Putin y Xi exhiben su alianza y suman a líderes enfrentados con Washington

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En medio de guerras, sanciones y tensiones crecientes con Estados Unidos, Rusia y China mostraron la solidez de su alianza durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Biskek, Kirguistán. El encuentro reunió a Vladimir Putin, Xi Jinping, y a líderes como Narendra Modi, Masoud Pezeshkian y Recep Tayyip Erdogan, en una demostración de poder que proyecta una visión de mundo multipolar con menor peso de Occidente.

Putin afirmó que los acuerdos estratégicos entre Rusia y China “constituyen el núcleo de los vínculos entre Estados”, mientras Xi destacó que las relaciones bilaterales “se han vuelto más sólidas, con perspectivas más amplias”. Ambos mandatarios coincidieron en que la cooperación económica y energética será el eje de su relación, con nuevos acuerdos para la producción y transporte de gas y petróleo, y rutas alternativas que eviten los controles occidentales.

Una alianza que desafía a Washington

La cumbre de la OCS se convirtió en una plataforma política para reforzar el liderazgo de China y Rusia y para sumar a países que mantienen tensiones con Washington. Irán, India y Turquía participaron en el encuentro, cada uno con su propio equilibrio frente a Occidente. El presidente iraní Pezeshkian pidió el levantamiento de sanciones internacionales, mientras Modi reiteró su posición de “equilibrio” y apoyo a iniciativas de paz en Ucrania.

Putin, por su parte, subrayó que Rusia enfrenta “una situación difícil en el norte, el sur y el oeste”, en referencia a los frentes de conflicto y las sanciones. La alianza con China le permite mantener rutas comerciales y energéticas fuera del alcance de los embargos occidentales, consolidando un bloque euroasiático que opera al margen de las reglas impuestas por Washington.

La OCS como alternativa al orden occidental

Bajo el liderazgo de Xi y Putin, la OCS ha pasado de ser un mecanismo de cooperación regional a una estructura política y económica alternativa. Xi llamó a los países miembros a “reformar la gobernabilidad global” y preservar la estabilidad regional frente a las presiones de Estados Unidos. Putin respaldó esa visión y afirmó que “las relaciones ruso-chinas se están desarrollando con éxito en todas las áreas”.

La cumbre también mostró la convergencia de intereses entre Rusia, China, Irán y Turquía, todos afectados por sanciones o disputas con Occidente. El mensaje político fue claro: el mundo multipolar ya no es una aspiración, sino una realidad en construcción.

Lectura editorial: el nuevo tablero global

La escena de Biskek confirma el cambio de época. Mientras Occidente debate sobre gasto militar y sanciones, el eje euroasiático se consolida con pragmatismo y cooperación. Xi y Putin no solo exhiben una alianza; están redefiniendo el mapa de poder. Y cada país que se suma —India, Irán, Turquía— amplía la distancia entre el bloque oriental y las estructuras tradicionales de Occidente.

La frase que resume el momento sigue siendo la misma: unos se arman, otros se desarman; unos se unen, otros se fracturan.