La Amazonía, el desarrollo y el clima mundial. Augusto Thornberry

1
806

El pasado 28 de julio el Presidente del Perú, Martín Vizcarra, en su mensaje a la Nación con motivo de Fiestas Patrias, anunció que dará prioridad al desarrollo del sector forestal en la Amazonía y presentó al Congreso peruano un proyecto de ley para simplificar el trámite de las inversiones en ese rubro, algo que han estado reclamando los empresarios madereros.

Se trata de un esfuerzo por diversificar y dinamizar al sector productivo, ya que el Perú atraviesa actualmente un período de preocupante ralentización de la economía, crisis política -que ha llevado al Presidente a convocar elecciones anticipadas- y conflictos sociales. Estos últimos son motivados principalmente por la oposición de los pobladores locales a varios grandes proyectos de minería. La razón esgrimida para la oposición a esos proyectos es la defensa del medio ambiente y del agua para la agricultura, y el monto de inversiones paralizadas en proyectos mineros suma ya varias decenas de miles de millones de dólares.  Algunos de esos proyectos llevan años de parálisis, mientras que otros, como el de Tía María, no parecen tener solución y amenazan con tornarse violentos.

En esas condiciones, es muy razonable ponerse a trabajar en atraer inversiones y dar nuevo impulso a otros sectores tales como infraestructura, turismo, energías renovables o industrias forestales. En este último caso, no sabemos si el proyecto de ley anunciado por el Presidente Vizcarra comportará un necesario cambio de modelo, como piden Marc Durojeanni y otros ecologistas. Pero sí sabemos que hay al menos 10 millones de hectáreas en la Amazonía peruana, susceptibles de ser reforestados y explotados de modo sostenible, lo que tendría un impacto planetario.

El problema no es único, ni principalmente, económico. Aparte de su potencial rentabilidad monetaria, la Amazonía presta al planeta invaluables servicios ambientales, por lo que este tema es de interés de todos los ciudadanos del mundo. En las líneas siguientes trataremos de mostrar: a) por qué todos los ciudadanos del mundo deberían preocuparse por el futuro de la Amazonía, y b) a qué tipo de inversionista debería apelar el Estado peruano (y los demás amazónicos) para éste y otros sectores por desarrollar.

Fuente: OTCA

La Amazonía y el clima global

En su edición del 01 de agosto 2019, el semanario The Economist trata de modo central el problema de la deforestación de la Amazonía. El bosque tropical que la recubre, equivalente al 40% de los bosques tropicales del mundo, es un elemento crítico en el sistema climático global, tanto por el carbono que captura de la atmósfera, cuanto por la cantidad de agua que recicla. Numerosos ríos que nacen en la vertiente oriental de los Andes confluyen hacia el océano Atlántico, muchos de ellos generando el caudal que forma luego el poderoso río Amazonas. El clima tropical de la región ecuatorial provoca la evaporación y las posteriores lluvias que suelen caer en abundancia en esos bosques, lo que ha llevado a los científicos a acuñar el término de “ríos aéreos”.

Pero la situación actual pone en grave peligro ese ecosistema. Por un lado, el calentamiento global causa el derretimiento de los glaciares andinos, que durante millones de años han alimentado ríos que corren en busca de los océanos Pacífico o Atlántico, según el lado de los Andes en el que se encuentren. Esto provocará períodos de sequía cada vez más pronunciados de ambos lados de la cordillera. Por otro lado, la deforestación del bosque tropical significa que hay un menor número de plantas que retengan la humedad y eviten la erosión de los suelos, lo que implica también menor cantidad de agua reciclada.

Aunque esos bosques también emiten CO2, el balance final, desde hace millones de años, arroja un saldo favorable en oxígeno y agua. Sin embargo, The Economist cita la opinión de algunos científicos que afirman que tal vez con un 3 a 8% de deforestación adicional, el proceso hidrológico ancestral se revierta; menos vegetación significará menos reciclaje de agua, y menos agua, a su vez, dará vida a cantidades menores de plantas, con lo cual la Amazonía habrá entrado a un círculo vicioso de degradación y muerte. La menor vegetación significa también menor captura de carbono de la atmósfera, lo que acelera el calentamiento global, por lo que estos efectos pueden llegar mucho antes de lo previsto por estudios anteriores. Si esta tesis científica es válida, estamos muy cerca, dice The Economist, del punto en el cual el fiel de la balanza girará definitivamente hacia el lado que lleva a  la desaparición de la Amazonía.

