Cambia América latina, ¿cambiamos de piel? por Isabel Recavarren

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El “come back” de Estados Unidos está modificando el escenario latinoamericano. Los países de la región parecen estar recuperando un territorio que, durante los últimos años, fue quedando expuesto al avance de la delincuencia, de las organizaciones criminales y de economías ilegales que encontraron Estados debilitados, instituciones poco eficaces y, en muchos casos, una gestión pública incapaz de responder a las nuevas dimensiones del problema.

No se trata solamente de un cambio político o ideológico. Están cambiando los parámetros con los que las sociedades latinoamericanas evalúan su futuro. La seguridad, el crecimiento, la inversión, el empleo, la infraestructura, la capacidad de gestión y, finalmente, el bienestar de la población vuelven a ocupar el centro de las preocupaciones, se piensa en futuro.

Durante años, la menor centralidad política de Estados Unidos y Europa, o el «abandono de la región» abrió espacios para otros actores y para otras formas de relacionamiento. China adquirió una presencia económica extraordinaria en la región, mientras América Latina atravesaba un período de fuerte polarización política. La llamada “marea rosada” alcanzó una importante expansión, hoy muestra signos de retroceso en varios países.

No es necesario interpretarlo como la victoria de una ideología sobre otra. Puede ser leído, más sencillamente, como el cansancio de sociedades que han sufrido. Cuando el Estado no garantiza seguridad, no genera oportunidades, no administra eficazmente los recursos públicos y no consigue transformar crecimiento potencial en bienestar, el ciudadano busca otras soluciones. Una cosa quedo confirmado la izquierda y su ideología que conlleva ambigüedades ante los desastres generados por el terrorismo, la tolerancia a los tráficos ilegales, la inseguridad ciudadana como método de control ciudadano, acabaron.

En ese contexto aparece un Estados Unidos que, si recordamos el pasado, nos mira diferente. Distinguimos un Marco Rubio, que nos ilusiona.

La actuación de la administración Trump frente a Venezuela constituye uno de los ejemplos más contundentes de este cambio. Washington actuó con una determinación y una velocidad que se apartan de la imagen de un Estados Unidos dispuesto a ponderar, negociar durante largos períodos y esperar los tiempos de los procesos políticos y judiciales, como fue durante la administración Biden. La detención de Nicolás Maduro en enero y su traslado a Estados Unidos llevaron la confrontación a un terreno completamente nuevo. Pero, al mismo tiempo, el caso ingresó al sistema judicial estadounidense y permanece sometido a sus procedimientos. La defensa puede cuestionar la inmunidad presidencial (Estados Unidos nunca lo reconoció como presidente de Venezuela en la última elecciones), la jurisdicción estadounidense y la legalidad de la operación; el Tribunal de N.Y. deberá resolver estas cuestiones antes del juicio previsto para 2027. La paradoja está precisamente ahí: un Washington más abrupto en la decisión política, respaldado por una actuación que ahora enfrenta el escrutinio judicial, pero que recurre a sus instituciones para sostener el proceso. Fuerza y procedimiento aparecen simultáneamente en la nueva política exterior estadounidense. Y esta transformación está siendo observada desde América Latina. Frente a un desentendimiento global ante nuestros problemas. Ninguna institución, llámese ONU, ningún proceso de integración llámese Pacto Andino, se pronunció,  el ciudadano siguió retrocediendo.

De la ideología a los resultados

Al menos un par de generaciones han visto condicionadas sus posibilidades de desarrollo. En Venezuela, el daño alcanza una dimensión mucho mayor: generaciones que han crecido bajo una prolongada ruptura económica, institucional y social. Casi ocho generaciones, una pérdida de oportunidades que no puede considerarse un daño menor y cuyas consecuencias se proyectan sobre el presente y sobre las posibilidades de futuro.

Por eso, la pregunta que hoy aparece en buena parte de la región no parece ser qué ideología elegir, sino: 

¿Quién puede gobernar con madurez, administrar mejor y devolver a la sociedad la posibilidad de desarrollarse?

Los países latinoamericanos no piensan en conjunto, no hacen nada para ser un grupo humano cercano, nadie lo motiva. Cada uno está buscando respuestas a sus propios problemas, aunque, paradójicamente, esos problemas terminan siendo muy parecidos: seguridad, empleo, educación, infraestructura, inversión, servicios públicos, tecnología y capacidad del Estado. No hay, por ahora, un proyecto latinoamericano común.

Hay búsquedas nacionales que coinciden en sus preocupaciones.

Y quizá esa coincidencia sea precisamente una consecuencia de lo ocurrido durante estos años. La llamada marea rosada no solamente produjo cambios políticos: también dejó una acumulación de desconfianza cuando los resultados de las políticas no correspondieron a las expectativas de las sociedades. Ahora los países parecen querer recuperar capacidad de decisión y encontrar su propio modelo de desarrollo, cada uno por su lado.

