Buen día, desde el Vaticano reciban un cordial saludo. Soy el Padre Carlos Javier Díaz Vega.

“Quien quiere conocer a Jesús debe mirar dentro de la cruz, debe mirar al crucificado”, así lo dijo el Papa Francisco este domingo 18 de marzo, 5° de Cuaresma. “La cruz no es un objeto ornamental o un accesorio para vestir, es, ante todo, un signo religioso para contemplar y para comprender”.

El Santo Padre recordó el pasaje evangélico en el que san Juan narra que algunos griegos solicitan al apóstol Felipe “queremos ver a Jesús”. El término que el evangelista usa para referirse al verbo ver, comentó el Papa, “significa ir más allá de las apariencias para aprehender el misterio de una persona… es llegar hasta el corazón; llegar, con la vista, hasta el interior de la persona”.

Jesús no responde sí o no a la petición de verlo; más bien responde diciendo: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado”, esta es la verdadera respuesta, dijo el Santo Padre, “porque quien quiere ver a Jesús debe mirar dentro de la cruz, donde se revela su gloria”.

“En la imagen de Jesús crucificado se descubre el misterio de la muerte del Hijo como acto supremo de amor, fuente de vida y de salvación para la humanidad”, aseguró el Sumo Pontífice.

Y el Papa lanzó unas preguntas verdaderamente interesantes, preguntas cuya respuesta son ya, a mi modo de ver, principio de oración: “¿Yo cómo veo el crucifijo? ¿como una obra de arte para ver si es bella o no lo es? ¿O miro dentro, entro en las llagas de Jesús hasta llegar a su corazón? ¿Miro el misterio de Dios que se anonadó hasta la muerte?”. El Santo Padre además recordó la bonita devoción de rezar un Padrenuestro por cada una de las cinco llagas de Jesús (manos, pies y costado). Así – dijo – “procuramos entrar, a través de las llagas de Jesús, en su corazón”.

En el mismo pasaje evangélico, Jesús se compara con un grano de trigo sembrado en la tierra para hacer comprender que su misterio pascual es un “acto de fecundidad”. Este dinamismo del grano de trigo, comentó el Papa Francisco, debe realizarse igualmente en nosotros, los discípulos de Cristo, “perder la vida para recibirla nueva y eterna”, y esto sucede cuando pensamos menos en nosotros mismos y vamos al encuentro de los necesitados, concluyó el Papa.

La Virgen María, rezó el Santo Padre, que siempre tuvo su mirada fija en su Hijo, desde el pesebre hasta la cruz, nos ayude a encontrarlo y conocerlo para que podamos vivir iluminados por Él, y llevemos al mundo frutos de justicia y de paz.

Gracias por la atención. Hasta la próxima. Dios los bendiga.