Italia – MERCOSUR: de la apertura comercial a la construcción de relaciones industriales

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La misión de Confindustria e ICE en Argentina y Brasil del 7 al 11 de septiembre 2026 con el soporte de la delegación guiada por el ministro Antonio Tajani y por el presidente de la Confindustria Emanuele Orsini  reunió a más de 90 empresas italianas y produjo más de 2.600 encuentros B2B. Pero las cifras de una misión no dicen todavía si se ha construido una relación. La verdadera medida estará en lo que ocurra después: contratos, proyectos, inversiones, alianzas y presencia continuada.

Ha sido la primera gran misión de sistema después de la puesta en marcha del Acuerdo UE-MERCOSUR. La etapas fueron las siguientes: Buenos Aires, Argentina (7–8 septiembre); San Paolo, Brasil (9–10 septiembre); Brasilia, Brasil (11 septiembre).

Los sectores involucrados fueron: Agroalimentario, farmacéutico/medico, transición energética e infraestructuras sostenibles, maquinarias para la  industria, ingeniería de plantas y tecnologías digitales. 

Italia no descubre América Latina por primera vez. Vuelve a ella.

Lo hace pendularmente, esta vez lo hace en un momento particularmente significativo: la entrada provisional en vigor del Acuerdo UE-Mercosur que abre un nuevo marco comercial, mientras Europa busca diversificar mercados, cadenas de suministro, fuentes de energía y acceso a materias primas estratégicas. Se debe hacer presente que el Acuerdo ha sido querido fuertemente por la presidenta Giorgia Meloni, el voto italiano para la aprobación de este Acuerd fue determinante. Para Italia, la acción tiene una dimensión propia: el Gobierno ha situado el aumento de las exportaciones en el centro de su política económica exterior y Mercosur aparece como uno de los mercados donde esa estrategia puede desarrollarse.

Si los resultados han sido una demostración de gran interés, no son todavía resultados industriales. Lo verdaderamente interesante inicia  precisamente después de la misión.

Tajani: una expectativa clara

Antonio Tajani encuadró la misión desde la política económica exterior: hacer crecer las exportaciones italianas y convertir la apertura de Mercosur en nuevas oportunidades para las empresas italianas.

Es un objetivo perfectamente reconocible. Italia quiere ampliar mercados y ha fijado una meta de 700.000 millones de euros de exportaciones. Brasil es ya el principal destino de las exportaciones italianas dentro de Mercosur y el principal socio comercial de Italia en Sudamérica. En 2025 el intercambio Italia-Mercosur alcanzó 14.700 millones de euros, según el Ministerio de Exteriores italiano. Explica, claramente, Tajani la razón de la Misión, el para qué. Donde la misión debe abrir puertas.

 

Orsini: la misión se convierte en una pregunta sobre Europa

El origen de la Misión surgió el 23 de abril, luego del encuentro de Orsini con los cuatro presidentes de las Confindustrias del Mercosur. Una misión compuesta por grandes empresas y, sobre todo, tantas PME.

En sus palabras, Mercosur no aparece solamente como un mercado donde colocar productos italianos. Aparecen la energía, el coste de producir, las materias primas, la tecnología, la competencia china, la inversión, la deslocalización y la necesidad de recuperar capacidad industrial europea. Ante la pregunta sobre el reciente yacimiento de petróleo descubierto por PetroBras sobre la posibilidad de incluir recursos de Bolivia y exportarlos por el puerto de San Paolo. Orsini señala que necesitan diversificar abastecedores, pero, también se pregunta ¿Por qué Europa está desfasada con respecto a lo que sucede en el resto del mundo hoy en día? Obviamente, estamos a favor del medio ambiente y de la descarbonización, pero lo que vemos es, bueno, ya mencionamos el comercio. Habrá exportaciones de petróleo, gas y litio por valor de 500 mil millones de euros. Por lo tanto, creo que Europa, para ser competitiva, tendrá que pensar de manera diferente; aún tendrá que consolidar su independencia energética, y hasta que lo haga, creo que tendremos serios problemas de competitividad. Y dentro del mercado europeo, deberíamos tener un mercado energético europeo único, porque ahí es donde se fundamentará la capacidad de ser europeos en su totalidad.

