Grandes preparativos en Chiclayo hoy 8 de mayo: la bandera del Vaticano izada en la plaza principal, la cual él atravesó tantas veces caminando; los tantos chiclayanos bautizados por él, aquellos unidos en matrimonio y tantos funerales. En los ocho años del Padre Prevost, o “Padrecito”, vividos junto a los chiclayanos, se construyó una relación que hoy se hace visible.
En sus cuarenta años en el Perú, su compenetración con la realidad peruana no fue circunstancial. Ocupó cargos en la Conferencia Episcopal, fue vicepresidente y participó en instancias vinculadas a la protección de menores. Su labor formativa se desarrolló en seminarios del norte del país. No es casual que parte de ese entorno formado en el norte del Perú, como el sacerdote Edgard Iván Rimaycuna Inga, hoy lo acompañe en Roma.
Si su formación humana se la debemos, en gran parte, al Perú, su formación académica no responde a un itinerario unidimensional. Su vocación se construye desde una base claramente multidisciplinaria. Se graduó en matemáticas en Villanova University, obtuvo un máster en teología en la Catholic Theological Union. En Roma se especializó en derecho canónico y obtuvo el doctorado con la tesis “El rol del prior local en la Orden de San Agustín”, en la Pontifical University of Saint Thomas Aquinas.
Su trayectoria académica configura una estructura intelectual en la que convergen lógica, teología e institucionalidad, y permite comprender el modo en que articula pensamiento, gobierno y acción pastoral. Además de recalcar que él tomó la ciudadanía peruana y su DNI está vigente. El Perú no es un episodio en su vida, sino parte de ella.
Su primer año de pontificado, iniciado el 8 de mayo, día de la Virgen de Pompeya, ha sido reflejo de sus primeras palabras en el balcón de San Pedro: “¡La paz esté con todos ustedes!”. Y luego: “Dios nos quiere, Dios los ama a todos, y el mal no prevalecerá. Estamos todos en las manos de Dios. Por lo tanto, sin miedo, unidos, tomados de la mano con Dios y entre nosotros, sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para ser alcanzada por Dios y por su amor…”.
El 4 de octubre de 2025, el Papa León XIV publicó la exhortación apostólica Dilexi te. Recoge la herencia de Papa Francisco, quien, tras Dilexit nos, preparaba un texto sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres, y Papa León XIV la continuó, manteniendo la fuerte conexión entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres.
Un acercamiento que no es beneficencia, sino revelación: en los pobres, como señala Dilexi te, Él mismo tiene algo que decirnos.
El pobre, nos lo presenta como los «numerosos rostros de los pobres y de la pobreza» porque se trata de un fenómeno variado; en efecto, existen muchas formas de pobreza: «aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad.»
Para ello, Papa León XIV nos propone asociar al compromiso con los pobres «un cambio de mentalidad» capaz de incidir en una transformación cultural. Una cultura que, muchas veces sin advertirlo, descarta a los demás y tolera con indiferencia que millones de personas vivan o mueran en condiciones indignas. Su atención primigenia la enfoca en las mujeres las cuales son “doblemente pobres” por las situaciones de “exclusión, maltrato y violencia”, así como “con menores posibilidades de defender sus derechos”, remarcando que aunque se observan cambios, estamos aún muy lejos de reflejar “que las mujeres tiene exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones”, considerando que las afirmaciones verbales no corresponden “a las decisiones y la realidad gritan otro mensaje”.
Advierte también sobre una idea profundamente arraigada, tal vez para calmar nuestras conciencias: que los pobres lo son por no haber obtenido “méritos”, y que sólo tienen mérito quienes han alcanzado éxito material. Incluso, cuando los indigentes o enfermos mendigaban, se consideraba socialmente que su condición estaba vinculada a algún “pecado personal”. Frente a ello, Jesús se opuso afirmando que Díos “hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos”.
En el segundo capítulo expone el convencimiento como verdad teológica que Dios opta por los pobres, porque la vida de Cristo en tierra fue la vida de una persona excluida, marginada, desde que estaba en el vientre de Maria, nació en un establo, sus padres fugaron a Egipto para proteger su vida, para crucificarlo lo llevaron fuera de Jerusalem “Él se presenta al mundo no sólo como Mesías pobre sino como Mesías de los pobres y para los pobres”. “ Jesús es la revelación de este privilegium pauperum.”
