Cosmogonías del agua: Claudia Müller en Villa d’Este

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Hasta el 18 de octubre, Tivoli se convierte en un laboratorio donde arte, territorio y memoria fluvial dialogan a través del agua del Aniene.

Hay lugares donde la naturaleza no es un telón de fondo, sino una fuerza que modela la historia, la arquitectura y la sensibilidad humana. Villa d’Este, en Tivoli, es uno de ellos. Allí, el agua no es solo un recurso: es mito, sonido, movimiento, origen. Desde el siglo XVI, cuando Ippolito II d’Este encargó a Pirro Ligorio la creación de este prodigio hidráulico, el agua ha sido el alma del sitio. Hoy, esa misma energía vuelve a activarse con Cosmogonie dell’acqua, el proyecto de Claudia Müller Montes, primera iniciativa del programa MuseoNatura.

La artista chilena —que vive entre Milán y Santiago— lleva años investigando los cuerpos de agua como entidades sensibles, terrestres y extraterrestres. Su obra no representa el agua: la escucha. La sigue. La estudia. La convierte en materia poética. Y en Villa d’Este encuentra un interlocutor perfecto: un jardín que es, desde hace siglos, una máquina de agua, un teatro líquido donde la gravedad, la ingeniería y la imaginación se entrelazan.

El recorrido expositivo se despliega en tres estaciones. En el Palazzo, a nivel del jardín, Frontera Líquida es un video en tres partes que explora el límite entre el mundo terrestre y el submarino. No es un documental: es un umbral. Un espacio donde la luz y el agua se vuelven lenguaje, donde el espectador siente que la superficie es una frontera permeable, un pasaje hacia otros mundos posibles.

En la Serra del Giardino dei Melangoli, la instalación Acqua Lattea transforma ramas recogidas a lo largo del río Aniene en un circuito cerámico ascendente. Cada rama lleva una palabra: un poema que sube, mientras el agua baja. Es un gesto simple y poderoso: invertir el flujo natural para revelar otro tipo de movimiento, uno que pertenece al pensamiento, a la memoria, a la imaginación. Es también una reinterpretación contemporánea del ninfeo clásico: un espacio donde lo natural y lo humano encuentran armonía.

Finalmente, en la Fontana di Arianna, Spirali d’Acqua introduce tres pequeñas fuentes cerámicas cuyos colores —ocres, verdes, azules lapislázuli— evocan el viaje del agua desde la tierra al cosmos. Las formas recuerdan vórtices, remolinos, nacimientos. Es una obra que condensa el itinerario conceptual de Müller: el agua como origen, como energía, como movimiento vital.

El corazón del proyecto es el río Aniene, un curso de 99 km que nace en los montes Simbruinos, en la frontera entre Lacio y Abruzos. Sus aguas, que los romanos consideraron entre las más puras de la península, alimentaron acueductos fundamentales como el Aqua Marcia y el Anio Novus, y hoy siguen siendo objeto de estudio ambiental en iniciativas como el Aniene Water Lab. Müller recorrió el río entero en 2023, desde las fuentes hasta su desembocadura en el Tíber, en una residencia artística que dio origen a las obras que hoy dialogan con Villa d’Este. Ese viaje no fue solo geográfico: fue simbólico. Un descenso hacia la memoria del territorio y un ascenso hacia su dimensión poética.

La comunidad local ha recibido la exposición como un gesto de reconocimiento. El Aniene no es solo un río: es una memoria colectiva, una presencia que ha marcado la vida de generaciones. La muestra reanuda ese vínculo, lo actualiza y lo celebra.

Los curadores —Alberto Samonà, Davide Bertolini y Sara Tarissi de Jacobis— lo explican con claridad: Villa d’Este es un ecosistema donde historia, arte y naturaleza conviven en un equilibrio complejo. La exposición no impone la contemporaneidad: la escucha. La acompaña. La amplifica. Y permite que el visitante atraviese la Villa en tres tiempos, tres imágenes, tres pausas. Porque, como dice Tarissi de Jacobis, en esta muestra “las pausas cuentan más que los llenos”.

Villa d’Este, Patrimonio UNESCO desde 2001, se abre así a una lectura nueva: la del agua como puente entre siglos, culturas y sensibilidades. Y lo hace con un proyecto que respira territorio, comunidad y contemplación.

Cosmogonie dell’acqua no es solo una exposición. Es una invitación a mirar el agua como origen, como memoria y como futuro.