«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos». Así describe Charles Dickens a Europa en la época de la Revolución Francesa. Y es también una descripción acertada del mundo en que vivimos. La velocidad del cambio es increíble. Los desafíos, excepcionales. Por eso, al observar la Europa actual, mi conclusión es esta: el estado de nuestra Unión es más fuerte que nunca. Pero también puede percibirse como más precario que nunca.
Ambas afirmaciones pueden parecer incompatibles. Sin embargo, ambas son ciertas. Y reflejan estos tiempos excepcionales: una era compleja, de grandes posibilidades y grandes peligros, por la que todos los países tratan de navegar.
En este mundo, Europa ha decidido forjar su propio camino. Y ahora está surgiendo una Europa más fuerte e independiente.
Es una Europa que asegura su prosperidad. Que se libera de su dependencia tóxica de los combustibles fósiles rusos. Que se ha convertido en la mayor potencia comercial del planeta. Que transforma su política industrial al tiempo que preserva nuestro modelo social único.
Es una Europa más capaz que nunca de defenderse a sí misma. Que ha renovado radicalmente su enfoque para garantizar la seguridad de nuestros territorios. Que ha aumentado el gasto en defensa casi un 80 % tan solo en los últimos cinco años.
Es una Europa que se apoya mutuamente. Como hacemos al respaldar a Ucrania mientras lucha por su futuro y por nuestra libertad. O cuando defendimos a Groenlandia ante las amenazas. O cuando los drones, los ataques híbridos o la desinformación tienen a nuestras democracias en el punto de mira.
Todo esto demuestra una cosa: que Europa está ahí para los europeos. Y que, en la fría fragilidad del mundo actual, solo Europa puede proporcionar verdadera soberanía a los europeos.
Por ello, Señorías, esta es una Europa de la que podemos sentirnos muy orgullosos.
Al mismo tiempo, todos conocemos las amenazas a las que nos enfrentamos. A medida que se han deteriorado antiguas premisas y relaciones, nos encontramos ante un mundo abiertamente hostil. Una guerra de agresión territorial asola nuestro continente, y han estallado otros conflictos en las proximidades. La pugna por las capacidades industriales está configurando la competencia mundial. Y una batalla de narrativas busca socavar la confianza en Europa y paralizar nuestras democracias.
Pero las preocupaciones de la ciudadanía no se limitan a estas grandes amenazas globales. Los efectos de las múltiples crisis afectan a muchas familias europeas, especialmente en lo que respecta al coste de la vida o a la vivienda. La vertiginosa velocidad del cambio y de la tecnología está repercutiendo en nuestros empleos, nuestros medios de vida y nuestra sociedad. Y también está teniendo un profundo impacto en nuestra democracia y en nuestro discurso.
Lo vemos en el auge de los extremismos y en la pérdida de matices, incluso en la forma en que nos relacionamos unos con otros.
Estas preocupaciones reales se están utilizando como arma para dividirnos. A veces desde fuera y, con demasiada frecuencia, desde dentro. Pero nuestro camino está claro: construir una Europa independiente y con capacidad de actuación. Nada puede desviarnos de este objetivo, porque, en este mundo, el destino de Europa debe permanecer en manos de los europeos.
Así pues, nuestra elección es clara. ¿Queremos una Europa fuerte e independiente que defienda sus valores en el mundo? ¿O permitiremos que las divisiones y las dependencias nos frenen? ¿Queremos unirnos en torno a la idea europea de que juntos podemos decidir nuestro propio destino? ¿O dejaremos que nuestras democracias se vean socavadas por los agentes y títeres de regímenes autoritarios?
Ya se trate de ultranacionalistas o de antieuropeístas, de injerencia rusa o de desinformación, los nombres pueden variar, pero el objetivo es el mismo. Desprecian nuestros valores y quieren romper nuestra unidad europea. Por eso, no nos limitemos a combatir esto: luchemos juntos por nuestra idea de Europa.
Señorías,
Nuestra economía ha resistido mejor de lo esperado el impacto de las guerras en Oriente Próximo. El desempleo se sitúa cerca de mínimos históricos. Sin embargo, la presión derivada del aumento de los precios de la energía y de los costes de financiación está afectando duramente a los ciudadanos y a las empresas.
Será necesario tomar decisiones fiscales claras para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas sin dejar de proteger la inversión. Por ello, reactivar la economía europea es nuestra máxima prioridad.
Contamos con un mercado enorme, una industria y unos servicios de categoría mundial, un importante volumen de ahorro y una de las principales monedas del mundo. Y, sin embargo, seguimos fragmentando nuestro capital, nuestras redes y nuestro poder adquisitivo.
Por eso, al asumir el cargo, pusimos en marcha un plan ambicioso: construir una economía en la que la innovación y la energía fluyan más allá de las fronteras; en la que las empresas compitan y crezcan en toda Europa, y el ahorro financie nuestro futuro. Esa es la lógica que subyace en los informes Draghi y Letta. Y estamos avanzando en esa dirección. Pero debemos actuar con mayor rapidez; todas las instituciones.
Ya contamos con el acuerdo político sobre la hoja de ruta «Una Europa, un mercado». Juntos podemos —y debemos— completar esta histórica reforma del Mercado Único antes de que finalice el próximo año.
En la economía actual, la rapidez es fundamental. Un permiso o un formulario, una conexión a la red o una decisión de financiación: todo ello puede determinar dónde se realiza una inversión o dónde se crean puestos de trabajo. Necesitamos avanzar mucho más rápido. Por eso presentaremos propuestas para agilizar aún más la concesión de permisos.
Debemos acelerar enormemente los proyectos que respondan a los intereses estratégicos de Europa. Asimismo, es preciso reducir drásticamente las cargas administrativas que frenan a las empresas y a las pymes.
Saben que nuestras doce propuestas «omnibus» permitirán reducir las cargas administrativas en unos 17 000 millones de euros anuales. Pero la simplificación no puede ser una vía de sentido único; todos los niveles de gobierno deben implicarse. Hace tiempo que hablamos de los perjuicios de la «sobretransposición» normativa (*gold-plating*).
Señorías,
Es cierto que estamos haciendo todo lo posible a escala europea para reducir la burocracia. Pero creo que ha llegado el momento de que los Estados miembros den un paso adelante. Si queremos tomarnos en serio la simplificación, necesitamos también un pacto contra la sobretransposición normativa. Señorías,
Europa no puede seguir siendo una potencia industrial si sus precios de la energía son estructuralmente demasiado elevados.
