Este año los problemas de  gobernanza y corrupción institucional, que enfrentan varios países de América Latina, se encuentran en el centro del debate Mundial. El Foro Económico Internacional sobre América Latina y el Caribe, que se celebró en Paris el pasado 28 de mayo, fue la ocasión para que Delia Ferreira Rubio, presidenta de Transparencia Internacional (la principal ONG de lucha contra la corrupción a nivel Mundial), transmitiera los análisis realizados por esta organización y las recomendaciones que deben seguir los Gobiernos,  para lograr frenar la corrupción creciente en la región.

El Rating de la corrupción Mundial

En la clasificación anual que realiza Transparencia Internacional, donde da una posición y un puntaje a 180 países  de acuerdo a sus niveles percibidos de corrupción en el sector público. Entre los países de América Latina que mejor salieron este año se encuentra: Uruguay, que quedó en la posición 21 de la clasificación general, Chile en la 24, seguido de Costa Rica la 41, Cuba la 60, Brasil la 79, y Panamá la 87. Por el contrario, los que cierran la tabla latinoamericana son: Venezuela en la posición  166, Haití la 159, Guatemala la 136 y Paraguay, México y Honduras, compartiendo la posición 123. En medio quedan Argentina con la posición 85, El Salvador la 95, Colombia la 96, Perú la 101, Bolivia la 113, República Dominicana y Ecuador comparte la posición 120.

Este año Argentina mejoró en el ranking, subió del puesto 95 al 85, sin embargo a pesar de las mejoras que ha realizado en sus políticas públicas y en la transparencia de sus instituciones, el país aún se encuentra en la lista “roja”, donde figuran los países percibidos como altamente corruptos. El panorama en Colombia no es más alentador, ya que cayó 6 puntos à comparación del 2016. Transparencia Internacional  lanzó una advertencia al Gobierno colombiano, ya que tiene dudas de que lleve a cabo de forma real, las medidas que le recomienda seguir para luchar contra la corrupción. 

Entrevista

Nuestro medio entrevistó de forma exclusiva a la presidenta de Transparencia Internacional, Delia Ferreira Rubio.

Periodista: Señora Ferreira ¿qué expectativas le ha generado su intervención en este Foro Económico?

Delia Ferreira: Es la primera vez que vengo a este evento, el tema que se está discutiendo  este año es que haya sociedades más abiertas, justas y prosperas, este concepto es el mismo que he venido tratando en las diferentes conferencias en las que he participado; mis expectativas están puestas en combatir la corrupción institucional, para ello es necesario hacer respetar las reglas que ya están en las constituciones de cada país, de forma que se transformen en acciones.

Periodista: ¿Cree usted que la forma de encarar los problemas de corrupción institucional ha evolucionado estos últimos 10 años? ¿Hemos perdido el miedo a encarar este problema de forma directa?

D.F: Opino que ahora se está lidiando con el problema de la corrupción de forma diferente, se ha visto que no basta con crear nuevas leyes e instituciones, ya que si no se les garantiza  la independencia necesaria, para que cumplan su función,  y si no se les atribuye recursos para que puedan ser efectivas, se convierten en un mero discurso. En nuestra región escuchamos mucho que los dirigentes están comprometidos con la lucha contra la corrupción; me parece que ellos tienen en claro lo que es la corrupción, pero no tienen tan claro lo que es el compromiso. Nosotros, Transparencia Internacional, estamos trabajando en muchos países, entre ellos Colombia.

Señora Ferreira, en el Foro, el Ministro de Economía Francés, Bruno Le Maire,  dijo que para superar la desconfianza creciente que existe de parte de los ciudadanos hacia sus Gobiernos,  habría que reinterpretar El contrato social ¿Cree usted que es necesario refundar un nuevo concepto democrático, para superar los problemas institucionales?

D.F: Creo que cuando se habla de contrato social, se habla de algo más básico, no creo que debamos tomarlo literalmente y buscar una nueva interpretación a Rousseau. Lo que se está en juego es la representación, ya que en mucho países del mundo y en nuestra región en particular, la confianza entre los ciudadanos y sus representantes está quebrada, los consensos básicos de la sociedad, no existen más, eso hace que se interprete,  lo que es correcto como incorrecto, esta confusión en los valores está muy ligada a la corrupción, cuando se normaliza la corrupción, los ciudadanos dicen “Los votamos, igual van a robar, pero algo hacen”; los funcionarios por su parte piensan que porque han sido electos, es el momento de aprovecharse del Estado. Cuando uno habla de transparencia, habla de la calidad de la democracia, de la representación y ahora la pregunta clave es ¿a quién representan los representantes? ¿A los ciudadanos que los votaron o los que financiaron sus campañas?

Periodista: ¿Qué opina usted  de que el tema de la corrupción institucional, sea tratado de forma frontal y directa en un Foro Económico?

D.F: Yo pienso que el sector privado ha comprendido que les conviene las sociedades más transparentes, con instituciones sólidas, con Estado de derecho, porque así se garantiza la libre competencia y los mercados se abren realmente, a su vez que se permite el consumo y las posibilidades de invertir con seguridad. Nadie quiere invertir en un país corrupto, porque no existen garantías para las inversiones, si el Estado cambia las reglas de la noche a la mañana y si los jueces no son independientes, ¿quién va defender los derechos de esos inversores?  ¿Quién va defender la libertad de comercio y la libre competencia?

Periodista: ¿Cree usted que lograremos una sociedad más inclusiva y con menos corrupción institucional, debido a que le conviene a la economía global?

D.F: Pienso que es posible y en este caso el móvil económico es positivo, ya que el resultado que puede provocar, es el que todos deseamos, una sociedad más justa  e instituciones más reglamentadas.  Yo siempre digo, la corrupción es como el tango, se necesitan dos para bailar y cuando uno dice no, ¡no baila ninguno! Entonces eso es lo que debemos construir, que haya una lucha frontal, también desde el sector privado, porque si ese sector acepta la corrupción, como una regla del juego que se impone en algunos países, ellos agravan el problema que tenemos los que luchamos contra la corrupción. 

Considero que ahora es el momento adecuado para poner los cimientos y crear una sociedad más inclusiva, que oriente las políticas al bien común, que  involucre a los ciudadanos en la toma de decisiones, porque si no estamos simplemente creando la escenografía de una democracia participativa, cuando en realidad nadie escucha. Todos los ciudadanos tienen que estar muy atentos, ya que  la corrupción afecta directamente la economía de un país y las posibilidades de desarrollo; lo que impacta en la vida de todas las personas sin distinción.

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