Hola a todos. Hoy quiero hablarles sobre un tema crucial para el futuro de nuestro país: las inversiones extranjeras directas, o IED. Hace poco escribí un artículo sobre este tema, y creo que es importante reflexionar juntos sobre cómo estas inversiones pueden transformar nuestras vidas, siempre y cuando se gestionen con altos estándares y en beneficio de todos los peruanos.
En los últimos años, Perú no ha sido un destino preferido para los inversores extranjeros. Aunque en 2022 se alcanzaron cifras interesantes, en 2023 vimos una caída preocupante. Por ejemplo, entre 2015 y 2022, las inversiones en energías renovables en América Latina se dirigieron principalmente a Brasil, Chile y México, mientras que Perú quedó fuera de esta lista, a pesar de su enorme potencial en energía solar y eólica. Esto nos muestra la urgencia de crear incentivos claros y un marco institucional que fomente la innovación y la sostenibilidad.
Pero no se trata solo de atraer inversiones. Necesitamos asegurarnos de que los inversores que lleguen al Perú cumplan con altos estándares éticos y sociales. ¿Por qué? Porque queremos que las inversiones ayuden a construir una sociedad mejor: con ciudadanos formados, con una educación de calidad, con menos corrupción y con oportunidades para todos. No podemos conformarnos con inversores que perpetúen desigualdades o que solo busquen explotar nuestros recursos sin dejar beneficios reales para los peruanos.
Por eso, es crucial que exijamos transparencia en las cuentas del Estado y en cómo se distribuyen las ganancias de estas inversiones. Estas ganancias son de todos nosotros, y deben servir para mejorar nuestras vidas y reducir la desigualdad. Crecer económicamente no puede significar dejar atrás a los peruanos. Necesitamos un programa claro de desarrollo que beneficie a nuestra gente y no solo a unos pocos.
Hagamos que las inversiones extranjeras sean una oportunidad, no una amenaza. El futuro del Perú depende de lo que hagamos hoy.






