Algo no funcionó en el mejor de los modos el sábado 25, en cuanto se refiere al Protocolo. Quienes acogian a los huéspedes estaban parados en la plaza del Campidoglio, los recibìan, se hacían la foto de rito y luego el invitado recorría una alfombra roja que lo llevaba al interno de la sede. Será la apariencia juvenil de Virginia Raggi, casi pasó desapercibida, al pasar los Jefes de Gobierno le hacían un gesto de simpatía y seguían adelante, situación insólita siendo ella la Alcaldesa de Roma y tenía puesta la Banda tricolor.

La única que tuvo una actitud diferente, y esto habla de la empatía que la caracteriza, fue Angela Merkel quien ya se estaba yendo y lanzó la pregunta «¿Es usted la Alcaldesa?» siguiendo luego las fotos y los saludos cordiales.
Lo más sorprendente es que cuando Virginia Raggi, posteriormente, ofrece su discurso de bienvenida, tampoco lo transmiten a los centenares de periodistas reunidos en la Sala de Prensa. Entonces, ¿qué dijo Virginia Raggi?
En su discurso de bienvenida recuerda que fue precisamente en Roma donde inició la extaordinaria aventura motivada por un «espiritu revolucionario» por parte de los padres fundadores de la Comunidad Europea, dejando de lado las distancias que los llevaron a la guerra. Por primera vez, se optó por una elección compartida no impuesta por un vencedor, elección, que nació de una intención común y la capacidad de escuchar a los ciudadanos.
Adenauer, De Gasperi, Monnet, Spinelli utilizaban las palabras «solidaridad», «interés de los pueblos» una Europa que no podía realizarse en un día, la debemos realizar todos estando juntos y eso requiere compromiso, luego de tantos años pasados con una violenta crisis financiera que ha puesto en evidencia tantos errores. Sobre todo, «que las finanzas no son todo y que nadie debe quedar atrás.»
Virginia Raggi hace apelo a su generación (tiene 38 años) para llevar el sueño europeo, recordando a Schuman cuando decía «Europa surgirá de realizaciones concretas que creen sobre todo solidaridad de hecho» a lo que ella agrega, la solidaridad entre los ciudadanos está presente, en cambio son las Instituciones las cuales deberían iniciar a ascoltarlas un poco más.
Nosotros los Alcaldes, denominados «los primeros ciudadanos» debemos hacer escuchar la voz de quienes piden más trabajo, más inclusión social, más seguridad.
Los ciudadanos deben estar colocados en el centro del poder decisional. Las políticas no deben ser impuestas desde lo alto sino representar la voluntad popular, introduciendo instrumentos de democracia directa y participada. Se debe tener en cuenta «lo que esperan los ciudadanos». Europa es de los ciudadanos o no es Europa. Algunos tratados, como el Reglamento de Dublin deben ser revisados. Una Unión sólo económica no puede durar.
Trabajemos todos juntos, abriendo puertas y corazones a los ciudadanos. Sólo con la participación de todos Europa será legitimada. La unión puede ser mayor de la suma de sus partes. Este concepto está en la base de la cultura europea, al interno de la cual las diferencias encuentran valorizacion en el respeto de la identidad nacional.
Recordó que Papa Francisco en el 2014 en la visita al Parlamento Europeo en Estrasburgo preguntó: «¿Qué te ha sucedido Europa?» Tantas son las respuestas. Peró el Pontífice ha subrayado que «las dificultades pueden convertirse en potentes promotores de unidad». Esta es la oportunidad de nuestras generaciones.
Finalizó señalando que están presentes fuerzas de cohesion y de disgregación y que es importante dar respuestas concretas a quien denuncia insoportación. Así nació Europa: de las peticiones de los ciudadanos que nuestros Padres fundadores tuvieron el mérito de saber escuchar.