Cuando Rusia cortó el suministro de gas, reaccionamos con firmeza. Ahora nuestros suministros están más diversificados y hemos invertido en nuestras propias energías limpias: las renovables y la nuclear.
Pero luego llegó el cierre del estrecho de Ormuz. Y, una vez más, sufrimos amargamente el coste de nuestra dependencia general de los combustibles fósiles importados. Desde el inicio del conflicto, la importación de combustibles fósiles nos ha costado 90.000 millones de euros adicionales, sin haber añadido ni una sola molécula de energía.
Por ello, debemos redoblar nuestros esfuerzos en favor de una energía limpia, asequible y de producción propia. Ya se trate de renovables y energía nuclear, o de biometano y otras fuentes. Con neutralidad tecnológica. Pero deben garantizarnos la independencia y reducir los precios de la energía.
Para lograr esta independencia, necesitamos electrificar Europa. Nuestro objetivo es duplicar la cuota de electricidad de aquí a 2040. Con ello, Europa podría reducir su factura de importación de combustibles fósiles en 260.000 millones de euros anuales. Pero también debemos garantizar que la electricidad que generamos esté disponible.
El año pasado instalamos más de 80 gigavatios de capacidad renovable. Sin embargo, hay seis veces más capacidad a la espera de ser conectada. Por eso necesitamos con tanta urgencia el paquete de medidas sobre las redes eléctricas.
Debemos invertir más rápido, acelerar las conexiones a la red y desarrollar sistemas de almacenamiento. En resumen: hagamos que el futuro de Europa sea eléctrico. Es una necesidad imperiosa.
Señorías,
Podemos reducir los precios de la energía, invertir e innovar más, y reformar nuestras economías. Pero todo ello se ve socavado si nuestras empresas no compiten en igualdad de condiciones.
Nuestro déficit comercial con China asciende ya a 1.000 millones de euros diarios. Hemos llegado a un punto crítico. Algunos dicen que se avecina un segundo «choque chino». Pero ya está aquí. Se percibe en nuestras comunidades y en las fábricas de toda la Unión. Provoca la desindustrialización de los núcleos industriales de Europa. Esta situación es insostenible.
Por eso mantenemos un diálogo con China para reequilibrar nuestro comercio. Pero este diálogo debe dar resultados. La menor demanda interna de China implica que también necesita nuestro mercado europeo. Por tanto, a ambas partes nos interesa colaborar para encontrar soluciones. Permítanme ser clara: utilizaremos todas las herramientas a nuestro alcance para reequilibrar nuestra relación. Las palabras están bien, pero los hechos son mejores.
Hay otro aspecto importante. Seguimos teniendo demasiadas dependencias peligrosas. Dependemos de China en más de un 80 % para muchas materias primas críticas, y en un 90 % para algunas tierras raras. Hemos avanzado mucho, pero no somos los únicos que intentan diversificar. Necesitamos abastecernos y constituir reservas con urgencia.
Ningún país puede hacerlo por sí solo; por eso debemos cambiar de enfoque. Así pues, crearemos una nueva Corporación Europea de Materias Primas Críticas. Esta entidad nos ayudará a obtener y almacenar lo que necesitamos: materiales para coches eléctricos, chips y baterías, tecnologías limpias, defensa y mucho más.
De esto no solo depende nuestra industria, sino también nuestra independencia y seguridad.
Esto me lleva a mi siguiente punto: la financiación. Para ser muy clara: nuestro presupuesto trata sobre nuestro futuro. Y cualquier presupuesto moderno necesita nuevos recursos propios.
Debemos crear las condiciones para que nuestras empresas atraigan inversión y crezcan. Por eso es tan crucial nuestra labor en la Unión de Ahorro e Inversión. Pero desarrollar los mercados de capitales lleva tiempo, y las necesidades de nuestras empresas son urgentes. Necesitamos un sistema bancario diseñado para el crecimiento, no solo para la estabilidad.
Por ello, presentaremos un nuevo paquete legislativo bancario centrado en la simplificación y en combatir la fragmentación. Sabemos que existe demanda de capital, pero necesitamos una mayor capacidad y apetito por el riesgo.
Nuestras empresas emergentes de tecnología avanzada (*deep-tech*) van camino de atraer una cifra récord de inversión de capital riesgo en 2026. Por eso anuncié el año pasado un nuevo fondo «Scaleup Europe».
Un año después, ya se han realizado las primeras inversiones en empresas como ICEYE. ICEYE fue fundada por dos jóvenes europeos: Rafał, de Polonia, y Pekka, de Finlandia. Se conocieron hace unos quince años gracias al programa Erasmus. Juntos fundaron una empresa tecnológica. Desarrollaron su idea en torno a las imágenes por satélite. Obtuvieron financiación del programa Horizonte. Demostraron la eficacia de su tecnología. Crecieron gracias a la inversión privada. Y hoy son una de las empresas de tecnología espacial líderes en el mundo, con oficinas en Finlandia, Polonia, España y Grecia.
La historia de ICEYE demuestra que Europa es la cuna de la innovación y que podemos reactivar el espíritu emprendedor europeo.
Me complace enormemente que los fundadores nos acompañen hoy. Acompáñenme a dar la bienvenida a Rafał y Pekka. Son un auténtico ejemplo de éxito europeo.
Señorías:
Estos son los fundamentos económicos de Europa. Sin embargo, nuestra prosperidad y seguridad futuras dependerán en gran medida de cómo gestionemos los puntos de inflexión de nuestra era: el cambio climático y la inteligencia artificial.
En lo que respecta al cambio climático, este verano ha sido el de la verdad. Prácticamente ninguna parte de nuestro continente se ha librado. En la región belga de los Altos Fens, una turbera formada a lo largo de siglos quedó reducida a un erial de cenizas.
Las llamas se propagaron con furia desde las montañas de Irlanda hasta las islas de Grecia y Croacia. En los Alpes, los glaciares milenarios retroceden cada día más. El impacto de todo esto es sencillamente devastador: 660.000 hectáreas arrasadas por el fuego y cerca de 12 millones de toneladas de cultivos perdidos.
Ríos clave como el Danubio, el Rin y el Garona están desapareciendo ante nuestros ojos.
Se han registrado más de 35.000 muertes adicionales durante las olas de calor. Las residencias de ancianos y los hospitales han alcanzado temperaturas peligrosamente altas. Y todo esto es solo un anticipo.
Estos han sido los meses de verano más calurosos jamás registrados, pero probablemente serán los más frescos de los años venideros.
La ciencia es clara: Europa se está calentando al doble de la velocidad media mundial. Por supuesto, la transición es compleja, y tendremos que adaptarnos y aprender sobre la marcha.
