
El Acuerdo de Asociación entre Chile y la Unión Europea suscrito en el año 2002, ha demostrado ser un importante dinamizador de la relación bilateral entre ambas partes. En efecto, este instrumento debe ser considerado como resultado de una decisión adoptada al más alto nivel político con el objetivo de incrementar los lazos que unen a Chile y la Unión Europea, por medio del despliegue una intensa agenda de trabajo en los tres pilares que comprende el Acuerdo: Pilar Político, Pilar-Económico y Comercial y Pilar de Cooperación.
Dentro de este contexto, resulta importante relevar el carácter específico que tiene para Chile la suscripción del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. Efectivamente, este instrumento constituye también un ejercicio de ampliación y profundización en los vínculos de Chile, no ya con los países europeos individualmente considerados, sino que, pasa a configurarse como el marco regulatorio que rige las relaciones de Chile con el mayor proyecto de concertación y convergencia supranacional realizado en la historia.
Por otra parte, este Acuerdo debe ser interpretado como el claro respaldo de Europa a las políticas públicas que habían implementado los gobiernos democráticos en Chile para avanzar hacia una sociedad integrada y cohesionada. De esta forma, se puede inferir que la decisión de suscribir un Acuerdo de Asociación tan rico y diverso era la conjugación del compromiso vigente entre ambas partes por avanzar hacia una agenda de múltiples niveles y de una mayor diversidad de temas.
En los más de trece años de vigencia del Acuerdo se ha avanzado decididamente en la construcción de una vinculación privilegiada y multisectorial con la UE. Chile es considerado por la Unión Europea como un socio confiable, con una visión integral del desarrollo, una economía abierta y una sociedad cohesionada y democrática.
Es por ello que, una vez finalizada la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno CELAC-UE de 2013 -es decir habiendo transcurrido más de 10 años desde la suscripción del Acuerdo– y frente al evidente éxito alcanzado con este instrumento, Chile propuso a la Unión Europea avanzar hacia su modernización, de manera de poder instalarlo a la altura de los nuevos desafíos a los que se debe hacer frente en el mediano y largo plazo.

Esta invitación, obedecía a la constatación que era de gran relevancia transformar este instrumento, entregando nuevas dimensiones y profundizando esta vinculación hacia nuevas disciplinas. Fruto de la confianza alcanzada y a la evolución de Chile y la Unión Europea en un escenario internacional cada vez interdependiente, se puede ser más ambiciosos y establecer una mayor asociatividad, que refleje la evolución de las partes en estos más de 10 años. Chile no es el mismo del año 2002, es ahora catalogado por todos los organismos internacionales como país de renta media, es miembro pleno de la OCDE y cada día está más cerca de alcanzar el desarrollo; la UE tampoco es la misma que en el año 2002, a las sucesivas ampliaciones se suma la nueva institucionalidad comunitaria establecida en el Tratado de Lisboa.
En líneas generales, Chile entiende que el proceso de modernización del Acuerdo de Asociación debe hacerse de manera gradual y bajo similares velocidades en las materias que serán cubiertas en este nuevo instrumento.
A nivel práctico, la modernización debe cumplir el objetivo de entregar a ambas partes mayores capacidades para consolidar sus proyectos de desarrollo, fomentar la cohesión social, acercar el conocimiento y la innovación, junto con relevar el común compromiso con la gobernabilidad del sistema internacional. En suma, bajo la modernización del Acuerdo de Asociación se pretende entregar herramientas para dar mayor densidad y peso específico a la vinculación entre ambas partes, de manera tal que también sea un aporte moderno a la construcción internacional, para contribuir a lograr soluciones racionales a los desafíos que hoy enfrentamos.
Dentro de esa aproximación se pretende relevar el establecimiento de un Acuerdo vigoroso, destacando la impronta multisectorial y bajo diferentes vectores de relacionamiento bilateral. Por tanto, las ideas-fuerza respecto a la estructura que debería tener el nuevo Acuerdo de Asociación, pasan por la reformulación de los pilares hacia una denominación flexible de áreas de interés. Estas áreas deberían estar reagrupadas bajo un componente político y de cooperación y bajo otro componente económico-comercial. Bajo esta propuesta se podrán incorporar nuevas temáticas de trabajo y nuevos actores a la dinámica bilateral, configurando así un instrumento que se encuentre en concordancia con los requerimientos actuales de nuestras sociedades.
Chile y la Unión Europea se encuentran pues, en pleno proceso de identificación de la matriz que tendrá el nuevo Acuerdo de Asociación modernizado. Tras el VI de Consejo de Asociación Chile-UE, celebrado en Bruselas en abril del año pasado, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile Heraldo Muñoz y la Alta Representante para la Política Exterior y Seguridad Común de la UE Federica Mogherini, decidieron dar inicio formal al proceso de modernización del Acuerdo de Asociación. Para ello, mandataron la creación de un Grupo de Trabajo bilateral que tendría como responsabilidad liderar este proceso. A este Grupo, lo asistirían dos Sub-Grupos a cargo de establecer las propuestas respecto a la estructura y materias que cubriría el nuevo Acuerdo en los ámbitos político y cooperación y económico y comercial. Desde esa fecha, se han realizado reuniones periódicas de estos Sub-Grupos, celebradas tanto en Santiago de Chile como en Bruselas.

De estas reuniones, se puede inferir que se perciben amplias convergencias respecto a la necesidad de establecer una mayor dinamización de la estructura del Acuerdo, de manera que su gobernanza sea flexible, fomente mecanismos expeditos de concertación política y diseñe diálogos bilaterales en materias sectoriales de interés mutuo; se establezca un nuevo paradigma en materia de cooperación, que permita implementar acciones conjuntas en terceros países e incorpore la innovación y la sociedad del conocimiento como piedra angular de su trabajo; y, se facilite la ampliación de los intercambios comerciales y los flujos de inversión en ambas direcciones.
El trabajo es ahora consolidar esta mirada común bajo un documento de base, que establezca los “términos de referencia” del articulado del Acuerdo. Dicho texto consensuado, deberá ser presentado –junto a otros documentos- a los Estados miembros de la UE a objeto que el Consejo emita un mandato a las instancias comunitarias para iniciar formalmente las negociaciones del nuevo Acuerdo de Asociación, sobre la base de las recomendaciones formuladas en los “términos de referencia” ya acordados.
Hoy en día, en que la política se encuentra en la encrucijada de responder inmediatamente a los requerimientos de sociedades cada vez más complejas y el devenir de las instituciones pareciera estar constantemente en tela de juicio, la invitación a rediseñar la relación bilateral Chile-Unión Europea, incorporando de mejor manera a todos los actores sociales y las temáticas claves para construir mayor cohesión social es una demanda que debe ser escuchada por la institucionalidad política. Por tanto, el objetivo final de modernizar el Acuerdo de Asociación debe ser entendido como el paso lógico, entre dos socios que comparten una visión común de desarrollo, en vista a entregar mayores oportunidades de bienestar a nuestras sociedades.