Hoy, cuando pedimos deuda pública europea, no la pedimos para construir ciclovías, sino para crear unicornios europeos, porque, en cualquier caso, aún no somos competitivos con las nuevas industrias de otros continentes. Me refiero a la inteligencia artificial, a los humanoides, para poder estar presentes incluso como satélites.

Sí, hoy necesitamos construir esa Europa, que aún necesita dar  respuestas.

Ante la presencia China en Mercosur y su agresividad, le preguntan ¿los italianos deben hacer como los chinos: invertir e innovar. Pero, ¿cómo lo hacemos en la práctica?

Orsini sostiene que tanto en Argentina como en Brasil, están preocupados por los negocios y la competitividad, ante los productos chinos. A lo cual señala, «Imagínense lo preocupados que están, dado el costo mucho menor de nuestro trabajo. Brasil ya está preocupado por eso. No lo vimos venir.»

Su preocupación no es solamente cómo vender más, sino cómo volver a producir y competir en condiciones sostenibles en la UE. Y aquí aparece una de las cuestiones más interesantes de la misión.

Agrega Orsini, «con razón pusimos el Pacto Verde, la neutralidad, digamos la descarbonización, en el centro. No hemos puesto la palabra clave, la neutralidad tecnológica, en el centro. Hemos delegado tecnologías a China; estamos destruyendo la industria europea al deslocalizar.

Hoy vemos lo que está sucediendo aquí con el litio.

¿Qué debería hacer Europa? Debería hacer lo que hicieron los chinos: venir, contraer deuda pública también aquí para invertir en litio, porque actualmente el litio tiene un monopolio. China compró yacimientos; mejor dicho, los compra y los mantiene inactivos, para poder producir y ser líder mundial.»

Brasil y Argentina no son solamente mercados potenciales. Son también territorios donde se encuentran energía, recursos naturales, capacidades industriales y mercados de gran dimensión.

La referencia a Vaca Muerta resulta especialmente significativa. La delegación italiana visitó estructuras vinculadas al sector energético y empresas italianas con una presencia histórica en Argentina. En este punto aparece una diferencia fundamental entre llegar a un mercado y haber construido una presencia en él durante décadas.

Es una diferencia que conviene tener presente cuando se habla de la nueva relación entre Italia y América Latina.

Porque Italia ya está allí. La pregunta es qué quiere construir ahora.

Zoppas: entrar en el mercado y proteger lo construido

Matteo Zoppas, desde ICE, devuelve el análisis a la empresa.

Su lenguaje es más directamente operativo: encontrar interlocutores, preparar a las empresas, identificar compradores, superar barreras administrativas y regulatorias y utilizar el llamado Sistema Paese —ICE, Confindustria, SACE, SIMEST, CDP y las instituciones diplomáticas— para facilitar la entrada de las empresas italianas.

Pero introduce también otro elemento: la identidad productiva italiana.

No basta con que existan millones de descendientes de italianos en Brasil y Argentina para que un producto sea italiano. La afinidad cultural puede facilitar una relación; no sustituye el origen, la calidad, la certificación ni el trabajo acumulado detrás de una marca.

Aquí entran las denominaciones de origen y la defensa del patrimonio construido por generaciones, como el es el caso del Parmiggiano que en Brasil y Argentina encuentra muchos nombre de fantasía

La identidad puede viajar con las personas.
La denominación de origen no.

Es una distinción aparentemente sencilla, pero económicamente muy importante. Italia no está intentando solamente vender mercancías: está intentando proteger y monetizar un patrimonio productivo construido durante décadas. A su vez se compensa con la creciente demanda de vinos italianos que no llegan a cubrirla. Se destaca el exploit que tuvo el Vinitaly de la temporada 2026 gracias a la inauguración de la presidenta Meloni, lo cual implicó un aumento en el consumo interno.

Cimmino: de la oportunidad al trabajo de largo plazo

Barbara Cimmino, Vice Presidente per l’Export e l’Attrazione degli Investimenti, su planteamiento es explícito: después de una fase política y preparatoria, hay que entrar en una fase operativa. Y esa fase no consiste únicamente en enviar más contenedores de productos italianos.