Pero no cabe duda: Europa puede, debe y mantendrá el rumbo hacia sus objetivos climáticos.
Señorías,
No se trata de elegir entre mitigación o adaptación; necesitamos ambas, y deben reforzarse mutuamente. Es la única forma de alcanzar la resiliencia climática. Pero debemos intensificar drásticamente nuestra preparación.
El mes que viene presentaremos un nuevo marco para la resiliencia climática. Identificaremos los 100 territorios más vulnerables de Europa y evaluaremos los riesgos, así como el nivel en el que deben gestionarse.
Esto nos permitirá adoptar un enfoque que abarque a toda la sociedad, llegando hasta el ámbito local, donde la adaptación es más importante. Además, el objetivo es convertir a Europa en líder en tecnologías de adaptación, un mercado emergente de enorme potencial.
Ya sea en cultivos resistentes a la sequía, prevención de inundaciones o sistemas de refrigeración energéticamente eficientes, Europa ya ocupa una posición de liderazgo. Y debemos aprovechar este mercado.
Hoy en día, solo alrededor del 25 % de las pérdidas derivadas de catástrofes en Europa están cubiertas por seguros privados. Esto significa que, con demasiada frecuencia, los presupuestos nacionales acaban actuando como aseguradores de última instancia.
Debemos tomar medidas para cerrar esta brecha. Por ello, la Comisión creará una Alianza de Seguros Climáticos.
Señorías,
No podemos permitir que se repita lo ocurrido este verano. Por eso presentaremos también, en breve, un plan europeo frente a las olas de calor. Necesitamos mejores sistemas de alerta temprana y una mejor preparación sanitaria. Necesitamos adaptar las zonas urbanas y mejorar la refrigeración. Y debemos apoyar a los más vulnerables.
El segundo punto se refiere a la seguridad hídrica y alimentaria. Conocemos los riesgos que la escasez de agua entraña para nuestros agricultores, la energía y las cadenas de suministro. Sin embargo, en las tuberías europeas se pierde casi uno de cada cuatro litros, principalmente debido a fugas. Es un desperdicio enorme. Por ello, presentaremos una nueva iniciativa europea sobre el agua. Porque el agua es un bien preciado: para nuestra industria y para nuestra seguridad alimentaria.
Los cultivos necesitan agua para crecer, y el ganado, para sobrevivir. Cosechas enteras dependen de ella. Por eso presentaremos propuestas para mejorar la gestión de riesgos y abordar la brecha en materia de seguros.
Una vez más, los agricultores europeos han estado a la altura del desafío que supone este verano interminable.
Señorías,
Los agricultores europeos son los mejores del mundo. Y los apoyaremos en cada paso del camino.
El siguiente punto trata sobre los incendios forestales. Son cada vez más intensos, frecuentes y extensos.
Me siento muy orgullosa de la respuesta de Europa; de nuestros medios europeos desplegándose por todo el continente. Pero, claramente, debemos pensar a mayor escala y aprender más rápido.
Por ello, hemos pedido a algunos de los jefes de bomberos y equipos de emergencia más experimentados de Europa que lideren esta labor. Analizarán todos los aspectos de la preparación y la prevención: desde la coordinación civil-militar hasta las necesidades de nuevas capacidades. Y les he solicitado que presenten propuestas, incluida la creación de una futura flota europea de extinción de incendios.
Nuestros equipos de emergencia han salvado innumerables vidas y hogares tan solo este año. Y quisiera contarles una historia: la de un piloto danés, Rune Kyndal.
Su pasión por volar le llevó a recorrer el mundo. Se estableció en una pequeña ciudad canadiense llamada Terrace y llegó a ser uno de los pilotos civiles más experimentados del país. Sin embargo, Rune quería poner su talento al servicio de una misión mayor. Por eso regresó a Europa para ayudar a combatir los incendios forestales en nuestro continente.
En julio, llevó a cabo numerosas misiones con éxito en Grecia. Le correspondía entonces un merecido descanso, pero la emergencia estaba en su punto álgido. Así que Rune decidió quedarse.
Pocos días después, sufrió un trágico accidente junto con su oficial de enlace de extinción de incendios.
Tanto Rune como el oficial perdieron la vida. Murieron como héroes.
He pedido a la madre y a los hermanos de Rune que nos acompañen hoy como invitados especiales.
Estimada Margit, estimado Tue, estimado Kaare:
Es un honor contar con su presencia. Rune dio su vida para salvar a otros. Hoy, toda Europa está en deuda con él.
Señorías,
El segundo punto de inflexión de nuestra era es la inteligencia artificial.
La IA se está convirtiendo rápidamente en un pilar fundamental de nuestra economía y nuestra seguridad. La postura de Europa es clara: queremos aprovechar al máximo la IA para mejorar nuestra sociedad, nuestra calidad de vida y nuestra productividad.
Soy optimista respecto al potencial de la IA para beneficiar a la humanidad, siempre y cuando sepamos gestionarla adecuadamente. Sin embargo, como ocurre con cualquier tecnología nueva y poderosa, la IA conlleva un equilibrio entre posibilidades y riesgos. Si no abordamos estos riesgos, nunca podremos aprovechar todo el potencial de la IA.
A medida que los modelos de vanguardia adquieren mayores capacidades, estos riesgos se han hecho más evidentes.
Los modelos que se están desarrollando permitirán realizar ciberataques a un nivel que nunca imaginamos posible. Y pronto estarán en manos de adversarios que perciben el mundo de manera muy distinta a nosotros.
Al mismo tiempo, se hacen cada vez más patentes los peligros que entrañan los modelos capaces de automejorarse.
Los incidentes en los que agentes de IA escapan de su entorno o introducen código malicioso son solo una muestra de lo que puede ocurrir. Tras el incidente de HuggingFace, los desarrolladores han dado la voz de alarma. Y los directores ejecutivos de las empresas más avanzadas nos dicen que ha llegado el momento de frenar el ritmo de desarrollo de los modelos autorrecursivos; de moderar el avance en la frontera tecnológica.
Si quienes desarrollan esta tecnología lo tienen claro, nosotros también deberíamos tenerlo. La Ley de IA es, por supuesto, una pieza clave para establecer salvaguardias. Además, sitúa a Europa en una posición privilegiada para orientar los esfuerzos mundiales a la hora de abordar esta cuestión.
Por ello, intensificaremos nuestra colaboración con socios afines, como Canadá, el Reino Unido y otros países. Queremos unir fuerzas en ámbitos como la evaluación y verificación de modelos, los sistemas de alerta temprana, la seguridad de la IA y muchos otros.
