Desde el Vaticano los saluda el Padre Carlos Javier Díaz Vega, buen día para todos.
Momentos antes del rezo del Ángelus, al mediodía de este domingo 10 de junio, el Santo Padre Francisco hizo un comentario al texto evangélico que la liturgia dominical proponía. El Papa señaló los dos tipos de incomprensiones que Jesús tuvo que afrontar, la de los escribas y la de sus propios familiares.
La primera incomprensión, dijo el Sumo Pontífice, viene de parte de “hombres instruidos en las Sagradas Escrituras”, ellos “llegan con una acusación precisa y terrible: Este está poseído por Satanás, príncipe de los demonios y por eso los echa fuera”. Los escribas querían hacer creer que las curaciones de Jesús eran hechas no con el Espíritu de Dios, sino con la fuerza del diablo. Jesús reacciona, no tolera esto, puesto que los escribas están cayendo en el pecado más grave: negar el Amor de Dios que obra en Jesús “y la blasfemia, el pecado contra el Espíritu Santo, es el único pecado imperdonable, puesto que brota de un corazón cerrado a la misericordia de Dios”.
La segunda incomprensión, totalmente diversa, es “la de sus familiares, quienes estaban preocupados dado que su nueva vida itinerante les parecía una locura”. “En efecto – indicó el Papa Francisco – Jesús era así: primero la gente, servir a la gente, ayudar a la gente, enseñar a la gente, sanar a la gente. Él estaba para la gente. No tenía siquiera tiempo para comer”. Sus familiares, pues, deciden hacerlo regresar a Nazaret. Pero Jesús, al ser enterado que sus familiares lo buscaban, responde: El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre. Jesús, recordó el Santo Padre, ha formado una nueva familia basada en la fe en Él, en su amor, en el Espíritu Santo. “Recibir la palabra de Jesús nos hace hermanos, nos transforma en familia de Jesús, señaló el Santo Padre, en cambio, hablar a espaldas de los demás, destruir la fama de los demás, nos hace familia del diablo”.

La Palabra de Dios, concluyó el Sumo Pontífice, contiene una amonestación: la envidia ante la bondad de una persona nos puede llevar a acusarla falsamente, como hicieron los escribas con Jesucristo. Y el Papa previno ante el veneno mortal de la malicia con que se actúa para destruir la buena fama del otro. ¡Dios nos libre! dijo el Papa. Por ello, invitó a todos a examinar la conciencia “y si nos damos cuenta de que esta mala hierba está germinando en nuestro interior, acudamos de inmediato a confesarnos, al sacramento de la Penitencia, antes de que crezca y produzca sus malvados efectos”. “Atentos, porque esta actitud destruye familias, amistades, comunidades e incluso la sociedad”, sentenció el Santo Padre.
“La Virgen María, rezó el Papa, nos ayude a vivir siempre en comunión con Jesús, reconociendo la obra del Espíritu Santo que actúa en Él y en la Iglesia”.
En cambio, después de la oración mariana, el Papa Francisco dedicó un particular pensamiento en la amistad y en la oración para el querido pueblo coreano, recordando que en los próximos días se realizarán coloquios importantes en Singapur, e invitó a los miles de fieles a rezar a la Virgen, Reina de Corea, por esa intención. Finalmente el Papa pidió un aplauso para una nueva Beata, la religiosa María de la Concepción, fundadora de las Marianistas, quien consagró su vida al Señor para el servicio de los hermanos.
Aprovecho la ocasión para recordar que el Papa autorizó a la Congregación para la Causa de los Santos la promulgación de los decretos respecto a los milagros de un beato y dos Siervas de Dios, una de las cuales mexicana de San Luis Potosí, Conchita Cabrera de Armida, así como el martirio de cuatro Siervos de Dios argentinos.
Agradezco la atención. Hasta la próxima. Dios los bendiga.







