El Movimiento Cabal y la Ceguera Política Por Martín Botero

0
1493

El 2021 finalizó tristemente tras el escándalo provocado por la trama de exclusión de la senadora MF Cabal como candidata presidencial para los comicios de mayo de 2022. Es un problema muy grave al que se le debería dar debida atención.  No se tomo la decisión más honrada y no prestar atención a ese atropello es prueba de ceguera política. Se trata de un compromiso entre los diversos intereses de política y los grupos que los detentan -un compromiso a la baja, podríamos decir- una solución igual de mala y, como tal, un importante revés para el proceso democrático y la construcción de un clima de confianza recíproca. De hecho, fuimos testigos de una parodia de elección y de una negación de la democracia. No había imaginado hasta qué punto la politiquería, la simulación y las camarillas prevalecían en el país. Esta es una clara demostración de la persecución política en su contra por la decisión de no apostarle al proceso de paz fracasado y no desfallecer en la búsqueda de la gobernanza y el estado de derecho, la ley y el orden social, el establecimiento de la justicia y la defensa de la legalidad en el país. No siempre se sabe dónde comienza la trivialización de las personas, pero todos sabemos en lo que puede acabar. No cabe duda de que su gran error fue el afán de convertir los compromisos políticos en realidades concretas, en resultados tangibles, de honrar a la Patria, de defender su soberanía y de contribuir a preservar la seguridad nacional, de convertir sueños en realidades y de reconstruir la vida y dar una esperanza a su pueblo.

Se estaría enviando así un poderoso mensaje de intolerancia a quienes – los intereses de la élite – no dudan en sacrificar su liderazgo natural y efectivo, su coherente y seria trayectoria política, buena disposición y conocimiento profundo de las necesidades de nuestro pueblo. Un mal mensaje que también se mandaría a los ciudadanos de que no prestamos atención en los asuntos importantes que los afectan y que no tratamos de encontrar soluciones factibles, contribuyendo al decepcionante 35-45 por ciento de participación del electorado. Las consecuencias para la Colombia son graves y sumamente perjudicial para la calidad del proceso de construcción del país y de seguridad para todos, lo que puede llevar a socavar la cohesión social y el aumento de las tensiones y quisiera protestar contra esta práctica pues veo en ella una consecuencia directa de esa ceguera de los políticos y de las políticas de esta última década. Se está haciendo un gran daño a Colombia, a los intereses y la libertad del pueblo sobre un determinado futuro político para su país y la democracia en su conjunto, y condicionará negativamente el resultado electoral final. Cualquier política que solo siga sus propios deseos y no reconozca el realismo de una resolución política, moderna y realista de las cuestiones pendientes, de la representación de los intereses comunes, de las poblaciones afectadas, de abordar las causas políticas subyacentes del conflicto o que no exprese sus expectativas con respecto a la sociedad es una política ciega.

Las soluciones fáciles a veces son populares, pero tienden a silenciar los efectos secundarios y las dolorosas elecciones y renuncias que muchas veces implican las políticas, y creo que es precisamente esto que plantea interrogantes a las conciencias civiles y políticas de cada uno de nosotros. A menudo da la impresión de que la politica frente a los nuevos desafíos tiene miedo de su propia sombra. Cada época ha mostrado ejemplos similares de ceguera política de una parte de las clases dirigentes, demasiado presa de sus certezas e intereses para aceptar la emergencia de una corriente irreprimible que discuta sus dogmas y su estatuto, caracterizados por la prevalencia reduccionista de un pensamiento único, lo cual resulta inaceptable. “Es conocido el caso histórico del rey de Francia, Luis XVI, que escribió en su diario personal, en la página correspondiente al 14 de julio de 1789, la mención “Nada que reseñar”.

Hoy Colombia se encuentra ante un reto similar y sabemos que, como la Historia no perdonó en el pasado, tampoco lo hace hoy. Si un partido no aplica una política correcta – liberándose de cualquier norma o principio dominante -, una política consciente, mediante un proceso de encuentro e intercambio entre el candidato, su electorado y la sociedad civil está entonces aplicando una política incorrecta, una política a ciegas y poco meditada. Una política que se embarranca en una ciega devoción por los juramentos de fidelidad y la ortodoxia con radicalismo, la adhesión ciega a los vestigios del pensamiento del pasado, que se contradice totalmente con los objetivos anunciados o que no busca un equilibrio a largo plazo en los planteamientos moderados que contemplen las realidades actuales, muy consciente de lo que la mayoría de las personas tienen en mente, mina el apoyo y destruye la confianza construida y tiende a marginar los valores de largo plazo. No creo que se debe razonar en términos de pensamiento único o de pensamientos únicos. Cuanto más poderoso se es, más deberes se tienen para con los demás y el pueblo.  Nosotros, como ciudadanos, ¿qué otra respuesta podemos dar? Creo que saberlo hacer será nuestra responsabilidad.

