Desde el Vaticano los saluda el Padre Carlos J. Díaz Vega.

La alocución del Santo Padre Francisco al mediodía del domingo 15 de abril, minutos antes del rezo de la oración mariana pascual del Regina Coeli, tuvo como tema central la aparición de Jesús resucitado a los discípulos reunidos a puertas cerradas. El saludo del Resucitado fue “La paz esté con ustedes”. Cristo nos da la paz; se trata de una paz con doble dirección: “la paz interior y la paz que se establece en las relaciones entre personas”, dijo el Papa.

Después del saludo de paz de Jesús, él mismo – como relata el evangelista san Lucas 24, 36-48 – al verlos desconcertados y llenos de temor, les dijo “Miren mis manos y mis pies – mostrándoles las llagas – soy yo en persona . Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne y ni huesos, como ven que yo tengo”. Era tanta la alegría que tenían los discípulos, dijo el Papa, que aún seguían sin poder creerlo, y Jesús para convencerlos les dijo: “¿Tienen algo de comer? Ellos le ofrecieron un trozo de pescado asado. Él lo tomó y comió delante de ellos”.

La reflexión posterior del Santo Padre fue sobre la perspectiva cristiana del cuerpo: “El cuerpo no es una prisión del alma” – dijo el Papa –. “El cuerpo es creado por Dios y el hombre no está completo si no es en la unión de cuerpo y alma”. Jesús resucitó en cuerpo y alma “esto nos hace comprender que debemos tener una idea positiva de nuestro cuerpo… el cuerpo es un don estupendo de Dios, que unido al alma expresan plenamente la imagen y semejanza con Él”. Por ello, exhortó el Papa Francisco, “estamos llamados a tener un gran respeto y cuidado de nuestro cuerpo y del de los demás”. “Cualquier ofensa o herida o violencia al cuerpo de nuestro prójimo es un insulto a Dios creador”, señaló el Sumo Pontífice. En el cuerpo maltratado de niños, mujeres y ancianos “encontramos el cuerpo de Cristo, cuerpo herido, burlado, calumniado, humillado, flagelado, crucificado…”. “Jesús quiere rescatar, indicó el Papa, a todos aquellos que experimentan en su propio cuerpo las diferentes esclavitudes de nuestro tiempo”. El Evangelio hoy, concluía el Santo Padre, nos llama a ser personas que sepan valorar la novedad de vida que el Señor siembra en la historia, estamos “llamados a ser personas capaces de mirar profundamente, personas llenas de asombro y gran alegría por haber encontrado al Señor resucitado”.

Hacia el final de la alocución, el Papa Francisco notificó que este domingo en Madagascar fue proclamado beato el mártir Luciano Botovasoa, un padre de familia, testigo coherente de Cristo hasta el don heroico de la vida. “Él, señaló el Santo Padre, representa para todos nosotros un ejemplo de caridad y de fortaleza en la fe”.

Por otra parte, con profunda consternación y haciendo referencia a la actual situación mundial en que es muy difícil concordar una acción común a favor de la paz en Siria, el Papa invitó a orar incesantemente por la paz. Además, comentó que reza por las tres personas raptadas y asesinadas a fines de marzo en la frontera entre Ecuador y Colombia y reza también por sus familiares. “Que la ayuda del Señor y de su Santísima Madre, expuso el Sumo Pontífice, animen al pueblo ecuatoriano a seguir adelante unido y pacífico”. También el Papa confió a la oración de los fieles a las personas que viven en estado de grave enfermedad, “Oremos, dijo, para que todo enfermo sea respetado en su dignidad y para que sea curado de la manera más adecuada a su condición, con gran respeto por la vida, en acuerdo entre los familiares, los médicos y los trabajadores sanitarios”.

Antes de despedirme, quiero recordar que este 16 de abril es el cumpleaños de nuestro querido Papa Benedicto XVI, oremos por él y sus intenciones.

Agradezco su atención. Hasta la próxima, si Dios quiere.

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