La calificación crediticia de un país tiene un impacto económico real sobre los mercados financieros. Una calificación óptima es un atractivo para invertir, caso contrario sucede con economías calificadas como especulativas. Las empresas calificadoras como Moody’s, S&P y Fitch, son las que brindan su opinión sobre las economías calificadas y respecto a la percepción económica de corto y mediano plazo.
Dentro de las principales economías de América Latina, Chile es el país con la mejor calificación crediticia, seguido por Perú y México, lo cual permite mantener un grado óptimo de inversión. Argentina y Brasil, sin embargo, son los países con la peor calificación crediticia dentro de los países analizados, ubicándose en una zona especuladora.
Este panorama brinda una visión global de la situación de una economía; información muy valiosa a considerar por los inversionistas. No obstante, es importante tener en cuenta que la calificación crediticia se basa en la opinión de cada una de las calificadoras de riesgo (Moody’s, S&P y Fitch).
Esto quiere decir que, si bien cada una de las calificaciones tendrá un impacto en la toma de decisiones, cada uno de los agentes de inversión, de acuerdo a su aversión al riesgo, podrían considerar tomar el riesgo de invertir en aquellos países en los cuales se encuentran prácticamente en default o únicamente invertir en las economías que se consideran seguras.
En Chile, por ejemplo, a pesar de la inestabilidad provocada por el referéndum constitucional, su calificación se mantuvo estable. Y si bien Brasil posee una calificación crediticia baja, continúa siendo la tercera economía en atraer inversión extranjera, por detrás de Estados Unidos y Canadá, en las Américas.








