Un encuentro organizado por la Associazione Iscom, contó con la participación de Monseñor Jean-François Simonart, primer secretario della Nunciatura en Kinshasa y don Paulin Sabuy, sacerdote congoleño, colaborador de la Nunciatura. El viaje del Papa al Congo se ha postergado.
En el Congo, nos explica el sacerdote Sabuy, existen 48 diócesis, 50 obispos, 4,500 sacerdotes, una numerosa población católica, es el grupo más grande, compuesto por el 60% de una población compuesta por 100 millones de habitantes. La Iglesia cumple un rol muy importante en el Congo, se ha encargado de la educación, de las escuelas y de la salud, en el interior del Congo los hospitales son administrados por la Iglesia, es un trabajo muy apreciado por la población, un servicio que se ofrece sin condición que se profese o menos la religión católica, la población confía en lo que hace la Iglesia. En este sentido, hay algunas iniciativas de gran valor simbólico, el cuidado de los enfermos de SIDA en Centros gratuitos, en una de ellas participa la Comunidad de Sant’Egidio.
En Kinshasa, cuidan a los niños, a los ancianos, los Obispos también son conocidos por evangelizar, ante los conflictos armados actúan la mediación entre los diferentes campos políticos, que no se hablan ni se juntan. Se ha firmado un acuerdo marco entre la Iglesia y la República del Congo que está dando resultados.
La religión católica ingresa en la actual República Democrática del Congo a fines del siglo XV, fueron misioneros portugueses quienes en 1491 bautizan al soberano del reino del Kongo, Nzinga Nkuwu, quien toma el nombre de Joao I Nzinga Nkuwu. La conversión del país tiene inicio y la capital se llamará San Salvador.
En 1548 cuatro jesuitas fundan un colegio, ante el creciente número de católicos la Santa Sede establece la diócesis de El Salvador en el 1585. La misión, inicialmente portuguesa es suspendida ante la supresión de las ordenes religiosas en Portugal, ingresan los franceses y belgas. En 1917 es ordenado el primer sacerdote congoleño. En 1932, se realiza la I Conferencia del episcopado del Congo belga. Es católica la primera Universidad, llamada Lovanium.
Monseñor Jean-François Simonart, nos explica que existen 400 idiomas en el Congo, que tiene un territorio 15 veces Bélgica, un país multicultural, con 4 zonas lingüísticas, las comunidades locales oran en el idioma local.
Ante la pregunta ¿Qué encontrará el Papa a su llegada al Congo, qué esperan los congoleños del Papa? Nos responden que encontrará tanta juventud y verá tanto sufrimiento, verá tanta juventud, tanta alegría a la vez que tanto sufrimiento, es evidente, la miseria, la pobreza, el deseo de paz, junto a la guerra el deseo de paz. El pueblo espera su presencia para estimular la búsqueda de la paz.
Esperan que los médicos autoricen al Papa Francisco viajar al Congo. Si inicialmente se tuvo una gran decepción, ante los numerosos preparativos, luego, rápidamente quedó claro que era un factor independiente de la voluntad del Papa, en cambio era una oportunidad para orar por él, para hacer una misa el domingo 3 de julio, una mesa para estar unidos.
Le preguntamos ¿Cuánto está presente el recuerdo del colonialismo belga en la memoria de los congoleños y cuánto tienen presente los jóvenes el asesinato del primer ministro Lumumba?
Nos relatan que el recuerdo en los jóvenes de Patrice Lumumba, primer ministro del Congo está muy presente, él es un símbolo, un héroe nacional .
Recordemos que Patrice Lumumba fue asesinado ante la presencia del líder secesionista katangués Moïse Tshombe y sus asesores belgas el 17 de enero de 1961.
Está también muy presente y guarda estrecha relación el sangriento pasado colonial belga durado 25 años bajo en reinado del rey Leopoldo II, el tatarabuelo del actual rey Felipe de Bélgica quien en un reciente viaje al Congo manifestó su «mas profundo pesar por las heridas del pasado…. el régimen colonial estuvo basado en la explotación y en la dominación, era un régimen injusto, injustificable marcado por el paternalismo, la discriminación y el racismo que dio lugar a vejámenes y humillaciones». No obstante su invitación a los estudiantes a mirar «hacia el futuro», no es tan fácil si se agrega el asesinato del primer ministro Lumumba en 1961 y la participación, no probada, de los belgas, aunque hayan asumido su responsabilidad en los hechos, al haber tenido conocimiento el rey Balduino de los planes para asesinarlo. El movimiento estudiantil belga se ha impregnado de sus ideales y pretende cortar cualquier interferencia colonial, dando fuerza a la lucha por el panafricanismo y la unidad congoleña, su denuncia por la opresión racista de África por parte de Europa, su visión de la descolonización, así como el proceso de liberación total, lo cual marcó a millones de personas en el Congo y en todo el mundo. Lo intransigente del movimiento estudiantil lo lleva hacia la izquierda radical, lo cual dificulta la «visión de futuro» del rey Felipe. Su exhortación a disipar las memorias coloniales es particularmente problemática.
La Iglesia, ofrece una esperanza, luego de haber canonizados a dos congoleños, el Beato Isidoro Bakanja, laico y mártir, la Beata Marie-Clémentine Anuarite Nengapeta.
El Beato Isidoro Bakanja fue asesinado por su empleador por llevar el escapulario de la Virgen del Carmen y ser católico practicante. Su agonía fue larga y dolorosa tanto cuando el ensañamiento del belga Longange, quien odiaba todo lo referente a lo religioso o cristiano.
La Beata Marie-Clémentine Anuarite Nengapeta, fue asesinada por el Jefe de los rebeldes simbas el 1 de diciembre de 1964, por defender su virginidad, es llamada la María Goretti del Congo.
Ambos representan en la actualidad un modelo para los jóvenes congoleños. En Congo, la Iglesia es escuchada y respetada mientras que los grupos armados, el ejército y la política buscan su camino por medio de la violencia.
Las dos visitas de Papa Juan Pablo II, se realizaron en 1980 y en 1985, en su segunda visita tuvo lugar la Beatificación de Sor Clementina Anuarite Nengapeta, martirizada en el 1964.





