El reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), «Tendencias Sociales y del Empleo 2026», destaca que el mercado laboral mundial muestra una adaptabilidad estadística sorprendente, pero frágil. Se estima que la tasa de desempleo global se mantendrá estable en un 4.9% durante el 2026, repitiendo la cifra registrada en 2024 y 2025. Sin embargo, este indicador positivo oculta una desaceleración en la mejora de las condiciones de vida y una creciente exposición a riesgos tecnológicos y económicos.
De acuerdo con las cifras oficiales, la brecha mundial del empleo revela una realidad mucho más compleja, afectando a unos 408 millones de personas que desean trabajar, pero no logran acceder a esta necesidad. El excedente de demanda no satisfecha supera ampliamente las cifras de desempleo tradicionales, debido a que la recuperación económica posterior a la pandemia no ha sido lo suficientemente inclusiva para integrar a todos los sectores de la población activa.
Adicionalmente, el informe indica que cerca de 300 millones de trabajadores continúan viviendo en la pobreza extrema, percibiendo menos de tres dólares diarios, mientras que la informalidad laboral sigue aumentando: Para finales del 2026, unos 2.100 millones de personas trabajarán en la informalidad, careciendo de sus derechos básicos.
Las desigualdades estructurales también persisten, afectando de manera desproporcionada a jóvenes y mujeres. El desempleo juvenil se sitúa en un 12.3%, y se estima que 260 millones de jóvenes no estudian ni trabajan (NINIS). Por otro lado, la brecha de género muestra que las mujeres representan apenas las dos quintas partes del empleo mundial y su participación laboral es 24.2% inferior a la de los hombres, una tendencia que la digitalización y la inteligencia artificial podrían agravar si no se aplican medidas correctivas.
La OIT proyecta que la tasa de desempleo mundial podría descender ligeramente al 4.8% en 2027. No obstante, la prioridad no debe ser solo la creación de puestos de trabajo, sino la transformación de la calidad de estos. Las nuevas tecnologías deben verse como un complemento y no como un reemplazo del capital humano.








