El país que se nos escapa de las manos. Por Isabel Recavarren

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Acaba de salir publicado el libro “Operación: Argentina”, de Andrés Malamud, amigo de Panorámica, en sus entrevistas promocionales, en particular, en Radio Mitre habló del Perú.  Andrés con su habitual ráfaga de palabras y claros conceptos dijo: Cuando el gobierno dice, «Tenemos que ir hacia Perú» Perú tiene la mitad del PIB per cápita que tenemos nosotros y tiene 70% de informalidad. La macro anda bárbaro. La gente está informal. Cuando fue la pandemia, esto para mí es el dato. A ver, Perú fue el país que tuvo la cuarentena más estricta, no podía salir a la calle y tuvo la mayor cantidad de muertos porque la gente salía igual. Claro, si no tenía trabajo formal, no recibía la transferencia mensual, tenía que salir a trabajar 50% de los hogares sin heladera, tenía que comprar comida todos los días, salías y te contagiabas. Así que el modelo peruano está bárbaro para la macro, no para la gente.”

Verificando, el PIB per cápita de Argentina es 15.000 dólares, el de Perú es 9,120 dolares; con relación a la inseguridad, Argentina presenta una tasa de 3.8 a 4.5 homicidios por 100,000 habitantes, Perú tiene una tasa de 8.6 homicidios por cada 100,000 haitantes, siendo uno de los países con mayor indice de violencia en Sudamerica; en cuanto a democracia, Argentina se sitúa en la posición 54, el Perú en la posición 78. En resumen:

Tabla comparativa — Argentina / Perú 

Fuente: TMF Group + indicadores internacionales

Argentina

Perú

Macro volátil, inflación muy alta; devaluación recurrente. Macro estable; inflación baja; disciplina fiscal.
 

Economía diversificada: manufactura, agro, energía, farmacéutica, automotriz, biotecnología.

Economía concentrada: minería, agroindustria, pesca, energía, turismo.
 

Instituciones más densas; mayor enforcement judicial; tradición de litigio.

 

Instituciones frágiles; burocracia lenta; débil protección de propiedad intelectual.

Sociedad que debate; confrontación intelectual integrada. Sociedad que evita el pensamiento crítico; incomodidad ante preguntas y exigencia.
Informalidad moderada; estructura social más sólida. Informalidad masiva (70%); limita el bienestar social.
Riesgo macro alto: inflación, controles cambiarios. Riesgo operativo alto: conflictos sociales paralizan proyectos.
Cultura empresarial profunda; reuniones para discutir y conceptualizar. Cultura empresarial superficial; armonía sobre claridad.
Mercado interno grande (46 millones). Mercado interno limitado.
Oportunidades amplias: litio, energía, agro, tecnología. Oportunidades concentradas: minería, agroexportación, turismo.
Pensamiento integrado en la vida pública. Pensamiento castigado; resistencia a profundizar.
Medios con enfoque crítico y debate público intenso; la confrontación intelectual es parte de la vida cotidiana. Presencia de programas mediáticos que infantilizan el criterio, evitan la profundidad, promueven la evasión emocional y refuerzan la idea que vivir en el Perú es “vivir en un paraíso”; esto dificulta el crecimiento cultural y motiva la huida de la realidad.

 

Si tenemos a Julio Velarde que tutela los fondos peruanos, garantiza la macroeconomía. La sociedad peruana vive una decadencia social. La sociedad misma siente un arrullo que la conforma, además, la población de Lima está compuesta por tanta migración de provincia cuya situación de origen, muchas veces, es dramática, llegan a un espacio abierto que les permite recrear su situación de origen, nada los estimula a buscar la excelencia, a ciertos grupos no entrarán, pero tiene toda la ciudad, no hay punto de partida, la invaden.

La cultura no la debe hacer el Ministerio de Cultura, la hacen las fuerzas culturales de la ciudad: radio, televisión, revistas, diarios, centro de cultura, etc. ellos son los que deben movilizar a la sociedad hacerla pensar, motivarla,  no arrullarla y, menos que menos, hacerla evadir de la realidad. Parece que nadie quiere ver dónde vivimos, lo que nos rodea, la carencia de ideas, de crítica y, lo peor, la falta de iniciativas. Nos estamos contagiando de la decadencia en la cual poco a poco estamos cayendo. Es inútil pensar que las “islas de bienestar” te pueden librar de la disfunción social y económica, lo que no funciona es parte del todo, hay que “comprender” las razones mientras los índices educativos bajan, conformarse con la “gastronomía” mientras la convivencia es cada vez menos agradable. El nivel cultural roza con lo muy mediano, estamos acomunados por la inseguridad ciudadana y por la medianidad, ¿la sociedad participó en algún debate para eliminar el tráfico de la cocaína? ¿participó en la definición del terrorismo y lo condenó? ¿Puede un país seguir adelante esperando que la minería ilegal se resuelva sola? ¿así se resolverán los secuestros? ¿el sicariato?

Si los nuevos ricos de la minería ilegal y del tráfico de drogas piensan que están arriba de todo, deben asumir que han perdido dignidad humana, que corrompen la sociedad, que están eliminando el pensamiento crítico de la sociedad. Deben recibir censura ciudadana.

Si Julio Velarde ha hecho y hace su trabajo impecablemente, y si Andrés Malamud puede sentenciar que el modelo peruano no es bueno para la gente, no es tarea de Velarde mejorar la sociedad. Es tarea de las fuerzas vivas del país.

No se trata de señalar con el dedo ni de humillar a la población peruana. Se trata de tomarla en serio. Un país no mejora cuando dejamos de exigirle porque sentimos lástima por ella. Mejora cuando creemos que puede dar más y le exigimos que lo haga. Apuntemos a la educación, a la formación continuada, a la convivencia, a programas con contenido y sustento. Demos rienda suelta a nuestro criterio, a nuestro pensar, y apliquémoslo en este país que se nos escapa de las manos.