De la soberanía satelital a la pasividad política….peruana

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El mar depredado y el uso de la tecnología como prueba

Argentina acaba de dar un paso decisivo en su nueva misión espacial SABIA-Mar, orientada al estudio del Mar Argentino, las costas, las aguas interiores y los ecosistemas oceánicos. Se trata de un Satélite de Aplicaciones Basadas en la Información Ambiental del Mar.

Inicialmente fue concebido como un satélite de observación de la Tierra con aplicaciones prioritarias para el estudio del mar y las zonas costeras; sin embargo, SABIA-Mar incorporó una actualización tecnológica en su carga útil que amplió las capacidades de la misión. Esto permitirá que, además de generar información científica y ambiental, el satélite brinde servicios estratégicos destinados a fortalecer la seguridad, proteger los recursos naturales y potenciar el desarrollo productivo. Sus instalaciones de integración y ensayo se encuentran en Bariloche, provincia de Río Negro. Su lanzamiento está previsto para el primer trimestre del 2027.

Hace unos años entrevisté al autor de El Hambre del Dragón, Agustín Barletti, quien denunciaba el insaciable hambre de los chinos: teniendo tanto mar alrededor de sus propias costas, venían hasta las costas argentinas del Atlántico y las costas peruanas del Pacífico a «sustraer» las potas en media noche. Naves de todos los tamaños trabajaban financiadas por el gobierno chino para luego transferir la mercancía a un buque naviero o nodriza situado estratégicamente fuera de las millas reglamentarias.

Bien, podríamos pensar que hay mucha hambre en China. Pero en realidad, los chinos, como todos en la vida, tienen su objetivo: ellos quieren ser los súper hombres del mañana. Lo que sustraen de nuestros mares no va directamente al plato de un ciudadano común; lo convierten en alimentación para sus peces de acuicultura e industria alimentaria que luego serán consumidos por los súper chinos del futuro. Eso es lo más escandaloso: están depredando nuestro ecosistema para sostener su propio desarrollo biomecánico y geopolítico. (Les dejo el enlace de la entrevista: https://www.panoramical.eu/birregional/conversamos-con-el-autor-agustin-barletti/).

No carece de razón que este satélite, una vez en órbita, aportará información crucial para la localización de embarcaciones, incluida la identificación de buques colaborativos y no cooperativos, como aquellos que operan sin transmitir su señal del Sistema de Identificación Automática (conocido como AIS), comúnmente no utilizado por las embarcaciones chinas para no ser detectadas.

La misión también incorporará capacidades de monitoreo nocturno. Mediante una cámara de alta sensibilidad podrá detectar luces en el mar en condiciones de oscuridad, lo que permitirá identificar los potentes focos de luz que usan para la pesca de pota, registrar patrones de actividad ilegal, apoyar el control de la pesca no reglamentada y fortalecer la vigilancia de los espacios marítimos argentinos. Esta información podrá complementar otros sistemas de observación y contribuir a la vigilancia de la Zona Económica Exclusiva Argentina y a la protección de los recursos estratégicos del país en el Atlántico Sur.

Para mayor sorpresa -en la decisión argentina de no basarse en una simple «sospecha» o en las fotos esporádicas de un avión que atravesaba el mar argentino, sino de ahora en adelante en pruebas fehacientes y científicas, pues así hay que demostrar a los chinos que sus sustracciones son reales- encontramos que el Perú ya tiene un satélite de primer nivel.

Perú: El sistema PerúSAT-1 (CNOIS)

El Perú cuenta con uno de los satélites de observación terrestre de mayor resolución óptica de la región (submétrica, hasta 70 cm), administrado por la Agencia Espacial del Perú (CONIDA) desde el Centro Nacional de Operaciones de Imágenes Satelitales (CNOIS). Aunque es un satélite multipropósito (mapeo de minería ilegal, deforestación y desastres naturales), el PerúSAT-1 tiene capacidad probada para imágenes de alta precisión en la vigilancia de la franja costera, detección de embarcaciones no autorizadas y monitoreo de la infraestructura portuaria (como la evolución del hub de Chancay).

Brasil: La constelación CBERS y el Programa Amazonia

Brasil trabaja en dos frentes: el programa histórico CBERS (China-Brazil Earth Resources Satellite) para monitoreo ambiental e hídrico, y el Amazonia-1, enfocado en la deforestación y el monitoreo costero.

Chile: El Sistema Nacional Satelital (SNSat)

Chile desplegó el FASat-Delta y una red de microsatélites con foco prioritario en el control del Pacífico Sur y la proyección hacia la Antártida, rastreando flotas pesqueras internacionales cerca de Galápagos y de su mar presencial.

Colectivos Regionales: La ALCE

Impulsada por miembros de la CELAC, la Agencia Latinoamericana y del Caribe del Espacio busca compartir datos en tiempo real sobre delincuencia transnacional y pesca no declarada sin depender de las potencias globales.

Observaciones

Ya no basta la visión terrena, ni siquiera el vuelo de un helicóptero o de un avión. El tener una estructura espacial comunicada continuamente con la tierra, que te envíe información en tiempo real, cambia radicalmente los términos de soberanía, elementos de prueba y capacidad de enfrentar amenazas incipientes. No podemos decir que requerimos de la ayuda de un tercero para resolver los problemas que nos aquejan. El libro de Agustín Barletti, en un país de lectores como es Argentina, habrá generado más de una preocupación; bien venga entonces la tecnología y manos a la obra con el satélite, hecho y puesto en marcha con propósito.

Lo lamentable es que en el caso del Perú -país cuya población aún no camina a la par de la importancia de su historia y de la riqueza natural que posee- los datos del satélite peruano al parecer no producen ningún efecto. Cada día deberían aparecer en las portadas de los diarios el estado de la deforestación por la minería ilegal o el grado de contaminación de mercurio en lagos y ríos, derivando en sanciones efectivas basadas en pruebas documentadas. Generando una sociedad civil informada capaz de rechazar rotundamente la mineria ilegal como rechazar también al terrorismo y no desviar el tema a que estamos entre dos «gigantes».

Sin embargo, teniendo nosotros una Marina de Guerra, recuerdo bien la protesta y advertencia de la Embajadora de los Estados Unidos en el Perú, Lisa Kenna, quien denunció, un sábado por la mañana -cuando la mayoría de peruanos y peruanas estaba dirigiéndose a almorzar suculentamente- que estábamos siendo depredados por embarcaciones chinas en nuestras costas. No hubo seguimiento a la noticia. Era el periodo del gobierno de Dina Boluarte, quien luego en su viaje a China fue recibida con tantos honores y dragones, como suelen recibir los chinos con esa especie de magia y sortilegio; lo suficiente para disponer la felicidad de China mientras nuestros mares siguen siendo saqueados.

Inútil ponernos como elementos de disputa entre dos potencias, China y Estados Unidos. Nosotros, los peruanos y sus instituciones -repito- no estamos a la altura del país que poseemos, ni siquiera tutelamos su soberanía. Como en el caso anterior, tuvo que ser la Embajadora la que saliera a alertarnos y, ¿saben qué? Nada hicimos.

Foto: Andina https://portal.andina.pe/edpespeciales/2018/satelite/index.html