La Ultraderecha irrumpe en Brasil

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El auge de las políticas ultraderechista, de sus partidos y movimientos políticos, no es tan solo patrimonio de los países europeos. En donde, incluso en algunos de la Unión Europea son gobierno o, participan como fuerzas políticas en alianzas con los partidos conservadores o de centro derecha en diferentes gobiernos. La irrupción ultranacionalista, grado Tsunami tropical, ha alcanzado recientemente al país continente de América Latina y el Caribe, Brasil. La nación, décima economía mundial ha saltado a las palestra pública internacional con los recientes resultados presidenciales, de un outsider, parlamentario de discreto desempeño en la cámara, el ex militar, Jair Bolsonaro.

Este domingo 7 de octubre se llevó a cabo la primera vuelta de la elección presidencial y parlamentaria en Brasil. Al igual que en otras ocasiones, como el caso del Brexit inglés, el plebiscito colombiano sobre el proceso de paz, los pronósticos sobre la elección en los EEUU, Trump-Clinton -por nombrar algunos.-, en el caso brasileño, nuevamente, las encuestas nada tuvieron que ver con los resultados electorales. De los 13 candidatos presidenciales, previo a la elección, eran 5 los que, según los sondeos de opinión disputarían el paso balotage del 28 de octubre. Los porcentajes que le entregaban al favorito, Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal (PSL); a Fernando Hadadd del Partido de los Trabajadores (PT) y del Partido Comunista del Brasil (PCdB); a Ciro Gómez del Partido Democrático Laborista (PDT); a Marina Silva de la Red Sustentabilidad (REDE); a Gerardo Alckmin del Partido Social Demócrata del Brasil (PSDB), estuvieron extremadamente errados.   Tan solo poner un ejemplo, encuestas del día previo a la elección del 7: Bolsonaro 36%, Haddad 22%, Datafolha; Vox Populi/Brasil 24%, Bolsonaro 34%, Haddad 27%; CNT/MDA, Bolsonaro 37,5%, Haddad 24%. 

Sin embargo, la realidad electoral fue otra y, nos remitimos a los dos candidatos que pasan a la segunda vuelta: el líder ultranacionalista, Bolsonaro alcanza el 46% de los votos y su contendor, Fernando Haddad logra el 29,3% de la votación. Esta votación de la primera vuelta se da en un escenario electoral signado por: la judicialización de la política (el caso de Lula en prisión y el rol del juez Moro); una importante recesión económica, una economía estancada; procesos de corrupción que involucra a una buena parte de miembros del  parlamento de ese país, de los partidos políticos y, parte del gran empresariado; un clima de inseguridad ciudadana, narcotráfico, crímenes y violencia desmedida, más de 60.000 mil muertos; una derecha política, incapaz de ser alternativa frente a esa derecha ultranacionalista y militarista de Bolsonaro; una crisis del PT -como producto de actos de corrupción que aquejan a muchos de su dirigencia, y de la izquierda brasileña; una crisis del sistema político con el consiguiente fraccionamiento de los partidos políticos existentes y; un “acentuado” rol de las fuerzas armadas y de la iglesia evangélica en la coyuntura política-electoral.

Fue un proceso eleccionario que en definitiva polarizo a la  sociedad brasileña. Los resultados mostraron, al margen de la sorpresiva votación del candidato ultraderechista Bolsonaro, el desplome de dos partidos políticos que habían sido relevantes desde la vuelta a la democracia, el PSDB, del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y el del Movimiento Democrático (MDB), del actual presidente del Brasil, Michel Temer. Pese a la enorme distancia de Bolsonaro con Haddad, de más de 17 puntos de diferencia, analistas políticos de este país, señalan que esta segunda vuelta será aún más reñida que la primera ronda. En este escenario de segunda vuelta, el candidato Haddad tendrá que tener un discurso más amplio, con el objetivo de atraer al centro político democrático, llamando a éstos, a ser parte de un bloque político que pueda enfrentar con éxito estas tendencias populistas fascistoides que giran alrededor de la candidatura de Bolsonaro. Por cierto, un dato no menor es que las mejores opciones para llegar al Palacio de Planalto, sede del ejecutivo brasileño, las tiene el candidato Bolsonaro. Pese a esto, la elección a la presidencia de este país continente, aún no está definida. El resultado de esta contienda electoral, lo verificaremos el próximo domingo 28 de octubre y, es de enorme importancia, no tan solo para la debilitada democracia brasileña –pero democracia al fin- sino también tendrá repercusiones para el conjunto de los países de América Latina.   

Finamente, se constata, que un nuevo clivaje político se inicia, no tan solo en Brasil, sino que también en otros países de la región y, es el rol de los partidos y movimientos ultranacionalista. En este nuevo escenario, América Latina y el Caribe, no podía estar ajena a estas tendencias, que hoy por hoy asedian la democracia en Europa.