Pese a los avances registrados en los últimos años, uno de los mayores retos a la legitimidad y vigencia de la democracia en las Américas son las desigualdades sociales y los ataques a la igualdad de derechos de las mujeres que debilitan la institucionalidad de los Estados – aún no existe un país que haya superado la brecha entre los derechos formales de las mujeres y su aplicación en la realidad.

A nivel internacional y regional, mujeres auto convocadas en toda su diversidad, llaman en el Día Internacional de la Mujer a un Paro Internacional de Mujeres, como respuesta a la violencia, desigualdad y discriminación que experimentan alrededor del mundo.

La huelga feminista será una movilización de carácter social que tendrá lugar el próximo jueves 8 de marzo, bajo un lema en común: “si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, y que reivindica la necesidad de promover cambios para conseguir la igualdad real de las mujeres y los hombres. Es de carácter social porque además de paros laborales incluye huelga de los cuidados y del consumo.

El movimiento tiene la intención de visibilizar la importancia de la mujer en todos los ámbitos, por ejemplo, en el trabajo que realizan dentro y fuera del hogar, que normalmente no es reconocido o es impuesto como un rol de género, y las consecuencias que estas asignaciones tienen en sus vidas.

Se espera que el Paro convoque a mujeres de más de 51 países. En América Latina están previstas movilizaciones en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Surinam, Uruguay y Venezuela.

Desde la Comisión Interamericana de Mujeres apoyamos y alentamos a las mujeres de las Américas y del mundo entero a unir su voz a este clamor, y también hacemos un llamado a la sociedad en general y particularmente a los Estados, a sumarse efectivamente al cambio social que implica el paro, con políticas públicas pensadas con perspectiva de género y orientadas a concretar una igualdad real entre hombres y mujeres tanto en el ámbito público como en el privado, con la convicción de que la agenda de la igualdad de género es hoy parte central de lo bueno en el mundo y el mejor camino para el desarrollo de las naciones.

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