El semanario inglés atribuye gran responsabilidad en todo esto a políticas del actual Gobierno de Brasil -que defiende la deforestación en nombre de un supuesto desarrollo- y sugiere medidas políticas, aplicadas tanto por la sociedad civil y el empresariado brasileño (incluyendo a los productores de ganado y de soya) –que se verá perjudicado por la desaparición de la Amazonía o por las sequías– como por instituciones internacionales, por ejemplo la UE en sus acuerdos comerciales con el Mercosur.

Es verdad que Brasil, con un 67% del bosque amazónico, tiene un peso decisivo en el futuro de la Amazonía, pero no se debería descuidar la importancia de los otros 8 países que forman parte de esa cuenca hidrográfica. Perú es el segundo país en extensión de bosque amazónico, con alrededor de 13%.

Actualmente el Perú también tiene un serio problema de deforestación, debido en parte a la acción de la minería ilegal, la tala ilegal, o ambas. Aunque el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos exige rigurosos controles en este tema, las autoridades peruanas hasta la fecha no han podido controlar el problema. Sin embargo, el negocio de madera en bosques manejados es bastante lucrativo por lo que, de darse un verdadero impulso a esa industria, podría empezar a avizorarse una solución al problema medioambiental sin necesidad de depender únicamente del control y la represión, lo que de todos modos hasta el momento ha fracasado. El éxito que podrían recabar las empresas madereras respetuosas de la ley podría tener un significativo efecto demostración en otras empresas, del mismo país e incluso de otros países. Unas cuantas success stories podrían desencadenar un círculo virtuoso de reforestación – manejo sostenible – producción de maderas finas y derivados.

Desde el punto de vista político internacional, esta posición podría ser adoptada por la  Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) que agrupa a todos los Estados que conforman la región. Desde el punto de vista de cooperación y asistencia técnica, la Organización Internacional de las Maderas Tropicales (OIMT) puede ayudar a identificar las especies más rentables en cada sector. Esto es sumamente importante porque, siendo los países amazónicos muy ricos en biodiversidad, hay un gran número de especies y sus variedades que aún no han sido estudiadas, probablemente, por esa razón, se ha abusado de la explotación de un número reducido de especies, como la caoba y el cedro, pese a la inmensa variedad de especies maderables que abundan en el bosque tropical. Estas dos organizaciones ya tienen proyectos en materia de biodiversidad y manejo comunitario, pero hasta donde sabemos no comportan, dentro de la Amazonía peruana, significativas inversiones privadas.

Fuente: OTCA

Inversionistas como activistas sociales y medioambientales

En cuanto al financiamiento, ya existen empresas trabajando en la zona o interesadas en hacerlo; pero para salir del actual entrampamiento económico y social, haría falta una verdadera revolución en la práctica de las políticas de desarrollo, y eso podría comenzar por un shock de inversiones de alto impacto social y ecológico positivo. En el año 2007, el G-7 y otros organismos acuñaron el término de Inversión con Impacto, y una serie de inversionistas y administradores de fondos de inversión lo vienen poniendo en práctica, bajo la idea de que las inversiones pueden ser perfectamente rentables y al mismo tiempo contribuir a alcanzar impactos positivos en temas sociales o medioambientales.

La definición estricta de la Inversión con Impacto consiste en un modelo de negocios en que la actividad central (el “core business”) produce por sí misma, además de una utilidad económica, un impacto social o ambiental positivo. Los accionistas exigen de sus administradores que rindan cuenta al mismo tiempo de la rentabilidad comercial y del impacto obtenido. En esto, la Inversión con Impacto es radicalmente diferente de la Responsabilidad Social Corporativa o de la Filantropía.

Bancos de inversión como la Union de Banques Suisses (UBS) o el Morgan Stanley, corporaciones como la Fundación Rockefeller, ONG’s como Swisscontact, y muchas otras instituciones, crearon órganos especializados en este tipo de inversión. Otros crearon instrumentos financieros, tales como los bonos cotizados en Bolsa bajo las siglas ESG (Environment, Social and Governance).  El Report on US Sustainable, Responsible and Impact Investing Trends 2018 afirma que los responsables de la gestión de alrededor de USD $12 millones de millones (trillions) de dólares aplican consideraciones de tipo ESG, un incremento del 38% desde el 2016. Según ese informe, los fondos ESG centrados en el cambio climático se duplicaron entre 2016 y 2018, ascendiendo ahora a USD$ 3 billones de dólares.

