Una alianza que combina raíces milenarias y ambiciones modernas, del budismo a la Franja y la Ruta, para redefinir el equilibrio global.
Xi ha mostrado al mundo que con India es más fuerte. Estaban distanciados, problemas limítrofes, aranceles, sin embargo ha sabido rescatar y dar valor a los siglos que atrás los unió: el budismo, su principios, considerada una alianza entre mente y espíritu. No obstante, las diferencias políticas y la vida actual, comparten valores profundamente arraigados: el respeto por la familia y la tradición, la creencia en la educación como camino hacia la autoformación y la búsqueda filosófica del equilibrio y la armonía. Precisamente fueron lo puntos de coincidencia entre el budismo y la ética confuciana y los principios taoístas. La compasión, el desapego, la conducta moral y la armonía social.
Las acciones de Trump de subir a 50% los aranceles a India, las negociaciones aún inconclusas entre EEUU y China, los acercó. Desde 2018 India no visitaba China, Xi logró reanudar esta relación que ahora es el núcleo duro que el mundo ve en la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái.
Esta reanudación política va acompañada de acciones como las visas de turistas a ciudadanos chinos desde el 24 de julio, después de cinco años, China está promoviendo la reanudación de los vuelos directos entre ambos países.
Hacen leva en su origen de antiguas civilizaciones, nada que ver con los norteamericanos, hasta incluso con los occidentales. Las antiguas civilizaciones son: Grecia y China promotores de la creación del Foro de Civilizaciones antiguas, creado en 2017, hacen parte India, Egipto, Irán, Italia, Perú, México Bolivia.
Esta es la base conceptual unida a la filosofía de Shanghái, resumida en los “Principios de Shanghái” cuyos ejes filosóficos son 1. Multipolaridad y rechazo a la hegemonía: la SCO se concibe como contrapeso al liderazgo occidental. Se insiste en que el orden internacional debe basarse en la igualdad soberana de los Estados y en la “no injerencia”; 2. Seguridad compartida: la idea de la “seguridad indivisible”, es decir, que ningún país debe fortalecer su seguridad a costa de la inseguridad de otro; 3. Confianza mutua y respeto cultural: el lema oficial es “espíritu de Shanghái”: confianza mutua, beneficio compartido, igualdad, consulta, respeto a la diversidad cultural y aspiración al desarrollo común; 4. Civilizacionalismo: el espíritu de que las grandes civilizaciones de Asia (China, India, Persia, Rusia como “Euroasia”) tienen derecho a definir su camino de desarrollo sin modelos externos; 5. Cooperación pragmática: economía, energía, transporte, digitalización, seguridad contra terrorismo/extremismo.
Precisamente, alejándonos cada vez más del espíritu, aunque siempre presente, Xi ha logrado construir un sólido vértice con India, proteger a Rusia, generar un grupo de países satélites a quienes protege, protegerán con India. En el caso de Pakistán, escapa a la categoría de satélite: es aliado histórico de China y rival permanente de India. Su rol como pieza de equilibrio entre Pekín y Nueva Delhi tiene una gran importancia. La región Asia Central: más que aportar recursos energéticos, representa las zonas de tránsito clave para la Franja y la Ruta. Egipto y Turquía: son los puentes hacia África y el Mediterráneo, donde hay tanto que hacer, dándole a la SCO una dimensión extra-regional. Para mantener viva la filosofía civilizadora, lo que los une es el Soft power cultural: la cooperación cultural/educativa, tendrá algunos acentos actuales donde se refuerza el futuro poder económico-político.
Yendo a los negocios: dinero, crédito, energía y comercio
Financiamiento y préstamos: China impulsa desde hace años un Banco de Desarrollo de la SCO y usa la plataforma para expandir su crédito, infraestructura y tecnología en Asia Central y Eurasia. ¿No bastaba el banco BRICS,
Conectividad e inversión: lo que sostiene a la SCO es la posibilidad de articular corredores comerciales y energéticos en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI).
Mercados y cadenas de valor: frente a sanciones occidentales y aranceles de EE.UU., la SCO busca garantizar a China y Rusia acceso a mercados seguros, rutas alternativas y cooperación tecnológica.
Atracción del Sur Global: el discurso civilizacional legítima lo que, en el fondo, es un proyecto económico: garantizar capital, inversión y nuevos mercados bajo la égida china.
Seguramente la visión china mira con calma al mundo occidental, después de todo es una civilización que no fue cortada o rota por occidente, caso de Perú. Los demás, para China, son “invasores” por decir lo mejor. China, reacciona sin comunicar, amenazó con soltar una “horda de chinos en el continente europeo”. La respuesta occidental reflexionó y ante las presiones sindicales imaginaron que los chinos “pueden trabajar por poco, llevemos nuestras empresas”. El resultado fue que los chinos se copiaron todo, los occidentales enseñaron gratis a la “horda de chinos”. Ahora, China capitalizada, vende, con patentes europeas, al mundo entero con lo que mejor saben hacer, que es comerciar.
¿Les quieres reducir el volumen de negocios?, se organizan, si el BRICS no camina a la velocidad deseada, se crea el SCO, socios de envergadura, acciones con visión civilizatoria. Otro diálogo hacia el mismo objetivo, la capacidad de reunir que tiene China, algo similar, aunque sea por interés, no lo hemos visto y, es diferente a la Unión europea, la cual nació después de dos guerras mundiales: Pekín no construye a su alrededor para evitar más conflictos, sino, más bien con una visión civilizatoria que Occidente no ha sabido producir.








