, como parte de una cuidadosa investigación relacionada con el  cuarto cine, como  se le conoce a la cinematografía  del dolor que enluta el alma de este continente, donde la alegría se esfuma cada instante.

La calidad de la salud y educación van decayendo cada día en perjuicio de los migrantes que huyen de sus comarcas. Los hospitales no garantizan  la vida  de ningún paciente. La sobrepoblación  de pacientes, es un pretexto  para el  descuido absoluto de  los establecimientos,  en tanto los proveedores privados engordan sus vientres y bolsillos como  agentes de laboratorios nacionales e internacionales. La muerte deja grandes dividendos.

En Latinoamérica, los  Estados subsidian la medicina y la educación privada. La causa de los fallecimientos  en los  hospitales  se oculta o se camufla en confusas estadísticas. Las morgues se llenan a media noche, cada amanecer. Las  funerarias  vuelan como  buitres para  facturar  costosas  sumas por sepelio, cremación  y/o traslado a localidades pequeñas o lejanas.

Un nuevo estudio del BID – Banco Interamericano  de Desarrollo indica que la Región necesitará 23 millones de profesionales en salud y educación para 2040: Doce  millones de maestros, 3 millones  de médicos y  8 millones de enfermeros.

El documento  remarca que los trabajos a crearse para Latinoamérica deberán ser de buena calidad especialmente para las mujeres. Los profesionales  hoy en día están  desfasados  de la literatura especializada. La incursión  de la medicina India causa  estupor  entre médicos cobijados por viejos laboratorios socios  de viejas burocracias corruptas, ineptas, insensibles.

“Nuestro estudio muestra que, incluso en el marco de la cuarta revolución industrial, podemos esperar que el número de maestros, médicos y enfermeros en América Latina y el Caribe continúe creciendo a gran velocidad”, explica Marcelo Cabrol, gerente del Sector Social del BID.

“Nuestra metodología nos permite conocer que, por ejemplo, una tercera parte de los maestros que habrá dentro de 15 años, y casi dos terceras partes de los médicos y enfermeros, son personas que todavía no han empezado su vida laboral. Ante esta realidad, la clave es asegurar que estos nuevos profesionales tengan las habilidades y la formación que necesitan para ser los maestros, médicos y enfermeros del futuro”, subraya Cabrol.

Las proyecciones que incluye la investigación se realizan a partir de una serie de variables dependiendo del sector. En el caso del sector educativo, se consideran la población en edad de estudiar, las tasas de matrícula escolar y el número de niños por maestro. Para el sector salud, se estima la proporción de médicos con respecto a la población de adultos mayores que existirá en las próximas décadas, así como la proporción de enfermeros por cada médico.

Proyecciones a futuro, “Educación y salud: ¿los sectores del futuro?” analiza cuál ha sido la evolución del empleo de maestros, médicos y enfermeros durante las últimas cuatro décadas en América Latina y el Caribe. “Estas tres ocupaciones han venido creciendo de forma notable, pero lo más destacable es que los trabajos en educación y salud son, en comparación con otros sectores, de buena calidad”, explica Marcelo Cabrol.

Esa publicación no solo muestra evidencia de que los ingresos de maestros, médicos y enfermeros en América Latina y el Caribe han crecido de manera notable en los últimos años, sino también que estos profesionales tienen una mayor probabilidad de percibir una pensión en la vejez que otros profesionales como ingenieros, abogados, periodistas o contadores, entre otros. Además, las mujeres representan la mayoría de los trabajadores en los sectores sociales y la brecha salarial de género es sustancialmente menor en estas ocupaciones que en otros sectores.

“Mientras que en nuestra región las mujeres con educación postsecundaria aún ganan en promedio un 28% menos que los hombres, en educación y salud esta diferencia es de alrededor de un 10%”, remarca el análisis.

“Educación y salud: ¿los sectores del futuro?”,  busca enriquecer la discusión sobre cómo la región puede aprovechar las oportunidades y minimizar los riesgos que se plantean alrededor de este tema utilizando un formato interactivo que incorpora audios, videos y otros recursos.

La serie está disponible en www.iadb.org/futurodeltrabajo

CONCLUSIONES NECESARIAS

Gustavo Nigenda, de la Universidad  de Londres, comenta que en los últimos años la búsqueda de soluciones para mejorar la eficiencia de los servicios de salud ha sido un tema de gran importancia.

En muchos países desarrollados los costos de la atención médica han aumentado, y aunque la mortalidad infantil y otros indicadores de salud han mejorado, no ha sido con gran rapidez.

A pesar de que la tecnología médica ha tenido un gran avance, millones de personas en países en desarrollo mueren aún por “enfermedades prevenibles”, debido a la dificultad en el acceso a los servicios de salud.

En el centro de estos problemas está la participación estatal. A partir de la segunda guerra mundial, el crecimiento económico sostenido en muchos países fue asociado al desarrollo de una amplia provisión pública en las áreas de salud y servicios sociales.

Sin embargo, las mismas instituciones que después de la guerra fueron vistas como benéficas e integrales para el desarrollo social exitoso, durante los años ochenta se consideraron como una carga que inhibía el crecimiento económico.

Actualmente es motivo de discusión el grado en que el Estado debe intervenir en la organización y control de los servicios de salud y la distribución de los recursos.

Quienes proponen el retiro del Estado y la privatización de los servicios, señalan que la intervención estatal ha llevado al aumento de la ineficiencia de los servicios.

Cualquier comentario que se publique  como  el que suscribo respecto a los  hospitales  y clinicas privadas  “especializadas  en salud mental, tuberculosis…” son entidades  donde hay un profundo, muy profundo  desencuentro,  entre  un personal desmotivado, indiferente  y el  dinero sucio  que corre entre los laboratorios, las ambulancias, los crematorios. La Muerte es el negocio público  y  privado que  ya no deja espacio para escuchar  el  auxilio  de quienes demandan aquellos  que por  desgracia pasan una o dos noches  en un hospital  de Lima  o Clínicas Especializadas y acaban en un cementerio, en una fosa común.

Diferentes hospitales públicos de Lima se han visto obligados a adoptar a las decenas de enfermos mentales, personas con síndrome de down y ancianos que son abandonados en sus instalaciones. Sólo en la capital del Perú son más de 1000 las personas que son señalados como NN y se encuentran principalmente en el Hospital Larco Herrera y el Hermilio Valdizán de Santa Anita. En éste último, son numerosos los pacientes olvidados por sus familiares, sin embargo, cada uno de ellos guarda un recuerdo de sus parientes, al cual se aferran y atesoran con la esperanza de volver a verlos.

 

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