Luiz Inácio Lula da Silva, Presidente de Brasil, recordó que hace 20 años, hablando en la Asamblea General, expresó confianza en la capacidad humana para superar desafíos y evolucionar hacia formas superiores de convivencia. «Vuelvo hoy para decir que mantengo mi confianza inquebrantable en la humanidad», subrayó, al tiempo que señaló la gravedad de la crisis climática que «llama a nuestras puertas e impone pérdidas a nuestros hermanos, especialmente a los más pobres». Tras señalar que el hambre, que hoy afecta a 735 millones de personas en todo el mundo, estuvo en el centro de su discurso de 2003, enfatizó: “El mundo es cada vez más desigual. Los 10 multimillonarios más ricos tienen más riqueza que el 40 por ciento más pobre de la humanidad”.
“Si hoy vuelvo en calidad de Presidente de Brasil, es gracias a la democracia”, subrayó, subrayando que “la esperanza, una vez más, ha vencido al miedo”. Mi país «ha vuelto» para dar su contribución a los desafíos globales, subrayó, al tiempo que destacó que ha recuperado el universalismo de su política exterior, marcada por un diálogo respetuoso con todos. Reconociendo que la Agenda 2030 podría convertirse en el mayor fracaso de la ONU, subrayó la importancia de reducir las desigualdades incluyendo a los pobres en los presupuestos gubernamentales y haciendo que los ricos paguen impuestos proporcionales a su riqueza. Reiterando además el compromiso de Brasil con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, añadió: “Queremos lograr la igualdad racial a través del decimoctavo Objetivo [de Desarrollo Sostenible], que adoptaremos voluntariamente”.
En este sentido, su Gobierno ha puesto en marcha un programa de hambre cero y ha aprobado un proyecto de ley sobre igual remuneración por igual trabajo e igualdad de género. Recordando que el Sur Global es el más afectado por el cambio climático, señaló que Brasil, al generar el 97 por ciento de su energía eléctrica a partir de fuentes limpias y renovables, ha demostrado que un modelo socialmente justo y ambientalmente sostenible es posible. También destacó el inmenso potencial para generar hidrógeno verde e informó que, tras retomar el combate a los delitos ambientales en la Amazonía, su país logró reducir la deforestación en un 48 por ciento en ocho meses. Lamentando que no se haya cumplido la promesa de asignar 100 mil millones de dólares a los países en desarrollo, recordó que, en 2022, el Fondo Monetario Internacional (FMI) puso a disposición 160 mil millones de dólares en derechos especiales de giro para los países europeos y sólo 34 mil millones de dólares para los países africanos. Si bien no se han sentado las bases de la nueva gobernanza económica, dijo que los BRICS [Brasil, Federación Rusa, India, China, Sudáfrica] –una plataforma estratégica para la cooperación de los países emergentes– fue el resultado de esta parálisis.
Precisó que durante la presidencia de Brasil del Grupo de los 20 (G20) en 2024, bajo el lema “Construyendo una palabra justa para un planeta sostenible”, el país coordinará la inclusión social y la lucha contra el hambre. Tras señalar que no habrá sostenibilidad ni prosperidad sin paz, subrayó la importancia de promover una cultura de paz. Al referirse a una serie de crisis globales en curso, incluida la guerra en Ucrania, añadió: “Ninguna solución será duradera si no se basa en el diálogo”. Al informar que el gasto militar ha ascendido a 2 millones de dólares, y que el gasto nuclear alcanzó los 83 millones de dólares (20 veces más que el presupuesto regular de la ONU), enfatizó: “La ONU nació para ser el hogar del entendimiento y el diálogo”. Además, rechazó las sanciones unilaterales, incluido el embargo económico y financiero de Cuba, y criticó cualquier intento de dividir el mundo en zonas de influencia y revivir la guerra fría.