Asimismo, invitaré a los principales laboratorios que trabajan en la frontera tecnológica a debatir cómo podemos apoyar los esfuerzos que ya realiza el sector para moderar el ritmo de avance.
Señorías:
También es cierto que Europa necesitará sus propias capacidades, especialmente para proteger nuestra seguridad nacional.
Debemos mantenernos en la carrera, ya que esto es crucial para nuestra independencia. Por tanto, necesitamos aumentar considerablemente nuestra capacidad de computación. Expondremos nuestras ideas sobre cómo lograrlo de manera limpia y eficiente.
También desarrollaremos nuevas formas de utilizar fondos públicos y privados para invertir en las empresas emergentes y compañías europeas más prometedoras.
Señorías:
Al limitar los riesgos de la IA, podemos maximizar sus beneficios. Ya hemos avanzado mucho, por ejemplo, en materia de gigafactorías y soberanía tecnológica. Pero la siguiente etapa de esta carrera no se limita a los modelos de vanguardia. Ocurrió lo mismo en su día con la imprenta. Fue inventado por un inventor alemán, pero se perfeccionó y aplicó en toda Europa Occidental.
No necesitamos ser quienes desarrollen la tecnología de vanguardia para ser quienes obtengan el mayor valor de ella. La clave está en crear el valor que la IA aún no ha aportado: trasladar la IA de la pantalla a la economía y la sociedad reales. A la planta de producción. A las salas de los hospitales. A la agricultura de precisión. A nuestras redes energéticas. A las redes inteligentes. A la conducción autónoma. A la defensa.
Aquí es donde reside el verdadero valor. Y es aquí donde Europa cuenta con grandes ventajas. Disponemos de industrias de talla mundial que poseen datos de la más alta calidad. Estos datos son un valioso tesoro europeo; son los que pueden impulsar modelos de IA industrial hechos a medida.
Permítanme ponerles un ejemplo social. Tomemos el caso de la detección del cáncer de mama, una cuestión por la que muchos de ustedes han hecho campaña incansablemente. Las mamografías de cribado reducen la mortalidad entre un 30 % y un 40 % en las mujeres que se someten a ellas. La detección precoz es fundamental. Aquí es donde la IA puede intervenir.
Las mamografías asistidas por IA permiten identificar más casos de cáncer y hacerlo de forma más temprana durante el cribado. Como resultado, más mujeres pueden sobrevivir. Por tanto, necesitamos la IA para la salud. Pero, una vez más, debemos hacerlo a la manera europea.
¿Quiero que mi médico tenga acceso inmediato, mediante IA, a todos los datos necesarios para tomar la mejor decisión sobre el diagnóstico o el tratamiento? Sí, por supuesto. Pero ¿quiero que mi médico sea un robot asistido por IA? No, claro que no. No quiero que un robot me diga si tengo cáncer o no.
La cuestión es que la IA debe empoderar a nuestros médicos, no sustituirlos.
Este es solo un ejemplo. Actualmente nos estamos centrando en cinco de los sectores de mayor valor, donde la IA industrial tiene un enorme potencial y disponemos de datos: salud, transporte, agroalimentación, fabricación avanzada, y defensa y espacio.
En noviembre anunciaremos iniciativas revolucionarias en estos sectores.
Invitaremos a los Estados miembros, a los diputados al Parlamento Europeo, a la industria y a los emprendedores a unirse a nosotros en este ambicioso proyecto europeo.
Nuestro enfoque es claro. Queremos IA. Queremos que la IA genere más valor y lo haga de forma más responsable. Y a menor coste y con un menor consumo de energía. Pero, sobre todo, queremos una IA que respete la capacidad de decisión humana. Esta es la esencia del modelo europeo.
Señorías,
Muchos de los riesgos asociados a la IA repercuten también en nuestra economía social de mercado. Para algunos, la IA permite acelerar tareas repetitivas y aprovechar mejor sus competencias. Sin embargo, es evidente que estos beneficios se distribuyen de forma desigual entre distintos niveles de cualificación, generaciones y regiones.
Pensemos en los jóvenes y en los obstáculos a los que se enfrentan tan solo para acceder al primer peldaño del mercado laboral.
Nuestra respuesta debe estar a la altura. Desde la educación hasta el empleo, la IA debe contribuir a desarrollar competencias, mejorar la calidad de los puestos de trabajo y ofrecer a los trabajadores oportunidades justas.
Por eso necesitamos nuestra Ley de Empleos de Calidad. Y la presentaremos antes de que acabe el año. Señorías,
El año que viene celebraremos el décimo aniversario de nuestro Pilar Europeo de Derechos Sociales. Y seguiremos cumpliendo la promesa que conlleva.
Invertiremos en nuestras regiones para que todos tengan el «derecho a permanecer» en ellas. Pondremos en marcha un Pacto Europeo de Cuidados para afrontar los retos derivados de los cambios demográficos.
Acabamos de proponer la primera ley sobre vivienda para combatir los alquileres de corta duración y la especulación inmobiliaria.
Porque, Señorías, permanecer en la propia región no es un privilegio. Los cuidados no son un privilegio. La vivienda no es un privilegio. Son derechos. Y debemos garantizárselos a los europeos.
Cuando proclamamos este Pilar de Derechos Sociales hace diez años, el mundo era distinto. Nuestra sociedad ha cambiado. En muchos aspectos para mejor; en otros, no.
Hoy, nuestros valores fundamentales se ven cuestionados. Hay quienes incluso quieren hacer retroceder los derechos de las mujeres; devolvernos a una época en la que las mujeres eran ciudadanas de segunda clase.
Hemos luchado con ahínco por la igualdad de trato, la igualdad de oportunidades y la igualdad salarial.
Miren a su alrededor en esta sala. Por fin somos muchas aquí: presidentas, vicepresidentas, jefas de grupo, comisarias, diputadas, personal y ujieres.
Permítanme, pues, lanzar un mensaje muy claro: las mujeres hemos llegado para quedarnos. Defenderemos nuestros derechos. Y seguiremos defendiendo nuestros valores cada día.
Por eso, junto con mi querido amigo António Costa, organizaremos una cumbre para reafirmar los principios perdurables de nuestro Pilar Social.
Los tiempos pueden cambiar, las tecnologías pueden cambiar, pero nuestros valores no. En Europa, las personas siempre serán lo primero.
Señorías,
En esta era de puntos de inflexión, nuestra prosperidad y seguridad no se construirán únicamente en casa.
Este año hemos firmado acuerdos de libre comercio con la India, el Mercosur, México, Australia e Indonesia.
