Una de las consecuencias de la recesión económica de América Latina provocada por la pandemia del coronavirus es el aumento de la desigualdad en la región. De acuerdo al reporte “Panorama Social de América Latina 2020” de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), uno de los principales factores que impulsaron el incremento de la desigualdad regional es el deterioro en la distribución de los ingresos.
La CEPAL estima que la desigualdad en la distribución de los ingresos, medida por el coeficiente de Gini, ha aumentado un 2.9% en relación al 2019 (ha pasado de 46% en el 2019 al 48.9% en el 2020), considerando los esfuerzos de los Estados Latinoamericanos por atenuar la pérdida del poder adquisitivo de las familias, a través de las transferencias. Con estas consideraciones se prevé que la desigualdad monetaria se situará en 48.9%.
Lo más resaltante de este análisis es que, si los gobiernos de los países de la región Latinoamericana no hubieran realizado transferencias para mitigar la pérdida del ingreso laboral de las familias, el coeficiente de Gini habría alcanzado un 51.6%, 1.9% menos que la cifra que se obtuvo en el año 2002; es decir, la pandemia del Covid-19 nos habría hecho perder 18 años de esfuerzos en la reducción de la desigualdad en América Latina.
Uno de los factores del incremento de la desigualdad es la pérdida de ingresos por la interrupción del empleo. Pero otro elemento importante de la desigualdad ha sido la reducción de los salarios de las personas que lograron mantener sus empleos. Se estima que, debido a la contracción de la demanda y por los periodos tan extensos de aislamiento social, los salarios se habrían reducido, en promedio, un 15% por persona ocupada.
Una de las recomendaciones de la CEPAL es la de mantener una política fiscal expansiva. Este ejercicio permitiría dinamizar la demanda y en consecuencia, estimular el crecimiento económico. Sin embargo, cada una de las economías de América Latina debe evaluar si decide aumentar el gasto público o reducir los impuestos y el grado de las mismos, considerando las cuentas fiscales que han sido notablemente deterioradas durante el 2020.