Por ello, Díos tiene predilección hacia los pobres. Por ello, las obras de misericordia son recomendadas “como signo de la autenticidad del culto que pretende “liberarnos del riesgo de vivir nuestra relaciones en la lógica del cálculo y del interés, para abrirnos a la gratuidad que circula entre aquellos que se aman y que, por eso, ponen todo en común.”
Por ello, las obras de misericordia no son un añadido, sino signo de autenticidad: permiten liberarnos de la lógica del cálculo y abrirnos a la gratuidad.
Señala la Carta de Santiago quien lanza dos llamados, «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: “Vayan en paz, caliéntense y coman” , y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta» prosige……. “¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo. Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza» (St 5,3-5). ¡Qué fuerza tienen estas palabras, aunque prefiramos hacernos los sordos! En la Primera Carta de san Juan encontramos una exhortación parecida: «Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios?» (1 Jn 3,17
Podría parecer abstracto, pero no lo es.
En Chiclayo, cuando llegaron los migrantes venezolanos, habló con las señoras y organizaron un comedor gratuito donde cerca de 200 personas se alimentaban cotidianamente. Hoy ese comedor sigue funcionando; la ola migratoria ha disminuido, pero alimenta aún a decenas de personas. Las señoras lo han llamado Comedor Papa León XIV.
El comedor fue inaugurado originalmente por Prevost el 19 de julio de 2019 para atender la emergencia alimentaria de los migrantes venezolanos que llegaban a la ciudad. La parte operativa recayó en la Comisión de Movilidad Humana de la Diócesis de Chiclayo, con el apoyo fundamental de voluntarios de la asociación Asovenchi (Asociación de Venezolanos en Chiclayo).

Entre las figuras clave destacan Lisbeth Díaz, docente venezolana y líder comunitaria que trabajó estrechamente con Prevost y continúa coordinando esfuerzos para que el comedor no solo brinde alimentos, sino que sea también un punto de orientación para trámites migratorios; y Mercedes “Mechita” More, voluntaria histórica de la diócesis que colaboró con el entonces obispo en la recaudación de donaciones para sostener este y otros espacios de ayuda.
Desde su elección papal en mayo de 2025, el comedor ha pasado de ser un centro de asistencia local a un punto de interés internacional. Turistas y fieles visitan el lugar para conocer la cocina donde, el ahora Papa, solía supervisar personalmente la preparación de los platos y conversar con los comensales.
La acción más concreta de Robert Prevost (actual Papa León XIV) contra la trata de personas en Chiclayo fue la creación de la Comisión de Movilidad Humana y Trata de Personas en 2017.
Creó además el Albergue “Villa San Vicente de Paúl”, fundado en la periferia de Chiclayo junto a Cáritas y la Familia Vicenciana, que ha brindado refugio y asistencia a más de 5,000 personas, principalmente mujeres migrantes y víctimas de explotación. Prevost impulsó un equipo que visitaba directamente bares y burdeles para ofrecer a las mujeres alternativas laborales y apoyo para regularizar su situación migratoria.
Financió, a través de congregaciones como las Adoratrices y las Siervas del Santísimo Sacramento, talleres de costura y cosmetología para que las sobrevivientes de trata pudieran adquirir nuevas habilidades. Asimismo, organizó jornadas de retiro específicas para trabajadoras sexuales y víctimas de trata, buscando su sanación integral y la recuperación de su dignidad.
Prevost delegó la operatividad de estas misiones en mujeres con experiencia directa: Silvia Teodolinda Vázquez, sobreviviente de trata y promotora de salud, que trabajó estrechamente con él liderando el acercamiento a mujeres en situación de prostitución; la hermana Dora Fonseca, de las Siervas del Santísimo Sacramento, con quien mantenía reuniones periódicas para supervisar la atención a víctimas; y Mercedes More, integrante activa de la Comisión de Movilidad Humana, reconocida por su sensibilidad ante la vulnerabilidad de las familias migrantes.
Aunque no se ha difundido una lista pública completa de los cargos de la curia, se destaca su tendencia a incluir laicos y mujeres en la toma de decisiones, algo que sus sucesores, como el actual obispo Edinson Farfán, señalan como el inicio de un cambio estructural hacia un rol más protagónico de la mujer en la Iglesia.
Dilexi te, entonces, no es una formulación teórica, sino la continuidad de una práctica ya vivida.