Habla de alianzas con empresas locales, joint ventures, inversiones, cadenas de valor, tecnología y competencias. Insiste en que las empresas deben prepararse antes de llegar al mercado, analizar los datos, utilizar las asociaciones y las estructuras de apoyo y, posteriormente, volver al país con continuidad.

Es una metodología muy distinta de la de una misión comercial aislada.

La propia Confindustria había preparado durante meses el viaje, con seminarios sectoriales dirigidos especialmente a las pymes antes de la misión. Cimmino introduce además una palabra decisiva: complementariedad.

Italia aporta capacidad manufacturera, tecnología y conocimiento industrial; Brasil posee recursos, materias primas y capacidades propias que pueden integrarse en nuevas cadenas de valor.

Y aquí aparece el verdadero horizonte temporal: no meses, sino décadas.

Su conclusión es, probablemente, el mejor criterio para evaluar lo ocurrido:

el potencial debe convertirse en contratos y nuevos proyectos.

Ahí comienza la verdadera prueba. Una misión no termina cuando el avión regresa. Más de 2.600 encuentros B2B significan más de 2.600 posibilidades de contacto. No significan 2.600 negocios. Esta diferencia es fundamental.

Una misión puede ser un éxito diplomático, institucional y comercial y, al mismo tiempo, necesitar años para producir una relación industrial. La propia Confindustria presentó el cierre de la misión señalando que ya existía una agenda de trabajo para los meses siguientes y que el momento era el de “construir algo”.

Por eso, la verdadera pregunta no es cuántas reuniones se celebraron.

Es: ¿cuántas relaciones continúan? ¿Dónde aparecerán las inversiones?
¿Dónde habrá proveedores locales? ¿Dónde se producirán transferencias tecnológicas? ¿Dónde surgirán alianzas industriales? ¿Dónde se formarán trabajadores? ¿Dónde se instalará una empresa italiana y permanecerá?

Ahí es donde la palabra construir adquiere un significado concreto.

Y después de Mercosur, Perú y Chile

El movimiento italiano no terminó en Brasilia.

Entre el 5 y el 9 de octubre, ICE y el Ministerio de Exteriores llevaron a cabo una misión empresarial a Perú y Chile encabezada por la subsecretaria de Relaciones Exteriores Maria Tripodi. El programa incluyó reuniones institucionales, visitas empresariales, business forums y encuentros B2B, con el objetivo declarado de favorecer oportunidades comerciales, industriales y de inversión.

En Lima se celebró el primer Business Forum Italia-Perú.

Tripodi señaló como sectores prioritarios la energía, minería y agricultura, mientras que identificó infraestructura y transporte como áreas capaces de producir un salto cualitativo en la relación bilateral y la cooperación científica y tecnológica como otro ámbito de desarrollo.

Los datos comerciales son positivos: el intercambio Italia-Perú alcanzó 1.690 millones de euros en 2025, un 19% más que en 2024, y llegó a 922 millones en el primer semestre de 2026, un 10,2% más interanual.

Pero aquí conviene aplicar exactamente el mismo criterio utilizado para Mercosur: crecimiento del comercio no equivale automáticamente a construcción industrial.

Será necesario seguir qué ocurre con los proyectos anunciados, las empresas participantes y las inversiones.

Y es precisamente en este punto donde Perú puede convertirse en un caso particularmente interesante para observar.

No porque debamos anticipar un juicio sobre Petroperú o sobre el país, sino porque los recursos estratégicos solo adquieren verdadero valor industrial cuando existen también empresas, capital, tecnología, gobernanza, proveedores, competencias y continuidad capaces de desarrollarlos.

La misión nos permitirá comprobarlo.

Y la historia continúa: la moda vuelve a São Paulo

Hay una última señal que resulta reveladora.

La misión de septiembre no es presentada como un episodio aislado. ICE ya ha programado para el 26–30 de octubre de 2026 una misión exploratoria y comercial del sistema moda italiano en São Paulo, junto con Confindustria Moda, Confindustria Accessori Moda, Assocalzaturifici y Assopellettieri.

El objetivo vuelve a ser muy concreto: conocer las oportunidades del mercado brasileño y evaluar posibilidades de entrada para empresas italianas de confección, piel, marroquinería, calzado y accesorios.