En el día del patrono de los peluqueros italianos, San Martín de Porres

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En la Sala Clementina, este Lunedì, 29 aprile 2019, Papa Francisco recibió a los Peluqueros del Comité San Martín de Porres. Les dirigió el siguiente discurso:

Queridos hermanos y hermanas,

Al aprovechar el día habitual de descanso de su categoría, ha organizado una peregrinación a Roma para detenerse en las tumbas de los apóstoles y encontrarse con el Sucesor de Pedro. Le doy la bienvenida con un cordial saludo y les agradezco a cada uno de ustedes, en particular a su coordinador, quien presentó la reunión. Usted representa a los peluqueros, peluqueros y esteticistas reunidos en el Comité de San Martino de ’Porres, presente en muchas regiones italianas.

Esta peregrinación es un signo de la importancia que atribuye a la fe cristiana, así como de la dimensión religiosa que caracteriza a su asociación. Ya se puede ver por el hecho de que lleva el nombre de un santo, el peruano Martín de Porres. Él, siendo mestizo, fue aceptado en la Orden de los Padres Dominicos solo como terciario y luego como hermano cooperador. Aceptó esta condición, viviendo una existencia de máxima humildad, irradiada por el amor. Se dedicó a los pobres, a los enfermos, a reservar su atención médica, gracias a las nociones que aprendió primero en una farmacia y luego como estudiante de un cirujano de peluquería, según la costumbre de ese tiempo.

La humilde y gran figura de San Martín de Porres, a quien el Papa San Pablo VI, en 1966, proclamó patrón de su categoría, lo ayuda a ser testigo constante de los valores cristianos. Por encima de todo, lo alienta a practicar su profesión con un estilo cristiano, tratando a los clientes con amabilidad y cortesía, y ofreciéndoles siempre una palabra buena y alentadora, evitando ceder a la tentación de las conversaciones que fácilmente se deslizan en su entorno laboral. todos lo sabemos Cada uno de ustedes, en el desempeño de su trabajo profesional típico, siempre puede actuar con rectitud, contribuyendo así positivamente al bien común de la sociedad.

Acompaño estas esperanzas invocando los dones del Espíritu Santo en cada uno de ustedes y en su Asociación, así como en sus colaboradores y miembros de la familia. Te pido que ores por mí y ahora te doy la bendición apostólica.

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