Ya tenemos acuerdos comerciales en vigor con más de ochenta países: más que nadie en el mundo. Y el sector empresarial nos pide más.
Hoy puedo anunciar un nuevo proyecto de conectividad internacional. Conectará directamente el Cáucaso Meridional y Asia Central con el mercado europeo: lo que llamamos el Corredor Central. A través de Global Gateway, aspiramos a movilizar hasta 12.000 millones de euros en inversiones públicas y privadas. Nuestro objetivo es diversificar las rutas, triplicar los flujos comerciales y reducir drásticamente los tiempos de tránsito de mercancías para 2030.
Para hacerlo realidad, organizaremos una Cumbre sobre Conectividad Regional junto con el primer ministro de Bulgaria.
Señorías,
Estas asociaciones representan una elección estratégica para Europa. Pero también responden a la fractura del sistema internacional basado en normas.
Para algunos, la respuesta es actuar en solitario. Pero esa no es una opción para nosotros. Europa siempre liderará la defensa del sistema basado en normas. Sin embargo, ya no podemos confiar en él como la única vía para salvaguardar nuestros intereses, ni asumir que sus reglas nos protegerán de las complejas amenazas a las que nos enfrentamos.
En este nuevo mundo, debemos replantearnos urgentemente nuestras asociaciones y construir coaliciones globales en favor de nuestra resiliencia y nuestras democracias.
Y, en este ámbito también, solo Europa —con su dimensión y su peso— puede asumir el liderazgo.
Por eso he invitado hoy aquí al Primer Ministro de Canadá, Mark Carney.
Mark, tu presencia aquí simboliza la amistad duradera entre nuestros pueblos. Nuestros vínculos culturales, históricos y personales están profundamente arraigados en el tejido de nuestras sociedades.
Gracias al CETA, nuestro comercio de mercancías ha crecido un 75 % en menos de una década.
Esto demuestra el potencial de nuestros acuerdos comerciales. Compartimos una misma visión del mundo: desde la inteligencia artificial hasta el cambio climático, pasando por el Ártico y la geopolítica. Y hemos permanecido unidos en cuestiones como Ucrania, la defensa, las materias primas y las cadenas de suministro.
Pero, ante todo, querido Mark, Europa y Canadá creemos en la democracia.
Creemos que el poder no pertenece al más fuerte, al más rico ni al que más grita, sino a todos nosotros; que las democracias tienen la libertad de elegir con quién colaborar.
Por ello, unimos nuestras fuerzas voluntariamente. Pasaremos del CETA a una Alianza para el Futuro, con el fin de crear un espacio de prosperidad común y seguridad económica. Trabajaremos en la fabricación inteligente. Crearemos una alianza tecnológica. Integraremos nuestras bases industriales de defensa. Convertiremos el Ártico en un proyecto conjunto emblemático. Colaboraremos en materia de energía, minerales críticos y baterías, así como en inteligencia artificial, tecnologías cuánticas, ciberseguridad y seguridad económica.
Se trata de una asociación que no se dirige contra nadie, sino que busca fortalecer nuestra capacidad común.
En definitiva, queremos elevar la relación con Canadá al máximo nivel posible.
Querido Mark,
He dicho que debemos replantearnos urgentemente nuestras asociaciones. Por ello, me gustaría trabajar con ustedes para abrir la puerta a que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la UE.
Compartimos un océano, unos mismos valores y una misma forma de ver el mundo. Y ahora construiremos también nuestro futuro común; gracias por estar aquí.
Señorías:
La apuesta de Europa por la cooperación siempre ha estado impulsada por la paz. Es nuestra razón de ser.
Hoy, esa paz está amenazada. La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania continúa con gran intensidad. Y las amenazas se multiplican en nuestro propio territorio. En la última semana lo hemos visto en Dinamarca, Lituania y Polonia. El intento de ataque con drones en Leipzig es una prueba más. Debemos tener claro de qué se trató: un ataque con material de uso militar, perpetrado por agentes rusos en suelo europeo.
Un ataque no solo contra un Estado miembro, sino contra toda nuestra Unión.
Y, señorías, no lo permitiremos.
No debemos hacernos ilusiones sobre lo que está ocurriendo: las amenazas híbridas a las que se enfrenta Europa son cada vez menos híbridas y cada vez menos simples amenazas.
Ciberataques y sabotajes, incendios provocados e incursiones con drones. Su frecuencia aumenta día a día. Por tanto, a medida que crece el nivel de amenaza, debe aumentar también la preparación de Europa.
Por eso propondré, junto con el Alto Representante y Vicepresidente, una nueva estrategia europea de seguridad.
Ya disponemos de muchas herramientas y estamos reforzando nuestra colaboración con la OTAN. Sin embargo, nuestra doctrina, nuestras instituciones y nuestros mecanismos de toma de decisiones no han evolucionado al ritmo de la nueva realidad.
Nuestros sistemas se diseñaron para un mundo diferente. Se basan en intentos bienintencionados de alcanzar consensos y acuerdos. Pero debemos plantearnos si siguen siendo adecuados para los fines actuales.
Por ejemplo, Europa necesita su propio manual de actuación frente a amenazas híbridas. Necesitamos urgentemente un consenso sobre cómo responder a determinados incidentes: aquellos que no llegan a constituir una agresión armada, pero que amenazan claramente nuestra seguridad nacional. En otras palabras, un mecanismo complementario al «Artículo 4» de la OTAN.
Creo que ha llegado el momento de que Europa cuente con su propio «Artículo 4», o un protocolo de seguridad de emergencia. Si un Estado miembro lo activara, todos los Estados miembros se reunirían para coordinar una respuesta europea, disuadir de una mayor escalada y mitigar el impacto. Y creo que debemos ir aún más allá.
Desde hace tiempo venimos debatiendo sobre un formato de líderes centrado en la seguridad de nuestro continente, que incluya a socios como Canadá, Noruega, Ucrania, el Reino Unido y otros.
Esto resulta aún más urgente ahora, dada la naturaleza y la magnitud de los riesgos en juego. Por ello, expondremos nuestras ideas para hacer realidad un Consejo de Seguridad Europeo.
La urgencia es evidente.
Señorías,
Este frente unido también impulsa nuestra labor en materia de defensa europea.
El aumento del gasto en defensa ha conducido a niveles récord de inversión en nuestras capacidades y fuerzas.
Se están poniendo en marcha nuevos proyectos conjuntos. Y estamos invirtiendo más recursos europeos que nunca. Eso es positivo.
