Evitar que la creatividad, el empresariado y la visión emigren de Rumania

0
391

En Rumania recuerdan que hace un año estuvieron al borde del precipicio y que, “por un milagro”, se salvaron de caer bajo la égida rusa de Putin. Esa es la percepción que persiste en la memoria colectiva.

En efecto, el país vivió en 2024 una de sus crisis políticas más delicadas: la primera vuelta de las elecciones presidenciales fue anulada tras descubrirse una campaña de desinformación a gran escala, alimentada desde Moscú, que buscaba favorecer a candidatos populistas afines a Putin. El fantasma de un “regreso al comunismo” o de una absorción en la órbita rusa resurgió con fuerza.

Călin Georgescu, 62 años, candidato independiente de ultraderecha, independiente sí, pero con un perfil ultranacionalista y antisistema, pasó en pocas semanas de tener un apoyo de un solo dígito a imponerse en la primera vuelta con el 22,9 % de los votos, frente al 19,2 % de la centrista Elena Lasconi.

Aunque nunca se definió abiertamente prorruso, Georgescu había calificado a Ucrania de “Estado inventado”, criticó a la OTAN y prometió terminar con el apoyo rumano a Kiev, país con el que Rumania comparte más de 600 km de frontera. Para muchos observadores, su eventual victoria hubiera significado “un triunfo extraordinario para Putin” y la anulación de 35 años de avances democráticos y occidentales.

Su ascenso estuvo rodeado de sospechas: documentos desclasificados revelaron más de 85.000 ciberataques rusos contra sistemas electorales y una masiva campaña de manipulación en TikTok, que amplificó artificialmente su mensaje. El Tribunal Constitucional anuló la primera vuelta por interferencia extranjera, en una decisión histórica que obligó a reiniciar todo el proceso electoral.

La anulación se produjo en medio de protestas masivas en Bucarest: miles marcharon a favor de Lasconi y contra la ultraderecha, portando pancartas con lemas como “Rumania, un hito en la UE y la OTAN” y “No al fascismo”. Aunque hubo pequeños grupos de simpatizantes de Georgescu, el clima mayoritario en las calles reafirmó el compromiso del país con su vocación proeuropea y democrática.

Las instituciones actuaron como barrera de resiliencia. Bajo la mirada vigilante de la Unión Europea, las elecciones fueron repetidas y en 2025 el país eligió de manera clara y serena a un presidente proeuropeo, confirmando que la sociedad rumana mantiene su rumbo occidental, incluso en medio de medidas de austeridad necesarias para controlar un déficit récord. Hoy, en las ciudades, banderas rumanas y europeas ondean juntas: expresión del deseo de paz, estabilidad y pertenencia.

El nuevo presidente, Nicușor Daniel Dan, matemático, político y activista, asumió el 26 de mayo de 2025 como séptimo presidente de Rumania, tras haber sido alcalde de Bucarest (2020–2025) y diputado (2016–2020). Su llegada simboliza una nueva etapa en la reafirmación democrática del país.

Economía: entre el vigor empresarial y el desbalance estructural

La economía rumana se sostiene en una estructura madura pero desequilibrada. Los servicios generan alrededor del 60 % del PIB y concentran casi la mitad del empleo; la industria aporta un 27 % con un tercio de la fuerza laboral; mientras que la agricultura, aunque emplea cerca del 20 % de la población, contribuye apenas con un 4,5 % al PIB.

Sectores en auge como el vino (sexto productor europeo, con 187.000 hectáreas de viñedos y más de 1.300 bodegas), la alimentación procesada (ventas minoristas por más de 1.200 millones de dólares en 2023), y empresas líderes como Recaș Wineries, Sam Mills o Angelli Spumante, muestran un potencial considerable para atraer inversión y modernización. Sin embargo, ese potencial todavía está lejos de realizarse plenamente: la clave está en aprovechar mejor los recursos humanos.

Sociedad: fuga de talentos y necesidad de modernización

El gran desafío sigue siendo la fuga de jóvenes cualificados hacia Europa occidental, atraídos por mejores salarios y oportunidades. Mientras tanto, dentro del país persisten sectores con baja productividad y falta de modernización, lo que frena la capacidad de retener talento. Muchos jóvenes trabajan en el sector agrícola, donde los salarios son bajos y las perspectivas limitadas.

El mensaje es claro: Rumania necesita que nazcan más empresas, sobre todo innovadoras y sólidas, que permitan diversificar la economía, modernizar sectores estratégicos y ofrecer horizontes reales a las nuevas generaciones. Retener a la juventud y actualizar prioridades es indispensable para que el país transforme su potencial en desarrollo.

La verdadera apuesta de Rumania está en su empresariado autónomo y en una ciudadanía capaz de pasar de la emoción a la acción. El desarrollo democrático no termina en las urnas: se ejerce día a día, en la gestión de la economía y en la construcción colectiva de un país que, tras haber estado “por un milagro” al borde del abismo, hoy busca afirmarse con esperanza en su camino europeo.

La iglesia y el monasterio franciscanos están ubicados en Cetatea Veche, la actual Piaţa Muzeului; la iglesia fue alzada sobre el sitio donde estuvo la primera iglesia de la ciudad, en el siglo XI.