Los egos no terminan

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Ha sido una reunión sin testigos, cada uno con su asistente. Berlusconi llegó con 20 minutos de retardo, llegó a la sede de Fratelli d’Italia, una sede prestigiosa en pleno centro de Roma a la cual no había asistido formalmente, esta vez, la reunión en dicha sede se debía al encuentro-reconciliación con  su aleada en política, Giorgia Meloni.

 

Ha sido la sede desde 1983 del MSI de Giorgio Almirante. Ahora es de Fratelli d’Italia, es Via della Scofra, la casa de la mujer más potente de Italia. Cada partido político tiene su casa y, en sus momentos, estas casas se convierten en sedes de importancia. Antes lo fueron Piazza del Gesù con la Democrazia Cristiana; via del Corso con el Craxismo, Botteghe Oscure cuando existió el PCI, via del Plebiscito, la casa de Silvio Berlusconi o de Forza Italia. Ahora, es el momento de Fratelli d’Italia, muchos están parados en la vereda para ver la llegada y salida de Giorgia Meloni, escuchar sus declaraciones. A esta casa llegó Silvio Berlusconi, es la primera vez que lo hace, visitar otra casa política, sin flores, sin presentes, no es una visita galante, sino de reconciliación y de volver a caminar como coalición, elegir la composición del Gobierno, respetar a la jefa de la coalición.

La reunión duró más de una hora y terminó sin comunicado conjunto, sólo una foto, ambos sonrientes, serenos. Sin embargo, los periódicos han interpretado la visita de conciliación de Berlusconi a Giorgia Meloni como una claudicación, utilizando términos que punzaban la sensibilidad del patriarca, con  sus 86 años. Mientras, ambos estaban reunidos, los suyos declaraban interpretaciones, buscaban una salida para borrar los adjetivos que aparecieron en la hoja incriminada.

La versión de Berlusconi es la siguiente: «tome nota de las conversaciones de diferentes senadores, ninguno de esos adjetivos refleja mi opinión sobre Giorgia Meloni, de quien, en cambio, tengo la mejor opinión. Mi opinión está en otra hoja». Casi infantil, ¿verdad?, pero lo ha dicho él, así como él escribió con su puño y letra, su declaración fue «clara y neta», a cada uno la libertad de creerlo o menos, la salida está hecha.

Hizo hincapié en dos situaciones, recalcó «he sido yo quien ha fundado la coalición» por eso Giorgia Meloni me ha pedido que la aconseje y yo le he brindado mi máxima disponibilidad en aconsejarla. Además, mis hijos nunca han intervenido, mi hijo (quien dirige Mediaset) mantiene muy buenas relaciones con Giorgia Meloni, su pareja, trabaja en Mediaset». Poco delicado, pero está en el personaje, dar estas pinceladas.

Si esa fue la declaración a la prensa, luego declara a su grupo privadamente, se dice entre amigos, tan amigos que los divulgan, aparecen los audios donde declara: «le he aconsejado a Meloni que no utilice los tiempos verbales sin considerar a la coalición, no debe decir «yo quiero», sino «desearía». Debe considerar a la coalición». Agregando, «he recuperado la relación con Putin, me ha enviado una carta muy dulce por mi cumpleaños (29 de septiembre), me ha regalado 20 botellas de vodka. Yo le he regalado botellas de Lambrusco. He sido declarado por Putin el primero de sus cinco mejores amigos».

Este audio, aunque sea privado, es como la mano izquierda que borra lo que hace la mano derecha, sólo que ha aumentado las dificultades, pone en riesgo el nombramiento de Antonio Tajani en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Además, Berlusconi, sigue reivindicando, siempre privadamente, el Ministerio de Justicia.

Prudente, Giorgia Meloni, no hace ningún comentario, seguirá adelante, tiene la mitad de años de Berlusconi, lo conoce, conoce a los hombres egocéntricos que basan su fuerza en las mujeres y les cuesta tener como contraparte paritaria una mujer sin necesidad de seducirla. Este jueves o viernes, se espera, que el presidente Mattarella le encargará la formación del Gobierno nombrándola Primera Ministra, agregamos, por primera vez en la historia de Italia. Mientras, se seguirán viendo las escenas públicas y privadas de Berlusconi ¿qué peso darles? aceptarlos, con valor literario, los egos no terminan.