Pedidos más cuantiosos para nuestra industria, mayor interoperabilidad y más economías de escala. Ahora debemos llevar este enfoque al siguiente nivel.
La guerra en Ucrania nos ha demostrado la importancia de los medios estratégicos habilitadores. Se trata de los activos de apoyo críticos y multiplicadores de fuerza de los que depende cualquier defensa creíble: desde la defensa aérea y antimisiles hasta el transporte estratégico y el reabastecimiento en vuelo; desde el espacio hasta el ciberespacio.
Estos sistemas son esenciales y necesitamos más de ellos. Solo unida cuenta Europa con la escala necesaria para suministrarlos.
Por ello, puedo anunciar un nuevo Instrumento Europeo para Medios Estratégicos Habilitadores, plenamente alineado con la OTAN. Porque solo una postura de defensa europea sólida y creíble garantizará nuestra seguridad.
Y que no quepa la menor duda: Europa defenderá todos y cada uno de los metros cuadrados de su territorio.
Señorías,
Los hombres y mujeres de Ucrania nos demuestran cada día lo que eso significa.
Sabemos que el próximo invierno será duro para Ucrania. Pero también sabemos que los misiles norcoreanos y los drones rusos no pueden quebrantar el espíritu de resistencia ucraniano.
Porque el pueblo de Ucrania lucha por una causa. Lucha por la supervivencia de su país, por su identidad y por su libertad.
Y lucha también por nuestra libertad y nuestra autodeterminación.
Nuestra tarea sigue siendo apoyar a Ucrania en la medida de nuestras posibilidades.
En términos concretos, esto significa lo siguiente: en primer lugar, que ofreceremos a Ucrania el mayor apoyo de nuestra historia durante el invierno más duro de la guerra. Junto con nuestros socios, proporcionaremos ayuda humanitaria y reforzaremos el suministro de energía y calefacción en Ucrania.
En segundo lugar, reforzaremos las defensas aéreas de Ucrania. La semana pasada aprobamos, por primera vez, la compra de misiles interceptores estadounidenses Patriot. Ahora es preciso entregarlos con urgencia.
Pero también debemos reducir conjuntamente nuestra dependencia de un único proveedor.
Por eso queremos desarrollar, junto con Ucrania, un sistema de defensa antimisiles modular y asequible. En el centro de esta colaboración se encuentra el proyecto Freya. Aquí aunamos la experiencia de combate y el espíritu innovador de los ucranianos con el liderazgo tecnológico de Europa. Y, por supuesto, con nuestra considerable capacidad de producción.
Pero Freya es solo el comienzo. Hace falta más. Utilizando los fondos restantes de SAFE, pondremos en marcha un nuevo programa de proyectos conjuntos con empresas ucranianas.
En tercer lugar, endureceremos las sanciones contra Rusia.
Es preciso seguir presionando a Rusia. Lo que se necesita no son necesariamente nuevas sanciones, sino, ante todo, garantizar el cumplimiento de las ya existentes.
Nuestras sanciones están surtiendo efecto. Ejercen una enorme presión sobre la economía rusa. Rusia hace todo lo posible por eludirlas, por lo que debemos cerrar cualquier vacío legal.
Porque, señorías:
Cada día de este verano, las ciudades ucranianas sufrieron ataque tras ataque.
En Odesa, drones rusos impactaron contra un centro comercial abarrotado a plena luz del día. Luego lanzaron un segundo ataque, dirigido deliberadamente contra los equipos de rescate que habían acudido a ayudar.
Esto no es solo guerra; es una estrategia deliberada de terror.
Pero los ucranianos han demostrado innumerables veces que su espíritu es inquebrantable. Y este verano, una niña pequeña mostró al mundo entero la verdadera esencia de esa fortaleza.
Cuando comenzó la guerra, Sasha era una niña de seis años con una gran pasión: amaba la gimnasia por encima de todo. Pero, en un día soleado de mayo, un misil ruso impactó contra su casa. Sasha fue rescatada de entre los escombros. Pasó dos semanas en coma. Al despertar, descubrió que había perdido su pierna izquierda para siempre. Parecía que su sueño se había derrumbado junto con su hogar.
Sin embargo, Sasha se negó a rendirse. Apenas siete meses después del ataque, regresó al gimnasio con su nueva prótesis. Entrenó más duro que nunca y empezó a ganar medalla de oro tras medalla de oro.
Este verano ha recorrido el mundo con su gira «Danza de la Libertad». Su objetivo es transmitir al mundo la resiliencia ucraniana en la lucha por la libertad. Ha inspirado a personas en la Torre Eiffel y en Times Square, en Río y en Tokio.
Y hoy quiere traer su mensaje aquí mismo, al corazón de Europa.
Señorías, acompáñenme a dar la bienvenida a Sasha.
Eres una gran fuente de inspiración para todos nosotros. ¡Gloria a Ucrania!
Señorías,
El anhelo de paz es universal. El profundo sufrimiento en Gaza y la violencia desenfrenada de los colonos en Cisjordania han afectado profundamente a los europeos.
La decisión del Gobierno israelí de impulsar el proyecto ilegal de asentamiento E1 es inaceptable.
El año pasado pedí a Europa que actuara y propuse una serie de medidas.
Resulta doloroso para muchos europeos que los Estados miembros no hayan logrado reunir las mayorías necesarias para una respuesta unificada. Algunos Estados miembros han dado pasos adelante. Otros están considerando hacerlo.
Cuando Europa está dividida, no puede cambiar el curso de los acontecimientos.
Los próximos meses serán cruciales en la región. A pesar de estos desafíos, Europa lidera el apoyo a los palestinos.
Hemos proporcionado más ayuda que nadie. A través del Grupo de Donantes para Palestina y la iniciativa «Equipo Gaza», hemos reunido a 65 delegaciones. Juntos nos hemos comprometido a aportar cerca de 1.000 millones de euros para reconstruir Gaza y apoyar a una Autoridad Palestina moderna.
Europa apoya el derecho de Israel a la legítima defensa. Y el pueblo palestino tiene el mismo derecho a vivir con seguridad y dignidad.
El papel de Europa consiste en mantener viva la llama de la solución de dos Estados.
Señorías,
A lo largo de este discurso, he hablado de la necesidad de que Europa actúe unida, so pena de desintegrarse.
Una vez más, este verano, esta realidad se ha puesto a prueba en nuestras fronteras.
