Latinoamérica ha retrocedido en el Índice Global de Innovación del 2025, con casi todas las economías perdiendo posiciones respecto al año anterior. Chile se ha consolidado como líder regional en el puesto 51 global, seguido por Brasil con el puesto 52 y México con el puesto 58, mientras que Perú disminuyó al puesto 80. La región enfrenta una «brecha insumo-producto»: aunque incrementa recursos destinados a innovación, falta transformarlos en resultados tangibles.
La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), destaca a Chile por su sofisticación de mercado e infraestructura, con logros en matriculación terciaria (5° global) y capitalización bursátil (17° global). Brasil, aunque perdió el liderazgo regional, mantiene su ventaja en producción científica e I+D privado. México sobresale en manufactura de alta tecnología, pero su crecimiento en innovación fue uno de los más lentos de la región.
Los desafíos actuales son los entornos institucionales débiles, acceso limitado a financiamiento y baja colaboración entre la academia y la industria. La OMPI refirió que el gasto en I+D privado disminuyó al 1% de forma global, afectado por la persistente inflación alrededor del mundo. Esto profundiza la dependencia de las economías latinoamericanas en recursos naturales, limitando su capacidad para competir en sectores de alto valor agregado.
Para revertir esta tendencia, se necesitan políticas que fortalezcan los ecosistemas de innovación. Chile y Brasil avanzan en capital riesgo y patentes, pero países como Perú requieren urgentemente incrementar la inversión en I+D (actualmente por debajo del 0.5% del PBI) y promover alianzas público-privadas. La innovación no es un lujo, sino una necesidad para que la región no quede rezagada en la economía global.