Utilizando un concepto restringido únicamente a las inversiones de impacto, menos genérico que el de ESG, en abril del 2019, el Global Impact Investing Network (GIIN) publicó un informe estimando que a esa fecha existían alrededor de $500 mil millones de dólares invertidos en el sector de Inversión de Impacto en el mundo. Para estos inversionistas, el índice de impacto es tan importante como el de rentabilidad. Pero para ellos, medir el impacto ambiental o social es tal vez el aspecto más difícil. El Perú tiene un considerable expertise en medición de impacto, lo que le da una ventaja sobre otros países y facilita su atractivo para este tipo de inversionistas. Pero la búsqueda o construcción de estándares internacionales de medición de impacto continúa.   

El Financial Times del 31/07/2019 da cuenta de que las firmas europeas ABN Amro, BASF, Akzo Nobel y Novartis han desarrollado sus propios sistemas de contabilidad incorporando índices de impacto. Por su parte, Sir Ronald Cohen, fundador de Apax Partners, una de las más grandes empresas europeas de capital de riesgo, se ha asociado con Harvard Business School, McKinsey y un grupo de bancos de inversión para desarrollar lo que han denominado “Impact Weighted Accounts Initiative” (que se podría traducir como “Iniciativa de Cuentas Ponderadas por Impacto”). Por el momento consideran que este concepto estará en la incubadora durante unos dos años, mientras reciben opiniones de otras 19 empresas potencialmente interesadas ya identificadas, entre las cuales figuran Infosys, Puma, Levi Strauss y Nestlé.

La misma nota del FT informa que Goldman Sachs acaba de crear el “Grupo de Finanzas Sostenibles”. Esta unidad permite tener un solo interlocutor con los clientes que invierten en  Fondos de Inversión de Impacto, ESG, u otros que persiguen una buena causa, es decir “activistas”. Según el responsable de esa unidad, lo interesante es que ésta no es una iniciativa top down de la gerencia del banco, sino de los clientes. Digamos que es una revolución desde abajo.

En conclusión, fondos de inversiones “activistas”, como les llama el Financial Times, son cada vez más numerosos, y su liquidez no es escasa. Lo que falta es hacer advocacy y tender puentes entre una buena causa, urgentísima y vital para el planeta, como es la de la reforestación o conservación de la Amazonía, y los inversionistas que puedan convertir esa actividad en un buen negocio. Esa línea de trabajo representa una gran oportunidad de estrechar aun más la comunidad de valores e intereses que une a la UE con el Perú y otros países amazónicos.

Fuente: OTCA

 

Compartir
Artículo anteriorCarlos Quenan La Educación Superior en la base de la Relación Birregional
Artículo siguienteEurobarómetro, sus cuatro criterios
Augusto Thornberry
Ministro (r) en el Servicio Diplomático del Perú. Licenciado en Relaciones Internacionales, Bachiller en Derecho, Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Delegado de la Misión Permanente del Perú ante los Organismos Internacionales en Ginebra (1980-1985), Consejero de la Embajada del Perú en Francia (1988-1992); Secretario Ejecutivo de Cooperación Técnica Internacional en el Perú (1994-95); Sub-Director (1986-88) y luego Director General de Informática del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú (2001-2002); Director Regional del MINRREE en Iquitos (2002-2003); Representante Permanente Alterno del Perú ante la ONU en Nueva York (2012-2015); Cónsul General en Barcelona, España (2003-2006) y en Hartford, Connecticut, EEUU (2015-16); Encargado de Negocios del Perú en Francia (2001) y Jefe de Cancillería en las Embajadas del Perú en Francia (1996-2000), Australia (1993) y Ecuador (2007-2009). Consultor en Cooperación Técnica Internacional, Relaciones Internacionales, Derecho Internacional Público.

1 Comentario

  1. Hola Augusto, lo que mencionas en este artículo, no solo es interesante y verdadero, es concluyente, en decir, dice a gritos que hay que trabajar desde varias puntos , para avanzar con el objetivo de aprovechar nuestra riqueza, sin embargo ,me queda una gran incógnita, habemos muchos que estamos en edad productiva sin fines de lucro económico pero si listo, en el partidor, para apoyar, mirando con responsabilidad principal dejar un legado a la generaciones que nos siguen . Qué sugieres podemos hacer YA?, ¿Cómo aportar silenciosamente en esta , reitero, gran tarea , y no ser uno más que haga una raya más al tigre y dejé que siga estacado el desarrollo natural. Gracias por la información y también por lo que puedas responder.
    Tu amigo y Promocional. Rubén Meza.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here