Desde nuestras fronteras orientales hasta las costas de Creta y a lo largo de todo el Mediterráneo. Y, por supuesto, con la crisis de Ceuta. Estos sucesos son de distinta naturaleza, pero tienen dos cosas en común. La primera es que se explota a personas vulnerables: por parte de traficantes y contrabandistas sin escrúpulos, y por parte de nuestros adversarios. Por eso hemos propuesto un régimen de sanciones para golpear a los delincuentes donde más les duele.
Esto me lleva a mi segundo punto.
Todas nuestras fronteras exteriores son fronteras europeas. Por ello, quiero dirigirme directamente al pueblo español.
La frontera de Ceuta es una frontera europea. Porque Ceuta es España. Ceuta es Europa. Y Europa estará a vuestro lado.
La cuestión es que la única solución posible es una solución europea. Y esa solución es el Pacto sobre Migración y Asilo.
Tras años de trabajo, por fin contamos con un marco europeo común. Un sistema que asigna responsabilidades a todos y que exige solidaridad por parte de todos. Y que ahora debe aplicarse plenamente.
Vamos por buen camino. Hemos logrado una reducción del 55 % en las llegadas irregulares en los últimos dos años, y un descenso adicional del 35 % este año. Se trata de un avance real.
Sin embargo, los acontecimientos de este verano demuestran que nuestras herramientas deben evolucionar, especialmente para hacer frente a situaciones de emergencia. Europa necesita los medios para proteger sus fronteras en todo momento, sobre todo ante escenarios en los que se provocan y utilizan como arma movimientos masivos de personas. Por ello, propondremos un nuevo Marco Europeo de Respuesta a Emergencias.
Este mecanismo solo se activará bajo criterios estrictamente definidos y, en tales casos, permitirá una flexibilidad limitada en el tiempo y claramente acotada respecto a los procedimientos habituales.
El mensaje de Europa es claro: siempre respetaremos nuestros valores y derechos fundamentales, pero nunca renunciaremos a proteger nuestras fronteras. Somos nosotros, los europeos, quienes decidimos quién llega a nuestra Unión y bajo qué circunstancias, y no los traficantes ni las redes de contrabando.
Por este motivo, intensificaremos también nuestra labor para reforzar Frontex, especialmente con el fin de agilizar los retornos. Mejoraremos nuestros sistemas de alerta temprana, incluso en colaboración con terceros países; garantizaremos nuestra capacidad de detección y anticipación en el ámbito digital; y, por último, seguiremos abordando las causas profundas de la migración irregular.
Debemos colaborar con nuestros vecinos para impulsar la inversión y ofrecer a los jóvenes perspectivas reales, de modo que no se vean obligados a jugarse la vida. Necesitan empleos, competencias, formación y programas de aprendizaje.
Por eso anuncio hoy una nueva iniciativa mediterránea para el empleo y las competencias de los jóvenes.
Señorías:
Así es como podemos reducir la migración irregular, defender los derechos de quienes buscan protección, facilitar una migración segura y legal mediante nuevas oficinas de acceso en los países socios y salvaguardar las libertades de nuestro espacio Schengen.
Señorías:
La necesidad de soluciones europeas conjuntas es más importante que nunca, ya que nuestra democracia europea también se encuentra amenazada.
Una y otra vez hemos sido testigos de cómo la desinformación y las injerencias extranjeras intentan dividirnos, erosionar la confianza en nuestro tejido democrático y en los medios de comunicación libres. Campañas electorales envenenadas por propaganda extranjera y teorías conspirativas alimentadas por vídeos virales de *deepfake*.
Estamos ante una guerra cognitiva. En Europa, formamos nuestras propias opiniones basándonos en el acceso a información fiable e independiente. Así es como debatimos, alcanzamos acuerdos y encontramos soluciones, incluso en cuestiones controvertidas. Esta apertura es nuestra mayor fortaleza. Sin embargo, nuestros adversarios la están utilizando como arma para distorsionar el debate y la verdad.
Estamos ante una guerra cognitiva. En Europa, formamos nuestras propias opiniones basándonos en el acceso a información fiable e independiente. Así es como debatimos, llegamos a acuerdos y encontramos soluciones, incluso en cuestiones controvertidas. Esta apertura es nuestra mayor fortaleza. Sin embargo, nuestros adversarios la están utilizando como arma para distorsionar el debate y la verdad.
Por ello, necesitamos una capacidad colectiva para anticiparnos, detectar amenazas y responder. Esa es la razón por la que, el año pasado, anuncié la creación del Centro para la Resiliencia Democrática. Este centro ya está dando resultados en colaboración con todos los Estados miembros y con esta Cámara. Muchas gracias por ello. Intensificaremos nuestra labor aunando recursos con los Estados miembros y las partes interesadas.
Pero no debemos hacernos ilusiones. Las amenazas a nuestras democracias no provienen únicamente del exterior. Somos testigos del auge de fuerzas antidemocráticas y antieuropeas. Y conocemos los riesgos.
No obstante, nada es inevitable. Basta con mirar a Hungría.
La fecha del 12 de abril permanecerá en nuestra memoria durante mucho tiempo. Fue el día en que el pueblo húngaro tomó las riendas de su futuro. Eligieron la democracia. Eligieron Europa. Devolvieron a Hungría al lugar que le corresponde: el corazón de nuestra Unión.
Se ha empezado a revertir el retroceso acumulado durante años. La lucha contra la corrupción y la captura del Estado se está acelerando. Se observan avances reales en materia de derechos fundamentales y libertad académica. Y ahora se han desbloqueado miles de millones de euros de inversión para Hungría.
Por supuesto, queda mucho trabajo por delante. Pero esto demuestra que el esfuerzo da sus frutos.
Gracias a nuestros informes sobre el Estado de Derecho, ahora es posible detectar a tiempo cualquier problema y abordarlo mediante el diálogo.
Y, gracias a esta Cámara, hemos reforzado el vínculo entre la asignación de fondos y el respeto al Estado de Derecho.
Con el próximo presupuesto a largo plazo, debemos ir aún más lejos. El respeto al Estado de Derecho y a los derechos fundamentales es un requisito indispensable para acceder a los fondos de la UE. Debe ocupar un lugar central en el presupuesto, tanto ahora como en el futuro.
Señorías:
En esencia, la democracia consiste en dar a las personas el poder de elegir la sociedad en la que desean vivir.
Hoy en día, gran parte de ese poder ha escapado de las manos de los padres. Los jóvenes europeos pasan entre cuatro y seis horas diarias frente a las pantallas. Los niños se ven cada vez más atrapados en flujos de contenido diseñados para mantenerlos desplazando la pantalla continuamente. Lo que estamos presenciando es una gran captura de nuestros hijos. Una captura de su atención, de su concentración, de sus mentes. Esto está privando a los niños de su infancia.
