Espero que el Presidente se quite el uniforme guerrillero y se vista de estadista, como esperamos, una oposición política cada vez más fuerte, más seria y sólida
Lamentablemente, Colombia, que cuenta con todos los recursos naturales para lograr un nivel de vida envidiable para sus ciudadanos, se hunde cada vez más en el abismo del gobierno populista – radical extremista de la era oscura, con las consiguientes protestas sociales generalizadas, la falta de credibilidad en el Estado y la discontinuidad de las políticas. La actual situación enfrenta a una oposición política heterogénea contra un régimen populista y antiliberal cada vez más autoritario–pero democráticamente elegido- con un mínimo apoyo por parte del pueblo. Se podría decir que el problema concreto de Colombia es la relativamente débil oposición política de la centro – derecha, desorganizada y poco definida, la tendencia populista del régimen en cuestión y el congreso que mayoritariamente ha tenido un rol pasivo.
El régimen petrista, el gobierno y su mayoría parlamentaria, cegados por un nacionalismo corto de miras y un fanatismo populista extremo, basado no en la democracia y en la igualdad de los seres humanos, sino en su propia interpretación de la voluntad del caudillo latinoamericano, que le da el derecho a subir los impuestos, degradar las fuerzas militares, aliarse con una dictadura represiva, etc., está siguiendo un camino que sólo puede llevar a la confrontación abierta, la desconfianza y al consiguiente sufrimiento, sobre todo para su propio pueblo. El único mensaje que sale de este gobierno es un mensaje de odio dirigidos a cualquier oposición, tanto a la oposición de la opinión pública o interna de ciudadanos individuales – intelectuales, profesores, estudiantes, mujeres activistas y sindicatos, a todo aquél que luche por las libertades y derechos democráticos – como a la oposición mucho más organizada dentro del país y más allá de sus fronteras. El Sr. Petro intenta artificialmente ganarse el apoyo masivo, a pesar de su papel de minoría violenta o incluso difundir propaganda en la que se afirma que los países democráticos apoyan su mal gobierno. Es una situación que de ningún modo podemos aceptar. Permítanme recordarles que la tarea principal de cualquier Gobierno es proteger los derechos humanos de su población civil. Este Gobierno no ha intentado ni probado nunca a hacerlo en toda su carrera. No podemos callarnos respecto a la influencia y al poder decisor del régimen en todos los ámbitos de la sociedad terminará con el aislamiento cada vez mayor de Colombia con respecto al resto del mundo. Esta política de apaciguamiento es letal, no sólo para los intereses del pueblo, sino también para todos los que deseamos la paz y la seguridad ; a veces me pregunto el grado de compromiso que tiene con la erradicación del terrorismo y la criminalidad en su propio país. Pienso que todos debemos ser conscientes de este hecho e invertir esta política. Si no lo hacemos, el futuro será muy negro, será la mayor tragedia a la que tengamos que hacer frente en el futuro inmediato. La pregunta es: ¿responderá la Presidencia Petro y los aliados a la oposición masiva internacional de protesta contra el gobierno expresada en las grandes manifestaciones pacíficas reclamando su derecho de participación en las decisiones que le afecta tan por igual a todos? En lugar de enfrentarse a esta cuestión, han hecho la vista gorda, a mirar a otro lado, y, desde luego, no contribuye a la credibilidad de gobierno ni de la propia Colombia. El Gobierno tiene una gran responsabilidad, y debemos formular nuevas exigencias.
Ha llegado la hora de que oposición política colombiana le quite la alfombra a Petro y no le apoye a él, sino a las fuerzas de reforma democrática en Colombia. Es muy bueno que la la verdadera oposición democrática no susurre cuando se trata de Petro, tiene y tendrá una enorme responsabilidad, al menos para no empeorar la situación. Gritar para ser escuchado ya no es suficiente. La verdad es que, si deseamos salvar el país del proyecto comunista, no solo debemos mostrar un frente unido, sino también debemos crear una verdadera democracia, en la que exista una única verdadera oposición y una fuerte movilización popular y capacidad de cambio del Gobierno. Es de lamentar que la oposición interna sea tan débil y esté fragmentada por cuestiones nacionalistas, por un nuevo muro, el de los intereses partidistas, los egoísmos e intereses personales, la distribución de beneficios y el conflicto de intereses y de compromisos. Debo decir, con cierto pesar, que algunos de los políticos aplican dobles raseros, en la medida en que hablan mucho más de procurar la “amistad” con dicho régimen por interés propio o la importancia de un diálogo y un compromiso (incomprensible e incompatible con la voluntad de resolver la situación) que, de la situación del continuo deterioro de la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos. La experiencia en labores de derechos humanos muestra que la libertad de oposición al régimen es un indicador importante de la situación con respecto a los derechos humanos; es una especie de prueba de fuego. Existe una correlación entre la situación de la democracia y la de la oposición. La verdadera unidad de la oposición se logrará cuando tengamos gran madurez política, un alto sentido de dignidad, de patriotismo y responsabilidad, y dedicación a los ideales del servicio a la nación. Si ignoramos este dato, solo estaremos construyendo utopías, estaremos construyendo Colombia sobre cimientos de arena.
Si el señor Petro quiere que se le tome en serio como líder progresista de una Colombia más moderna, debe garantizar que Colombia respetará sus obligaciones internacionales en virtud de las convenciones de derechos humanos. Espero que el Presidente Petro cambie de actitud y convierta su país en un verdadero gobierno civil, que comparte los objetivos de la gobernanza democrática y de un gobierno transparente y responsable, y que actúa con valentía y determinación frente a la violencia terrorista y criminal, como el único modo de responder a los retos de la sociedad. Esa es la mejor esperanza que podemos albergar para el futuro de Colombia, y es la mejor esperanza para las relaciones entre gobierno y oposición, y que el Presidente se quite el uniforme guerrillero y se vista de estadista. La mayoría de ciudadanos de Colombia quieren un país moderado, estable y democrático.