Una región disputada

El regreso de Estados Unidos tampoco significa que América Latina volverá al escenario anterior. Durante años, Estados Unidos se desentendió de América Latina. La región quedó abandonada a sus propios problemas y ese vacío fue aprovechado por China, que construyó una presencia económica extraordinaria, mientras avanzaban la delincuencia, las organizaciones criminales y las economías ilegales sobre Estados debilitados. Ahora Washington regresa al hemisferio, mientras reduce y revisa su presencia militar en Europa, después de décadas de despliegue, en un momento en que Rusia, debilitada por la guerra y sometida a fuertes tensiones económicas, mantiene a Europa ante un escenario de inseguridad e incertidumbre.

El mapa está cambiando.

China ha construido una presencia económica profunda. Ha convertido al Perú, seguramente sin una intención inicial, en un elemento clave de la geopolítica mundial, ahora que el centro de gravedad se desplaza cada vez más hacia el Océano Pacífico con el megapuerto de Chancay. Por su parte, la Unión Europea conserva un peso comercial y de inversión significativo en sectores estratégicos como el transporte, la conectividad digital y la energía.

El desafío para el Perú es saber aprovechar esta competencia. No se trata de elegir ciegamente entre Washington, Bruselas o Beijing. Se trata de contar con Estados suficientemente capaces, dotados de recursos humanos aptos para integrarse o competir con las inversiones extranjeras.

El verdadero cambio

La guerra de Irán descubrió otro panorama, no estamos en su órbita terrestre, pero sus negativos efectos nos llegan. También sus modalidades. Ante este desencadenamiento militar, el cual no analizaremos en esta oportunidad, los  gobiernos latinoamericanos tomaron posiciones diferentes porque sus sociedades, sus economías y sus intereses son diferentes. Entonces, será menester conocer el comportamiento de los países latinoamericanos frente al conflicto Estados Unidos – Irán.

Cronología de las posiciones latinoamericanas frente a Irán

Fecha País Qué hizo Motivación / posición
28 febrero 2026 🇦🇷 Argentina Respaldó las acciones de EE.UU. e Israel contra Irán. La República Argentina confía en que las medidas adoptadas contribuyan a restablecer condiciones de estabilidad en la región, fortalecer el régimen internacional de no proliferación nuclear y consolidar un marco de paz y seguridad duradera.
28 febrero 2026 🇧🇷 Brasil Se pronunció contra la escalada y defendió la vía diplomática. Desescalada, Derecho Internacional y negociación.
28 febrero 2026 🇲🇽 México Pidió a todas las partes privilegiar la diplomacia y abstenerse del uso de la fuerza. Paz, estabilidad y solución negociada.
28 febrero 2026 🇺🇾 Uruguay Expresó preocupación por la escalada militar de EE.UU. e Israel y la respuesta iraní. Derecho Internacional, protección de civiles y desescalada.
2 marzo 2026 🇺🇾 Uruguay Aclaró que rechazar el ataque contra Irán no significa condonar sus violaciones de DD.HH. Separar la defensa del Derecho Internacional de la valoración del régimen iraní.
13 marzo 2026 🇲🇽 🇨🇴 🇧🇷 México, Colombia y Brasil reclamaron un cese al fuego inmediato. Diálogo, negociación y solución pacífica de controversias.
26 marzo 2026 🇵🇾 Paraguay Organizó, junto con Israel, una reunión con países latinoamericanos para analizar los ataques de Irán. Diálogo y seguridad internacional; reafirmó el derecho de Israel a defender a su población. Participaron Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, Panamá, Perú y Honduras.
2 abril 2026 🇦🇷 Argentina Declaró persona non grata al encargado de negocios iraní y ordenó su salida en 48 horas. Injerencia iraní, falta de cooperación en la investigación de AMIA y órdenes internacionales de detención.
22 agosto 2026 🇨🇱 Chile Anunció el cierre de su Embajada en Teherán, efectivo el 31 de agosto. Reordenamiento operativo y razones preventivas de seguridad. No rompió relaciones diplomáticas.
1 septiembre 2026 🇵🇪 Perú Rompió relaciones diplomáticas con Irán. Deterioro democrático, derechos humanos, situación de Ormuz, escalada regional y obstáculos a la labor del OIEA. Mantiene las relaciones consulares.

La tabla muestra algo que no debemos perder de vista: América Latina no está respondiendo como un bloque ideológico. Está respondiendo autonomamente como un conjunto de Estados que están recalculando sus intereses y sus posiciones internacionales.

Marco Rubio, ministro de relaciones exteriores de los Estados Unidos, potencial candidato en las elecciones generales del 2028, llegará a Lima este 9 de septiembre, estará dos días en Lima, proseguirá a Santiago de Chile, su recorrido natural sería Buenos Aires donde podría encontrar a un Milei, que ha recibido de Trump el mejor regalo que Argentina pudo haber recibido en décadas, o haber escuchado, en décadas. «Se revisará la postura histórica de Estados Unidos sobre la ocupación británica de las Islas Malvinas».

Cambia América latina, ¿cambiamos de piel? si serán rosas….. florecerán.

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Abogada internacionalista, especialista en relaciones UE–América Latina. Doctora en Derecho Internacional de la Economía. Fundadora de CEFIAL-UE, la Revista Panorámica Latinoamericana – UE y del Foro Euro-Latinoamericano de la Mujer. Lema: “El conocimiento genera desarrollo; las personas con conocimiento son el mejor recurso de una Nación.”