Conmemoración del Bicentenario del Congreso Anfictiónico

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PALABRAS DE OSCAR MAURTUA DE ROMAÑA, PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL, PARA LA CONMEMORACIÓN DEL BICENTENARIO DEL CONGRESO ANFICTIÓNICO DE PANAMÁ EN EL CENTRO CULTURAL INCA GARCILASO

Lima, 26 de marzo de 2026

Excelentísimo Embajador
Hugo de Zela Martínez
Ministro de Estado
Despacho de Relaciones Exteriores

Señor Doctor
Raúl Chanamé Orbe
Presidente
Sociedad Bolivariana del Perú

Señora Doctora
Claudia Rosas Lauro
Decana de Estudios Generales Letras
Pontificia Universidad Católica del Perú

Señor Ministro
Hernando Torres-Fernández
Director del Centro Cultural Inca Garcilaso
Ministerio de Relaciones Exteriores

Señores y señoras, público en general

El motivo que nos convoca, en esta ocasión, es rememorar lo que fue una gesta histórica de diplomacia continental, un momento cumbre del panamericanismo y del multilateralismo latinoamericano. El Congreso Anfictiónico de Panamá (desarrollado entre el 22 de junio y el 15 de julio de 1826), más allá de los resultados que alcanzó y que pretendió concretar, representó el consenso de hacia donde debían virar las nacientes repúblicas de nuestra región, aquellas nóveles naciones que lucharon denodadamente por alcanzar la libertad de sus pueblos, y que avizoraron un futuro compartido; un horizonte común de fraternidad y solidaridad hemisférica.

1. Sobre el particular, quisiera compartir tres reflexiones. El Congreso Anfictiónico – que debe su nombre a la Liga Anfictiónica de la civilización griega, donde se discutían los altos asuntos públicos de las ciudades helénicas – buscó, en palabras del ilustre Excanciller Raúl Porras, establecer “un ideal de solidaridad defensiva para la guerra contra España y establecer una confederación moral para la paz y la democracia”. Si bien su convocatoria se gestó días antes de la victoria en las pampas de Ayacucho (un 07 de diciembre de 1824), su génesis ontológica data de varios años atrás.

2La idea de convocar a una Asamblea que incentivase la unión sudamericana, proviene del pensamiento de precursores como Vizcardo y Guzmán, Francisco de Miranda, Manuel Belgrano; e incluso, se remonta al firme convencimiento de grandes Libertadores como San Martín, Bernardo O’Higgins, José Antonio de Sucre, Francisco Morazán, entre otros, quienes reconocieron que la emancipación no estaría completa si no finiquitaba con la plena unión de aquellas naciones liberadas, soberanas e igualitarias. Por cierto, también inspiraron pensadores norteamericanos de la jerarquía de Thomas Jefferson (autor principal de la Declaración de Independencia y ferviente defensor de la libertad individual como del derecho a la autodeterminación) o Thomas Paine con su obra “Sentido Común” (Common sense ).

Evoquemos la influencia de Immanuel Kant en la vida de Bolívar y su familiaridad con “La Paz Perpetua” del filósofo alemán, y su aprecio por Alexander Von Humboldt, a quien el libertador se refirió como el “descubridor científico del Nuevo Mundo”.

El Congreso Anfictiónico de Panamá se presenta así como un intento colectivo por crear un sistema multilateral de soberanías libres, comprometidas con la paz regional y con la 3defensa de los pueblos ante las amenazas externas. No debemos perder de vista que aquel contexto estaba signado por los conflictos bélicos europeos, cuyas consecuencias y efectos se dejaban sentir en la América emancipada. El sistema internacional era testigo de la caída de Napoleón y del fortalecimiento de la Santa Alianza (con Prusia, Rusia y Austria como defensoras del sistema monárquico y el conservadurismo político); así como del creciente ascenso del Imperio británico, que se consolidaba cada vez más como la potencia militar y económica a nivel global.

La preocupación de las naciones americanas – dotadas de innumerables materias primas y nuevos mercados – de sucumbir ante los intereses de las potencias europeas, las convenció de que el único camino para la defensa, así como para la grandeza continental, era a través – exclusivamente – de un esfuerzo mancomunado, estabilizándose en la democracia y en la búsqueda de institucionalidad.

