No es la primera vez que el «Perú Profundo« manda señales, lo hace desde hace varias elecciones, Lima las ha ignorado, la corrupción, la ausencia del Estado en las regiones más deprimidas ha sido perenne, sobre todo la carente educación y alternativas a generar desarrollo de una población ancestral que es una riqueza para el país. La pandemia exacerbó todo. Alguna vez escribí que se percibía un fastidio de parte de las instituciones hacia las solicitudes de los peruanos.
Ante esta situación, dos personajes Vladimir Cerrón Rojas, Secretario y Líder Fundador del partido “Perú Libre» y el profesor de educación primaria Pedro Castillo candidato presidencial encontraron terreno fértil para sus ideas que precisamente se plasmaron, negro sobre blanco, en el Programa de Gobierno del Partido “Perú Libre”. En su introducción, bajo la firma de Cerrón Rojas, califica su programa como “un documento contestatario donde los niveles de la lucha de clases no se circunscriben al plano económico, político o social, sino algo más importante, también a los planos ideológico y cultural. Establece también una estrategia para rescatar al Estado minimizado, casi imperceptible y moribundo frente al avasallamiento de la dictadura del mercado”. El es el responsable de la radicalización política, capturando no sólo el sur del Perú sino también al centro del país. Con un turbio pasado no pudo asumir directamente la tarea de ser candidato a la presidencia, más bien, encontró en Castillo el candidato perfecto.
Cerrón Rojas estudio medicina en Cuba, inició su carrera política en el 2005 llegando a ser elegido presidente de la Región Junín, fue procesado por generar el pago de valorización indebida en una obra de saneamiento en Yauli, La Oroya, condenándosele a pena de prisión efectiva y reparación pecuniaria, el delito es corrupción. La pena fue conmutada a prisión suspendida. No obstante el prontuario, es candidato a la vicepresidencia.
Pedro Castillo, se hizo conocer por liderar la manifestación y huelga de los maestros el primer año de gobierno del presidente Kucsinksky, era el 2017, logró la renuncia de la Ministra de educación y sus peticiones le fueron concedidas, a cambio, levantó la huelga.

En esta oportunidad Castillo, quien tenía un bajo porcentaje sube hiperbólicamente gracias a la detención policial al haber producido aglomeración de personas durante una actividad proselitista en la Plaza de Armas de Mazuko, en Madre de Dios, reuniones prohibidas por la pandemia. La reacción victimista por haber sufrido una detención «arbitraria y antidemocrática» caló en la población. Es más, Castillo, habituado a su actuar marginal, realizaba sus comicios esquivando a la policía generando una complicidad con la población, haciendo gala de enfrentarse a los poderes constituidos, con su caballo, sombrero y poncho generó un arraigo importante en la población.
Su estrategia dio frutos, entre dieciocho candidatos a la presidencia, él ha obtenido 15% aproximadamente dándole el seguro primer lugar para contender la segunda vuelta y la presidencia del Perú. Este porcentaje nos hace entender la disgregación del voto y lo complicada que será la composición del Congreso.

Evo Morales escribió un tweet de esperanza confiando en los resultados en Ecuador y Perú. Ecuador ha dado la victoria al presidente Lasso dejándose a la espalda Correa & Cia. Castillo, un dirigente sindical, entrará dentro de poco en las mandíbulas del Grupo de Puebla, en sus financiamientos, escuchará sus estrategias, entrará en otra esfera de influencias. También saldrá a la luz el pasado de su vicepresidente, Cerrón Rojas, los peruanos verán con horror la llegada de la ideología del fracaso, me refiero a la mitad del Perú. En la otra mitad, la desatención sufrida, exacerbada por la pandemia, obligará a todos tomar conciencia que se requiere refinar un programa de gobierno que evite el declive del Perú.








