Perú y Diplomacia Iberoaméricana

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En pocas semanas se celebrará en Santo Domingo, República Dominicana, la 28º Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, organizada por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) con el título “Por una Iberoamérica justa y sostenible”. ¿Qué puede esperar nuestro país de este encuentro?

La oportunidad iberoamericana

La primera Conferencia Iberoamericana al más alto nivel político se llevó a cabo en 1991, y desde entonces se ha constituido como un foro relevante para tratar asuntos multilaterales de interés de los miembros de la comunidad iberoamericana, conformada por 19 países de América Latina de lenguas española y portuguesa, más España, Portugal y Andorra. El espacio iberoamericano facilita el intercambio de experiencias, la asunción de compromisos y el establecimiento de acuerdos frente a los desafíos que enfrenta el bloque, en un escenario internacional complejo y cambiante. En más de 30 años de encuentros se han alcanzado compromisos en materia de inclusión social, intercambio de conocimiento, género, cultura, medioambiente e innovación; con resultados concretos que se han visto reflejados en los programas, iniciativas, proyectos adscritos y actividades, cuya implementación se realiza a través de la cooperación iberoamericana.

Resulta especialmente relevante considerar que el espacio iberoamericano sea visto con expectativa porque se trata de un espacio pluralista, libre de cargas ideológicas, que constituye una visión ecléctica entre el Commonwealth inglés y la Organización de Estados Americanos (OEA), y que además representa un foro productivo que permite armonizar vínculos y promover la cooperación y el intercambio cultural, académico y científico entre países.

Agenda europea-latinoamericana

Una de las prioridades de la próxima cumbre iberoamericana será el relanzamiento de las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe. Si bien mantienen la categoría de socios estratégicos desde 1999, su vinculación al más alto nivel político lleva ocho años de interrupción, desde la última Cumbre UE-CELAC en Bruselas, 2015. Esta realidad ha sido aprovechada de buena manera por países como China o Rusia, los cuales han ido ganando espacios en la región a través de mayores niveles de intercambio comercial, flujos de inversión y cooperación estratégica y militar.

En ese sentido, viene siendo momento que la UE y Latinoamérica asuman su potencial estratégico en un escenario internacional cambiante y con múltiples desafíos, siendo conscientes que la propia realidad actual de su relación es muy distinta a la de hace una década o dos, al existir mayor corresponsabilidad en una amplia gama de temas (seguridad, cooperación, medio ambiente), que requieren compromisos y acciones concretas. Valiéndose de la convergencia de intereses entre ambos bloques, la nueva agenda europea-latinoamericana deberá cubrir necesidades estratégicas, como el diseño de una agenda digital para América Latina, el desarrollo de proyectos sostenibles, inclusivos y resilientes bajo el paraguas del Global Gateway, un aumento en los fondos de cooperación destinados a reducir brechas en salud, educación e infraestructura; o el establecimiento de programas de transición energética con altos estándares medioambientales y sociales.

No cabe duda que el sistema iberoamericano constituye un valioso mecanismo para la profundización y el mejoramiento de las relaciones entre el hemisferio latinoamericano y europeo a través de España – que detentará la presidencia del Consejo de la Unión Europea en el segundo semestre del 2023. La participación del Perú en los distintos organismos sectoriales que ofrece este espacio de integración, así como en las cumbres de líderes políticos, de ministros de economía, de ciencia y tecnología, entre otras, podrán contribuir a dar un impulso sustancial a la cooperación empresarial y al diálogo público-privado, al fortalecimiento de cadenas de valor que involucren a las mypymes, y al aumento de la inversión en conocimiento; bajo un marco de interculturalidad, de democracia social y equidad. En ello se basa el viejo adagio del desarrollo latinoamericano.