2. Dicho esto, hubo en Bolívar un genuino interés por establecer un sistema político autónomo en América. Dicha visión no subyace únicamente en elementos políticos, antes bien, es posible ubicarlos en sus cartas referidas a la identidad latinoamericana. Por ejemplo, en su famosa Carta de Jamaica 4escrita en 1815, deja expresa su preocupación en torno a los posibles conflictos que devendrían en la región si cada nación optase por tomar caminos divergentes. Cito:
“Yo considero el estado actual de la América como cuando desplomado el Imperio Romano, donde cada desmembración formó un sistema político, conforme a sus intereses y situación, siguiendo más la ambición particular de algunos jefes, familiares o corporaciones (…). Mas nosotros, que apenas conservamos vestigios de lo que en otro tiempo fue, y que por otra parte no somos ni indios ni europeos, sino una especie media (…) nos hallamos en el caso más extraordinario y complicado” (Bolívar, 1815). Es evidente que Bolívar estaba convencido de que el proyecto americanista no debía trasladar modelos extranjeros, antes bien, debía forjarse y construirse a partir de nuestras propias necesidades, recursos y capacidades. Sobre el particular, el destacado jurista e historiador, Raúl Chanamé, calificó a Bolívar como un “buen racionalista”, producto de su análisis que va desde lo concreto (territorio, demografía, materias primas, etc.) hacia lo abstracto (identidad nacional, régimen político, orden constitucional, entre otros.). Dichas variables lo llevaron a contrastar que Sudamérica es un territorio más grande que el 5europeo occidental, con amplias zonas inexploradas y con cuidades y puertos pujantes; por tanto, el proyecto supranacional americano debía responder a tales condiciones. Aunado a ello, en torno al régimen político ideal que debía regir en la gran nación americana, Bolívar se mostró cauto y sensato en todo momento. Primero, reconoció las carencias de la República y las limitaciones de la Monarquía, por lo cual, señaló que la unión regional debía basarse en la pluralidad de regímenes políticos (sean estos unitarios, federales, republicanos o monárquicos), a fin de no sucumbir antes supuestos regímenes perfectos.

Analizó los dos grandes modelos liberales (la Monarquía Constitucional inglesa y la República Presidencial estadounidense) y concluyó que “una monarquía no será fácil de consolidar; y una gran República, imposible”. Así pues, utiliza la categoría Estado-Continental como una contribución al pensamiento político latinoamericano autónomo, luego de una “revisión de las tesis de Montesquieu y la reinvención de las tesis de Polibio en América”. Con esta base, esboza su propuesta de la unidad continental plasmada en el Congreso Anfictiónico; y la elección de Panamá, entre otros aspectos, se deja entrever en su 6célebre frase: “¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto fue para los griegos!”.

Así pues, el panamericanismo – al que contribuyó tan significativamente también el brillante internacionalista estadounidense James Brown, creando el Instituto Americano de Derecho Internacional, promotor, precisamente, de que surgieran las demás Sociedades de Derecho Internacional, dentro de ellas nuestra centenaria SPDI – se mantiene vigente, lo que quiere decir que nuestras alianzas, empatías y amistad se remontan a muchas  décadas. Son, pues, más que centenarias y permanentes.

3. Finalmente, quisiera relievar que el referido Congreso no solo alcanzó una proyección regional en Bolívar, antes bien, implicó la formación de un ente hemisférico con la capacidad de vincularse e interrelacionarse – en un creciente contexto de interdependencia – con naciones más allá de nuestro continente. Este proyecto debía ser, según su pensamiento, la base para la paz mundial. Avizoró así un congreso de representantes de las Repúblicas, reinos e imperios de la región, con el propósito de discutir sobre los altos intereses de la paz, la guerra, la democracia y la libertad, con las naciones “de otras partes del mundo”. 7Este “utopista americano” estaba concibiendo lo que conoceríamos luego como el panamericanismo y, de cierta forma, sembrando las bases de lo que fue la Sociedad de las Naciones en 1919, y de lo que es hoy – sin duda – la Organización de los Estados Americanos (OEA) y de las Naciones Unidas (ONU). Encarna, además, el interamericanismo vigente que se expresa a través del Grupo de América Latina y El Caribe (Grulac); y que se refleja en la Comunidad Andina (CAN) y el Mercado Común del Sur (Mercosur).

Como vemos, a doscientos años de este magno suceso diplomático, el Congreso Anfictiónico de Panamá continúa siendo una fuente inagotable de inspiración, y mantiene sus ideales – de unidad, cooperación y soberanía compartida – tan vigentes como antaño. Hoy, en un contexto cada vez más fragmentado, polarizado y de crecientes desavenencias ideológicas, urge que reafirmemos nuestra voluntad integracionista, tanto en lo político, como en lo económico, social y cultural. Renovemos, pues, nuestro compromiso con el futuro, y vislumbremos un horizonte de prosperidad compartida y beneficio mutuo junto con nuestras naciones hermanas, sin panaceas, ni quimeras, pero con realismo, solidaridad y plena dignidad.

Por vuestra atención, muchas gracias.