El crecimiento económico sin precedentes registrado durante el último cuarto de siglo ha venido acompañado de una transformación económica sin precedentes. La espectacular apertura de la economía mundial, combinada con el rápido ritmo del cambio tecnológico, ha mejorado el bienestar y el nivel de vida de miles de millones de personas en todo el mundo, incluidos los de los ciudadanos más pobres.
Pero este proceso ha venido acompañado de cambios económicos y perturbaciones en el mercado de trabajo a medida que la productividad de las economías aumentaba y los sectores en declive eran sustituidos por nuevos sectores en expansión. El progreso tecnológico y la apertura al comercio, principales impulsores del progreso y las transformaciones económicas actuales, también están inextricablemente relacionados. El surgimiento de una economía mundial más integrada ha acelerado la difusión de la innovación, la información y los conocimientos técnicos y ha estimulado la colaboración y la competencia transfronterizas, lo que ha contribuido a impulsar los avances tecnológicos.
A su vez, estos avances (desde el uso de contenedores o la mejora del transporte aéreo hasta la aparición de Internet) han contribuido a crear la cada vez más integrada economía mundial que conocemos hoy. El resultado suele ser un círculo virtuoso en el que los avances tecnológicos provocan una mayor apertura al comercio y esta apertura económica estimula los avances tecnológicos, todo lo cual facilita un mayor crecimiento e integración en la economía mundial de los países en desarrollo. Aunque la escala y ritmo de las recientes transformaciones económicas mundiales no tienen precedentes, el proceso no es nuevo.
Desde la Revolución Industrial, hace unos 200 años, el desarrollo económico se ha ido ampliando, profundizando y acelerando progresivamente, en buena medida gracias a la interacción entre la innovación tecnológica y la integración mundial. Las sucesivas “olas” de desarrollo (por ejemplo, en Europa y América del Norte en el siglo XIX, en las economías de reciente industrialización después de mediados del siglo XX y en las grandes economías emergentes en los últimos 25 años) han dependido tanto del aprovechamiento de las nuevas tecnologías como de la integración en una economía cada vez más mundializada.
El progreso económico continuo depende de la capacidad de las sociedades para ajustarse, adaptarse y fomentar la inclusión. La capacidad de los trabajadores para trasladarse de los empleos menos productivos a los más productivos y de los sectores en declive a los sectores en expansión es el mecanismo esencial que permite al comercio y el progreso tecnológico aumentar la eficiencia económica general, promover el desarrollo y mejorar el nivel de vida. Aunque los costos totales del ajuste del mercado de trabajo suelen ser mucho menores que los beneficios totales asociados al comercio y el cambio tecnológico, a menudo recaen desproporcionadamente sobre ciertos grupos o comunidades, en forma de una disminución de ingresos o de la pérdida de puestos de trabajo. El hecho de que algunos países parezcan estar adaptándose a los cambios tecnológicos y la globalización mejor que otros, en especial reduciendo los obstáculos a la movilidad laboral y en general repartiendo de forma más equitativa y activa los costos y beneficios del cambio, sugiere que las políticas públicas pueden desempeñar una función importante, ayudando a las economías y las sociedades a adaptarse a un mundo cambiante.







