El conflicto bélico entre Ucrania – Rusia ha tenido importantes repercusiones en las economías Latinoamericanas. Esperábamos un tratado de paz en el corto plazo, pero la extensión de la guerra ha ocasionado fuertes incrementos en el precio de los alimentos y los combustibles. En América Latina, esta situación afecta severamente a la economía de las familias.
A inicios del presente año, la cotización del petróleo se encontraba en US$ 78.98 por barril, el cual alcanzó un máximo histórico de US$ 127.98 en los primeros días de marzo, luego del estallido de la guerra Ucrania – Rusia que fue el 24 de febrero. A finales de marzo, la cotización del barril de petróleo Brent, había aumentado en 36.6%, promedio.
El impacto de este incremento se ve reflejado, de manera directa, en la inflación del transporte y en los alimentos. En febrero, la presión inflacionaria de la región de América Latina estuvo concentrada en las divisiones de alimentos y bebidas, así como en el transporte. En el caso del transporte, su impacto es el doble de la canasta familiar, pues no solo incrementa el gasto de las familias al trasladarse, sino también se eleva el costo de transporte de la mercadería, afectando principalmente a los alimentos.
A nivel mundial se estima que el costo promedio del galón de combustible local se encuentra en US$ 2.46, siendo Europa la región con el costo de galón más alto en el mundo con US$ 6.00 promedio. En nuestra región, Colombia es el país donde se registra un costo promedio de US$ 2.46, uno de los precios más bajos de la región.
Esta situación ha generado una serie de protestas por parte de los transportistas locales, exigiendo un subsidio a los combustibles por parte de los gobiernos locales. En muchos casos se ha paralizado el tránsito de los alimentos, encareciendo aún más los precios locales por desabastecimiento.
Apenas culmine el conflicto Ucrania – Rusia, se podrá observar una reducción sustancial de la cotización del petróleo; sin embargo, esto no se traduciría inmediatamente en los precios locales. Los gobiernos de Latinoamérica y los organismos reguladores deberán de trabajar para evitar cualquier tipo de especulación que continue afectando los precios en general.







