Presupuestos ideológicos y vitales de la revuelta estudiantil en el mundo (Segunda parte)
Reforma política
La idea presente en la revisión de la estructura socioeconómica de partir de la base, de fiscalizar el poder desde los propios lugares de trabajo, continuará en el planteamiento de la transformación política. Su actitud política no supone un mero reformismo, no creen en la posibilidad de un gobierno de izquierdas y consideran que el equilibrio izquierda-derecha es estéril, ya que supone aspectos de un mismo orden que se mantiene por la gravedad de esta oscilación prevista. En los años de transformación de una sociedad, dirá, irónico, Geismar, “el querido colega parlamentario es un elemento que no tiene sentido”.
Por ello, el ataque radical a la democracia burguesa, al parlamentarismo y al sistema de partidos políticos.
La organización de la acción parlamentaria será por ejemplo la base doctrinal de la revista El enano negro, órgano de expresión de Tarik Ali, jefe del movimiento en Inglaterra.
Dutschke enunciará que en vez de la teoría vertical del partido, que considera un foco de manipulación, es necesaria una resistencia espontánea.
La cuestión, según Sauvageot, no es sustituir una ficción por otra. Es preciso que la población se organice en el escalón de la factoría, de la ciudad, de la universidad.
Lo que está en crisis es el principio de la delegación de poder y se busca la instauración de la democracia directa. Es presupuesto indispensable –dirá Cohn-Bendit– la revocabilidad de los delegados y el poder efectivo de las colectividades. Como consecuencia, la organización ha de ser muy primaria: comités de barrio, de empresas, etc. E incluso el mismo autor habla de la sociedad futura como una federación de consejos de trabajadores. No hay que crear un partido nuevo, sino crear una situación objetiva que permita la posibilidad de expresarse a todos los niveles.
Del mismo modo se rechazan las formas autoritarias de las sociedades marxistas existentes. Para Dutschke, en lugar del viejo sistema surge el aparato del partido, es todo. El ataque más duro proviene de Cohn-Bendit cuando acusa a Lenin de despreciar a la clase trabajadora con su teoría del revolucionario profesional y del partido bolchevique, que ha llevado a las formas brutales de dictadura del Estado soviético.
El planteamiento de su táctica revolucionaria es rigurosamente consecuente con estos principios.
Dutschke hablará de vivir la revolución en la acción y en proceso interior, aborrece los elementos abstractos o impersonales de estas élites, aparato, burocracia.
“Nada –dirá– de aristocracias revolucionarias gobernando masas indiferentes y desorientadas.”
El poder corrompe, y añadirá Cohn-Bendit que no hay que oponer a la organización, sea Estado o partido comunista, con organización, sino comités de acción que sólo reconocen la coordinación espontánea de los grupos.

Nueva antropología ética y tercer mundo
El marco de todas estas actitudes es un profundo humanismo que los diferencia tanto de los indiferentes como de los fanáticos o sectarios.
La conclusión final será la búsqueda de una antropología, basada para Marcuse en la existencia de un trabajo creador y no sufrido, y en la génesis y desarrollo de necesidades vitales en el hombre, de libertad, felicidad y paz.
En un coloquio en la Universidad de Berlín, en julio de 1967, Dutschke insistía en la importancia del factor subjetivo, en el tipo humano. Y escribirá: “Una política sin la transformación interior de los que participan en ella es una manipulación de las élites”. El hombre nuevo es causa y no consecuencia, como quería el marxismo, de la transformación, y sin un proceso de autoeducación la revolución permanente es imposible.
En este sentido humanista, en aquel coloquio de Berlín se subrayaba el peligro de convertir a los hombres en cosas por el odio. Está en peligro de pérdida el humanismo cuando el enemigo deja de ser hombre para los atacantes.
Esta valoración antropológica que se apunta se intuye también en algunas conmociones del Tercer Mundo, por ello que ésta sea una preocupación constante en el movimiento que nos ocupa.
En el amplio mar del subdesarrollo, las nuevas necesidades vitales de libertad, de paz, no son la búsqueda teórica de las bases de una depurada antropología, sino la experiencia vital cotidiana. De ahí que Fanón apunte que se busque establecer en la tierra el hombre total desde esta encrucijada.
El mismo Marcuse reconoce este alumbramiento y lo ejemplariza con una noticia que le conmueve: en los parques de Hanoi los bancos se hacen de la dimensión justa para que quepan dos personas, y sólo dos personas, de modo que cualquier “cargante” carezca ya de la mera posibilidad técnica de estorbar.
El análisis es sencillo. Ya dijimos que no se trata de ningún doctrinarismo clásico, ni siquiera anarquista.
Se los podrá acusar de elementos utópicos en las construcciones, de negatividad –aunque la negatividad a veces es constructiva–, de imprecisión en las ideas, pero una serie de conceptos fundamentales han sido recreados vitalmente.
La quiebra y agonía del sistema político liberal, del parlamentarismo y los partidos a los cuales la segunda guerra mundial salvó in extremis de la sepultura, la conciencia de que lo más vital y dinámico de estas sociedades es su organización económica, pero que ésta es generadora de desajustes sociales que atañen incluso a la misma persona.
Además la reivindicación frente a un poder cada vez más lejano de los orígenes de los que dice partir y servir, la urgencia de descentralizar, de promover capacidad de designación en las bases, de vuelta a democracias inmediatas igual en lo político que en lo económico.
Y por último reivindicar el valor del hombre, la exigencia de personalizar nuestra existencia y que el participar en lo colectivo sea acto consciente y voluntario, y no hábito o reflejo gregario.
Desde esta perspectiva, estas ideas suponen un impacto espiritual, un removernos el fondo reseco de nuestro ser para que ante el rezumar constante de crueldades de este resquebrajado odre de nuestro viejo mundo, no sean simplemente un contrapunto absurdo y sentimental las sonrisas de los niños, los ojos en los ojos del primer amor e incluso el tamaño de los bancos en los parques de las ciudades destruidas…
Bibliografía conocida y utilizada a finales de 1968 para este artículo
Ayache, Alain, Les citations de la révolution de Mai, París, Jean-Jacques Pauvert, 1968.
Cohn-Bendit, Daniel, Le gauchisme remède a la maladie sénile du comunisme, París, Seuil, 1968.
Colomer Viadel, Antonio, Algunas consideraciones en torno a la Universidad y su futuro, Zaragoza, Colección “Siempre y Ahora”, 1966.
Dutschke, Rudy, Ecrits Politiques (1967-1968), París, Christian Bourgois, 1968.
Epistemon, Ces idées qui ont ébranié la France, París, Fayard, 1968.
Marcuse, Herbert, El final de la Utopía, Barcelona, Ariel, 1968.
Morín, Edgar, Claude Lefort y Jean-Marc Courdray, Mai 1968: La Bréche, París, Fayard, 1968.
Sauvageot, J. A. Geismar, D. Cohn-Bendit y J. P. Duteuil, La révolte étudiante. Les animateurs parlent, París, Seuil, 1968.
Privat, Ed., Un mois de mai orageux, 113 étudients parisiens expliquent les raisons du soulévement universitaire, París, 1968.
Video: Retroclips «Mayo del 68 en París, Francia – Disturbios estudiantiles de Mayo de 1968»






