Las reglas fiscales de la UE deben reformarse si queremos asegurar la recuperación

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La intervención del Primer Ministro, Mario Draghi, y del Presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, publicado en el Financial Times del 23 de diciembre de 2021.

La Unión Europea ha sido acusada a menudo de hacer muy poco y actuar demasiado tarde para hacer frente a las crisis. La respuesta colectiva a la recesión provocada por Covid-19 no fue ni demasiado pequeña ni demasiado tarde. Más bien, ha demostrado la importancia de actuar de manera oportuna y valiente. Y confirmó las ventajas de la coordinación de políticas entre países e instituciones.

Para combatir la crisis, los gobiernos de la UE han proporcionado cerca de 1.800 millones de euros en ayudas para familias y empresas. El Banco Central Europeo se ha embarcado en un amplio programa de estímulo monetario para respaldar el crédito. La Comisión Europea suspendió sus reglas presupuestarias y, junto con los gobiernos, lanzó el programa Next Generation EU, un plan de 750 mil millones de euros para financiar inversiones y reformas.

La recuperación está en marcha. La economía de la UE aún no se encuentra en la trayectoria que tenía antes de la pandemia, pero está en camino de volver a los niveles anteriores a la crisis en los próximos meses. Las finanzas públicas también están en proceso de consolidación: la relación deuda / PIB en los países de la UE se ha estabilizado y se prevé que disminuya en 2022.

Si bien persisten las incertidumbres, nos enfrentamos a los grandes desafíos a largo plazo que enfrentamos. La crisis climática y de la biodiversidad está empeorando. Las tensiones geopolíticas y militares van en aumento. La tecnología es cada vez más fundamental para nuestro bienestar, pero al mismo tiempo agudiza las desigualdades existentes y crea nuevas divisiones. Los cambios demográficos están cambiando profundamente la estructura de nuestras sociedades. En todas estas cuestiones, la UE debe actuar con rapidez y valentía.

En Italia y Francia, ya hemos llevado a cabo ambiciosas reformas para proteger a los ciudadanos y ayudarles a desarrollar su potencial, y ya hemos logrado resultados tangibles. Ahora tenemos que ir más lejos.

Necesitamos acelerar la agenda de reformas y complementar esta transformación con inversiones a gran escala en investigación, infraestructura, digitalización y defensa. Necesitamos una estrategia de crecimiento de la UE para la próxima década y debemos estar preparados para implementarla mediante inversiones conjuntas, mejores normas y una mejor coordinación, no solo durante las crisis.

La capacidad de utilizar la política fiscal para proteger a nuestros ciudadanos y transformar nuestras economías ha sido y sigue siendo un elemento central de esta estrategia. Junto con los demás Estados miembros de la UE, una vez que hayamos definido un conjunto de principios y objetivos macroeconómicos comunes, tendremos que discutir la mejor manera de traducirlos en políticas fiscales adecuadas.

Incluso antes de la pandemia, hubo que reformar las normas presupuestarias de la UE. Son demasiado aburridos y excesivamente complejos. Han limitado el alcance de los gobiernos durante las crisis y sobrecargado la política monetaria con responsabilidad. No han creado los incentivos adecuados para priorizar el gasto público con visión de futuro y fortalecer nuestra soberanía, por ejemplo, la inversión pública.

Necesitaremos políticas fiscales que sean creíbles, transparentes y capaces de contribuir a nuestra ambición colectiva de tener una Europa más fuerte, más sostenible y más justa. No hay duda de que necesitamos reducir nuestros niveles de deuda. Pero no podemos esperar hacer esto mediante impuestos más altos o recortes insostenibles en el gasto social, ni podemos sofocar el crecimiento mediante ajustes presupuestarios poco prácticos.

Más bien, nuestra estrategia es mantener bajo control el gasto público recurrente mediante reformas estructurales sensatas. Así como no hemos permitido que las normas obstaculicen nuestra respuesta a la pandemia, tampoco deben impedirnos realizar todas las inversiones necesarias.

La Comisión Europea ha lanzado una consulta sobre el futuro de las normas presupuestarias de la UE y se han realizado propuestas interesantes. Necesitamos más margen de maniobra y márgenes de gasto suficientes para prepararnos para el futuro y garantizar nuestra plena soberanía. La deuda para financiar tales inversiones, que sin duda beneficiará a las generaciones futuras y al crecimiento a largo plazo, deberá verse favorecida por las reglas fiscales, ya que este tipo de gasto público contribuye a la sostenibilidad de la deuda a largo plazo.

El programa Next Generation EU ha sido un éxito, por los mecanismos que ha introducido para evaluar la calidad del gasto público y la forma en que se financia. Como tal, ofrece un modelo útil para el futuro. Las nuevas propuestas merecerán un debate en profundidad, no empañado por ideologías, con el objetivo de servir mejor a los intereses de la UE en su conjunto.

La próxima presidencia francesa del Consejo de la UE tendrá como objetivo desarrollar una estrategia compartida y global para el futuro de la Unión.

La UE debe revivir el espíritu que guió sus acciones al inicio de la pandemia en 2020. Una nueva estrategia de crecimiento y, posteriormente, una política fiscal reforzada que vaya en la dirección aquí indicada pueden contribuir de manera decisiva a por qué la UE tiene las herramientas para realizar sus ambiciones.