La Corte de Justicia de Bruselas fue construida por el arquitecto belga Joseph Poelaert, quien también construyó la iglesia Sainte Cathérine en 1854, el Teatro Royal de la Monnaie en 1856, la iglesia de Nuestra Señora de Laeken en 1872 y su obra más importante, el Palacio de Justicia de Bruselas en 1879 aunque su inició se remonta a 1844. Las construcciones, las grandes construcciones, son una florida actividad belga, se derriba, se construye, se refacciona, es lo más habitual en la capital europea, hasta la fecha, es así. Las grandes obras, son aquellas que requieren tantos capitales.
Desde siempre, ante los escasos recursos naturales europeos, éstos han sido buscados, encontrados, explotados fuera de su territorio, los cuales han enriquecido a los colonizadores, doblegando a los colonizados. Se requería embellecer las lindas ciudades europeos, los africanos de Congo, Ruanda y Burúndi nada conocían del excelente vivir del reinado belga, solo debían ofrecer respeto.
Sin embargo, Bélgica desde hace más de cuarenta años quiere esclarecer ese pasado colonial, también lo ha intentado Australia y Canadá. ¿Querrán eliminar un karma o hacer justicia ante ellos mismos, mejorarse como personas y crecer espiritualmente?
Bélgica creó un Grupo de Expertos, iniciaron sus trabajos el 4 de agosto de 2020. Se estructuró en torno a reuniones semanales dentro del grupo y consultas individuales y colectivas con representantes de asociaciones de la diáspora, así como especialistas, académicos o profesionales, residentes en Bélgica y en el extranjero. Tenían el encargo de examinar el Estado Libre del Congo y el pasado colonial de Bélgica en el Congo, Ruanda y Burundi, sus consecuencias. Hicieron parte Zana Etambala, Gillian Mathys, Elikia Mbokolo, Anne Wetsi Mpoma, Mgr Jean-Louis Nahimana, Pierre-Luc Plasman, Valérie Rosoux, Martien Schotsmans, Laure Uwase y Sarah Van Beurden. Expertos multidisciplinarios con visiones diferentes, sin conocerse tenían el objetivo de definir el camino hacia una descolonización creativa, innovadora y eficaz.
Establecer esta “Comisión Especial” en el Congreso belga es parte de esta perspectiva de justicia transicional. Su valor se encuentra en ser “la primera iniciativa de una ex metrópolis de enfrentarse a todo su pasado colonial y cuestionar explícitamente los vínculos entre colonialismo y racismo”. Compuesta por políticos elegidos representantes de la sociedad con algún riesgo que sus intereses políticos interfieran con la “independencia y la distancia necesaria para llevar a cabo el mandato inicial”.
Se inició con el análisis histórico, acompañado de testimonios, abrir perspectivas y brindar “algunas herramientas útiles para promover la construcción de una sociedad justa, en la que todos y cada uno puedan desarrollarse plenamente, así como el desarrollo de relaciones internacionales más justas”, con el objetivo superior de “aclarar lo que hay que aclarar, crear vínculos y avanzar”.
Dos años y medio han pasado, se han elaborado 128 recomendaciones, 120 consensuadas, sin voto político, que van desde la historia, la educación y la investigación, la lucha contra la discriminación y el sensible tema de las disculpas y las reparaciones.
“La Sala pide disculpas a los pueblos congoleño, ruandés y burundés por la dominación y explotación colonial, la violencia y las atrocidades, las violaciones individuales y colectivas de los derechos humanos durante este período, así como el racismo y la discriminación que las acompañó”, solicita al “poder ejecutivo que tome medidas similares sobre el plan de reparaciones simbólicas”, agrega “Este reconocimiento del papel de Bélgica es sincero y necesario. Sin embargo, no implica ninguna responsabilidad legal y, por lo tanto, no puede dar lugar a una compensación económica».
En ocho puntos analizan la discriminación, la segregación por color de piel, por origen, por educación, por cultura y otros. La mujer negra vista como objeto sexual. El punto siete se ocupa de las empresas que se lucraban con la explotación de los recursos naturales y sometían a la población congoleña a trabajos forzados. Así como la deuda colonial. El punto nueve se ocupa de producir efectos calmantes simbólica y concretamente, así como, los requisitos previos: reconocimiento, apertura al diálogo, escucha activa. Consideran cinco puntos que deben ser considerados como rembolso cuando se habla de deuda: la renta por la ocupación de la tierra, el reintegro de los objetos sustraídos, el salario por trabajos forzados, la reparación de los perjuicios sufridos a nivel colectivo por los antiguos pueblos colonizados, así como, el interés por la deuda que aún hoy sigue sin pagar.
Si bien se tomó conciencia de la situación pasada, presente y futura, no se concretizó la reparación propuesta: constituir un fondo voluntario por el gobierno, la Iglesia y las empresas que se enriquecieron durante el período colonial, una cifra de 100 millones de euros anuales, durante un período de 30 años. Fue rechazada.
En junio 2022, el Rey Felipe llegó al Congo, pidió disculpas, el Papa Francisco renunció a su visita por el dolor a la rodilla, pero, no lo reprogramó, aunque, sigue viajando.
En otra latitud, en Perú, se ha implantado perversas modalidades de gobernar, actitudes divisorias, gran desigualdad, enriquecimiento ilícito. Seguimos en la época Virreinal. Más que interlocutor frente a la Unión europea ganando créditos, a la luz de nuestros graves problemas de división social, España podría actuar una acción de “toma de conciencia” ante la población peruana que aún evoca el abandono provocado por su colonización que derivó en múltiples injusticias.
La empresa REPSOL, nos confirma la continuidad de la prepotencia española y su carencia de empatía hacia los peruanos, no respeta al Perú, su silencio señala malos manejos. El Gobierno español, interviene rápidamente si alguna de sus empresas multinacionales o sus inversiones son afectadas en el extranjero ¿Por qué no interviene cuando esas empresas generan daños irreparables? Con este comportamiento ¿debe España ser el auto-nombrado interlocutor Latinoamérica ante la Unión europea, de Perú?
Es evidente, que el gobierno virreinal español es el único modelo anclado en las raíces culturales peruanas: robo, lucro, abuso, expoliación de recursos. Los presidentes peruanos elegidos en los últimos 20 años así han actuado. Es que ¿no es necesario un proceso político a estos mandatarios por el daño causado al país al desatender la educación y la salud de la población infantil y juvenil privando al país de un futuro de provecho? Esto actos, también simbólicos, es verdad, no resolverá nuestros males, pero, serían dos pasos para una toma de conciencia camino a una reconciliación del país.
El Palacio de Justicia del Perú es una copia del Palais de Justice a Bruxelles ¿nos inspiramos?