Creo que todos estamos de acuerdo en que el modelo actual colombiano en el que nos movemos está generando una deriva hacia modelos totalmente inaceptables y está  abocado al fracaso. Creo que debemos convencer a la sociedad civil, los responsables de la toma de decisiones, y también a los políticos de que esta línea no conduce a ninguna parte: ésta es una misión de Colombia. Si no cambiamos este planteamiento creo que no iremos muy lejos. La politica puede hacer mucho, pero quizás tienen razón aquellos que dicen que debe hacer mucha autocrítica: no solo por lo que no da en términos de comenzar a respetar más los derechos de su propio pueblo, sino por lo que no da en términos de cambio de sus políticas y el derecho a un futuro o incluso el derecho a vivir libre en la dignidad y comprender las inspiraciones legítimas de las poblaciones. Sin embargo, los políticos parecen estar a años luz de esa toma de conciencia que parecía abrirles más al mundo respecto a muchas problemáticas como la cuestión de las armas, el orden público, el despilfarro del dinero de los contribuyentes, la seguridad ciudadana y la delincuencia, la violencia y la impunidad y también la visión de la acción contra el terrorismo. Si partimos de este supuesto, se ven claramente las limitaciones existentes en el plano de la gobernabilidad nacional. Ahora bien, considero que es de justicia defender los valores y las conquistas sociales y democráticas que forman parte de lo mejor de nuestra historia. Espero que la Colombia dé muestras de más lucidez. No se puede describir el apoyo a la senadora Cabal como un fenómeno folclórico, mientras que, por el contrario, es un fenómeno profundamente político. En este movimiento llama la atención, entre otras cosas, la presencia de muchas mujeres y de muchos jóvenes. El movimiento Cabal aspira y reivindica los derechos, en torno a una serie de aspiraciones comunes: una aspiración a la democracia y a la gobernabilidad, a la transparencia y el acceso de todos a una serie de derechos fundamentales, a la acción contra el fraude en las elecciones presidenciales y proteger los ciudadanos contra las doctrinas que promueven el extremismo, la intolerancia y la violencia de izquierda sino también reivindicaciones a favor del Estado de Derecho y a ser un conjunto democrático y ciudadano más autónomo que se consagra a luchar contra los grupos terroristas, los dictadores o semidictadores. Si logramos un resultado positivo allí, mejoraremos nuestra aportación. Esto no significa que la Colombia vaya a mejorar de forma automática, aunque sí que significa que nosotros estaremos en condiciones de contribuir a este objetivo. Enhorabuena de nuevo a la Sra. Cabal. Permítanme felicitarla por una excelente e innovadora pre candidatura, que analiza los problemas existentes y que, en mi opinión, aporta frescas y nuevas soluciones, me suscita una amarga reflexión que no pudiese obtener el mismo apoyo por parte de su partido.

Artículo anteriorDemocracia y la destitución de gobierno Por Raúl Allain
Artículo siguienteLa Visión del AR/VP Josep Borrell sobre las elecciones en Venezuela
Martín Eduardo Botero, colombiano de nacimiento. Abogado Europeo inscrito en el Conseil des Barreaux Europèens Brussels. Titular de Botero & Asociados, Bufete Legal Europeo e Internacional con sede en Italia, España y México. Letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Presidente y fundador de European Center for Transitional justice y vicepresidente en la Unión Europea de la Organización Mundial de Abogados. Graduado en Jurisprudencia por la Universidad de Siena (Italia) con Beca de Honor del Ministerio de los Asuntos Exteriores italiano.  PhD en Derecho Constitucional Europeo por la Universidad de Bolonia con Beca de estudio del Ministerio de los Asuntos Exteriores italiano y la Unión Europea.  Su último libro lleva por titulo “Manual para la Lucha contra la Corrupción: Estrategia Global: Ejemplos y Buenas prácticas”.