Lo que nuestros hijos necesitan es tiempo para desarrollarse como personas. Para crecer junto a otros. Para enfrentarse a todas las emociones y decisiones que conlleva la vida real. Incluso necesitan tiempo para aburrirse. Porque es entonces cuando tienen que usar su imaginación. Cuando tienen que hablar, ponerse de acuerdo o discrepar, formarse una opinión y cambiarla.
Pero cuando un niño tiene un teléfono inteligente, todo esto se pierde.
Día y noche, los padres ven las consecuencias: falta de sueño, ansiedad e incluso autolesiones.
Y, en un número creciente de casos, incluso tragedias mortales. Como la de Oléa, una chica de 14 años que vivía en Bélgica.
Oléa se quitó la vida hace exactamente un mes, víctima del acoso en línea.
La historia es tan trágica y dolorosa que no estaba segura de si debía incluirla.
Pero la madre de Oléa ha hablado de su hija de manera muy conmovedora. Y con gran pasión sobre la necesidad de evitar que esto les ocurra a otros.
Quiero hacer justicia a sus palabras, así que hablaré en francés, tal como lo hizo ella.
«Estoy convencida de que, sin estas redes omnipresentes, mi hija seguiría aquí. Es demasiado».
Señorías:
Ella tiene razón. *C’est trop*. Ya basta.
Convoqué un grupo especial de expertos. Hablamos con jóvenes. Observamos lo que han hecho Australia y otros países que han avanzado en este ámbito. Y ahora ha llegado el momento de que Europa actúe.
Mañana, la Comisión propondrá la Ley de la UE para los Niños (EU KIDS ACT). Adoptaremos un enfoque gradual y diferenciado. Cada edad tiene sus propias sensibilidades y, por tanto, cada una contará con un nivel de protección adaptado a ella.
Nada de redes sociales antes de los 13 años. Nada de cuentas personales antes de los 15 años.
Esto significa que, desde los 13 hasta que el niño cumple 15 años, solo se permitirán «minicuentas» creadas y supervisadas por los padres o tutores, con funciones limitadas y una restricción de tiempo de una hora al día. Y, entre los 15 y los 18 años, el diseño seguro será una obligación para las plataformas. Soy consciente de que muchos perciben el poder de las grandes empresas tecnológicas como abrumador. Y como algo imposible de revertir.
Yo no estoy de acuerdo.
No tenemos por qué aceptar características adictivas. No tenemos por qué aceptar que se atraiga a los niños hacia contenidos cada vez más extremos. No tenemos por qué aceptar que se utilicen las fotos de las niñas para crear imágenes sexualizadas mediante inteligencia artificial.
Por eso, vamos a invertir la carga de la prueba.
Las plataformas tendrán que demostrarnos que son seguras. Porque no se trata de que nuestros menores accedan a las redes sociales. Se trata de cuándo y cómo permitimos que las redes sociales accedan a los menores.
Europa tiene el poder de actuar. Somos nosotros quienes decidimos nuestras normas, no las grandes empresas tecnológicas.
Pero no son solo los menores quienes corren peligro. El diseño adictivo, por ejemplo, nos perjudica a todos. Por eso necesitamos un marco más amplio: la Ley de Equidad Digital. La propondremos en otoño.
Señorías:
Todo esto nos demuestra que Europa puede dar resultados allí donde realmente importa. Pero también debemos reconquistar el corazón de los europeos. Crear ese sentimiento de pertenencia a algo más grande que nosotros mismos.
La pertenencia a un hogar común. La certeza de que, como europeos, siempre estaremos ahí los unos para los otros.
Porque basta con mirar más allá de nuestras fronteras para ver que esta idea europea sigue muy viva.
Basta con mirar a Ucrania y a Moldavia. A los Balcanes Occidentales. Basta con mirar a todos esos países cercanos a nuestra Unión.
Y, dado que su futuro está en nuestra Unión, pronto propondremos hojas de ruta para los países candidatos que más han avanzado.
Este proceso seguirá basándose en el mérito. Y, señorías, lo repito: el respeto a nuestros valores no es negociable.
Me horrorizaron las imágenes del funeral de Ratko Mladić celebrado la semana pasada en Belgrado.
Él cometió los crímenes de lesa humanidad más atroces.
Glorificar a criminales de guerra no tiene cabida en la Unión Europea.
Todas las víctimas de las guerras de la antigua Yugoslavia merecen ser recordadas, y todas sus familias merecen nuestra compasión.
Porque eso es lo que defendemos como Unión: la verdad, la justicia y el respeto a nuestros valores.
Señorías:
Europa siempre se mantendrá fiel a sus valores. Nuestra Unión nació como un proyecto de paz. Para que nuestro trágico pasado pudiera dar paso a un futuro común para los europeos. Décadas más tarde, millones de personas siguen viendo a Europa como una tierra llena de promesas; a veces, desde lugares tan lejanos como Canadá.
Y, sin embargo, a menudo olvidamos cuán poderosa sigue siendo esa promesa.
En 1948, tras la guerra, se celebró un Congreso de Europa. Este reunió a las mentes más brillantes de nuestro continente para reflexionar sobre el futuro de la cooperación europea. Para dar vida a esta idea europea que nos pertenece. Como sociedad, debemos redescubrir esa capacidad de pensar en clave europea.
El año que viene celebraremos el histórico 70.º aniversario del Tratado de Roma.
Hoy puedo anunciar que pondremos en marcha un nuevo Congreso de Europa.
Necesitamos a nuestras mentes más brillantes, procedentes de toda nuestra Unión y de cada rincón de nuestro gran continente. Juntas, elaborarán una visión capaz de inspirar a la nueva generación de europeos y de reconquistar el imaginario europeo. Para que la próxima generación pueda escribir su propia historia.
Nunca debemos olvidar los orígenes de nuestra Unión. Naciones que habían estado en guerra durante tanto tiempo se unieron para forjar un destino común. Un destino de paz y prosperidad, de democracia y libertad.
Nunca dejaron escrito adónde nos llevaría finalmente ese destino. Pero cada generación ha construido sobre los cimientos de sus predecesoras. Paso a paso. Ladrillo a ladrillo.
Por supuesto, nuestras imperfecciones, nuestra diversidad y nuestras diferencias persisten. Pero son precisamente ellas las que hacen de Europa nuestra Europa. Nuestro hogar común.
Así pues, Señorías:
Tomemos de nuevo las riendas de nuestro futuro.
Vive l’Europe.
Es lebe Europa.
¡Viva Europa!





