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Buen día, soy el Padre Carlos Javier Díaz Vega y los saludo desde el Consejo Pontificio de la Cultura en el Vaticano.
Providencialmente, este domingo VI del tiempo ordinario coincidió con el 11 de febrero, día en que la Iglesia conmemora a la Virgen de Lourdes y celebra la Jornada Mundial del Enfermo. El Evangelio de la Misa dominical presentaba a Jesús liberando del padecimiento y, al mismo tiempo, de la excomunión, a una persona enferma de lepra. Jesús, señaló el Papa Francisco, es el verdadero médico de los cuerpos y de las almas enviado al mundo para sanar a la humanidad marcada por el pecado y sus consecuencias.
La condición del leproso, explicó el Papa, era realmente penosa, puesto que la mentalidad de aquella época lo hacía sentir impuro también delante de Dios. Jesús siente compasión. No podemos comprender a Cristo mismo ni su obra si no se considera su corazón lleno de compasión y de misericordia. Para los que miraron toda la escena de la curación, la acción más desconcertante fue que Jesús tocó al leproso, acto prohibido por la ley de Moisés, puesto que tocar a un leproso significaba ser contagiado también interiormente, en el espíritu. Sin embargo, con Jesús las cosas son totalmente diversas, no es el leproso quien contagia a Jesús, antes bien, es Jesús el que contagia “la purificación” al leproso.
Hermanos y hermanas, manifestó el Sumo Pontífice, ninguna enfermedad es causa de impureza. Ninguna enfermedad impide la relación con Dios. Más aún, una persona enferma puede incluso estar más unida a Dios que una sana. Es el pecado, señaló el Papa Francisco, lo que sí nos hace impuros: el egoísmo, la soberbia, la corrupción enferman el corazón. Por lo que el Papa pidió a los miles de fieles que pensaran en las impurezas de su corazón y en silencio suplicaran a Jesús “Si quieres, puedes purificarme”, “Si quieres, puedes purificarme”, “Si quieres, puedes purificarme”. Y es cada vez que nos acercamos al sacramento de la Reconciliación con el corazón arrepentido, cuando en Señor nos responde: “Sí quiero, queda limpio”. ¡Qué gran alegría produce esto!, dijo emocionado el Papa Francisco.
Por otra parte, después del rezo mariano del Ángelus, el Papa al recordar que a partir de este domingo 11 de febrero quedan abiertas las inscripciones a la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá en enero de 2019, dio un click en el módulo del sitio de internet y quedó inscrito, pero enfatizó: “Debemos prepararnos”. Fe y entusiasmo acompañen la preparación de este evento de gracia y fraternidad, pidió el Santo Padre.
Además, el Papa hizo presente que el próximo 15 de febrero, en el extremo Oriente, millones de personas celebrarán el año nuevo lunar, por lo que les mandó un cordial saludo deseándoles que todas las familias sean más solidarias y fraternas, y los invitó a rezar por la paz.
Por último, el Papa dirigió también un particular saludo a todos los enfermos en todo el mundo, sobre todo a quienes sufren además soledad y marginación. La Virgen Santa, Salud de los enfermos, los ayude a encontrar la fuerza, gracias a una adecuada asistencia sanitaria y a la caridad fraterna. Vale la pena recordar que en su mensaje en ocasión de esta jornada mundial del enfermo, el Papa agradece a los institutos de servicio a los enfermos por su generosidad, por su creatividad, por su compromiso y por su caridad.
Personalmente quiero aprovechar la ocasión, a pocas horas de comenzar la Cuaresma, para desearles a todos un tiempo especial de gracia y de verdadera reconciliación con Dios. Hasta la próxima semana. Dios los bendiga.







