25/XI: hacia horizontes más amplios / 25/XI: verso orizzonti più ampi

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La historia nos demuestra que las divisiones internas hacen perder imperios, guerras, países y hasta cambian el curso de la historia. Nunca recuerdo haber vivido un gobierno en Italia guiado por una mujer, elegida abrumadoramente por la ciudadanía, y que permanezca en la presidencia por más de tres años sin denuncias de arbitrariedades personales ni enriquecimiento patrimonial o familiar. En otras palabras, está marcando una línea ejemplar para cualquier italiana que quiera ocupar ese cargo en el futuro. Ser político en Italia no es fácil, tampoco lo es para Giorgia Meloni, pero ella tiene a su favor que conoce el “gallinero”: los conoce a todos, desde muy joven formó parte del Parlamento italiano y si ahora dirige su partido es porque se convenció de que ningún otro le daría oportunidades, porque la política funciona así.

La storia ci mostra che le divisioni interne causano la caduta di imperi, la fine di guerre, la perdita di paesi e persino il cambiamento del corso della storia. Non ricordo di aver mai avuto un governo in Italia guidato da una donna, eletta a stragrande maggioranza dal popolo, che sia rimasta in carica per più di tre anni senza essere accusata di cattiva condotta personale o di arricchimento illecito a suo carico o della sua famiglia. In altre parole, sta fissando un modello esemplare per qualsiasi donna italiana che aspiri a quella posizione in futuro. Essere un politico in Italia non è facile, e non lo è nemmeno per Giorgia Meloni, ma ha il vantaggio di conoscere «i polli» della politica: conosce tutti. Fin da giovanissima è stata membro del Parlamento italiano e se ora guida il suo partito è perché si è convinta che nessun altro partito le avrebbe dato una possibilità, perché è così che funziona la politica.

Nos encontramos a tres años de una guerra infernal a las puertas de Europa continental que no termina, se transforma, se agudiza, nos hace ilusionar con la paz y luego vuelve con más fiereza, ampliándose con provocaciones en Polonia y en Rumania. La gente ya no quiere más un régimen soviético, la gente quiere libertad. La UE ha demostrado que la libertad produce riqueza, el desarrollo de áreas deprimidas es evidente, pero es una isla de bienestar en medio de un entorno que la odia por su prosperidad, donde se mezclan ideologías con religiones, política y patriarcado. Ya no es prudencia, es seria preocupación.

En este escenario, el 25 de noviembre se conmemora el día que pide la eliminación de la violencia hacia las mujeres. Es un día que nos recuerda que la violencia puede ser física pero también política, me pregunto: de todas las libertades, la de vivir es la más esencial, pero la que genera cambios reales es la libertad de hacer política. Entonces, ¿por qué un asesor del presidente Mattarella pide un “sacudón” al gobierno Meloni?

Ci troviamo da tre anni immersi in una guerra infernale alle porte dell’Europa continentale che non finisce, ma anzi si trasforma, si aggrava, ci illude con la speranza della pace e poi ritorna con maggiore ferocia, ampliandosi con provocazioni in Polonia e in Romania. La gente non vuole più un regime sovietico, la gente vuole libertà. L’Unione Europea ha dimostrato che la libertà produce ricchezza, lo sviluppo delle aree depresse è evidente, ma rimane un’isola di benessere in mezzo a un contesto che la odia proprio per la sua prosperità, dove ideologie, religioni, politica e patriarcato si intrecciano. Non è più prudenza, è seria preoccupazione.

In questo scenario, il 25 novembre si celebra la Giornata internazionale per l’eliminazione della violenza contro le donne. È una giornata che ci ricorda che la violenza può essere fisica ma anche politica. Mi chiedo: tra tutte le libertà, quella di vivere è la più essenziale, ma quella che genera cambiamenti reali è la libertà di fare politica. Allora, perché un consigliere del presidente Mattarella invoca un “scossone” al governo Meloni?

El asesor del presidente Sergio Mattarella, Francesco Saverio Garofani, leyó en una cena un discurso motivador cuya finalidad era “bloquear el ejecutivo Meloni”, impedirle el camino hacia un segundo mandato. Podría calificarse de una conversación entre “amigos”, hasta que uno de ellos difundió la noticia en un diario de alto tiraje nacional y nos hizo conocer que estaban “tramando”. La propuesta no venía de un militante del centro-izquierda ni de un parlamentario, sino del Secretario del Consejo Supremo de Defensa, un órgano constitucional presidido por el jefe de Estado y compuesto por la mitad del gobierno, incluida la primera ministra Meloni. Por su naturaleza, el Quirinale o Casa de Gobierno o Palacio de Gobierno es una institución garantista: no puede ni debe participar activamente en el juego político.

Il consigliere del presidente Sergio Mattarella, Francesco Saverio Garofani, durante una cena ha letto un discorso motivazionale la cui finalità era quella di “bloccare l’esecutivo Meloni”, impedirle la strada verso un secondo mandato. Si potrebbe definire una conversazione tra “amici”, finché uno di loro non ha diffuso la notizia su un quotidiano di grande tiratura nazionale e ci ha fatto sapere che stavano “tramando”. La proposta non proveniva da un militante del centro‑sinistra né da un parlamentare, bensì dal Segretario del Consiglio Supremo di Difesa, un organo costituzionale presieduto dal capo dello Stato e composto da metà del governo, inclusa la presidente del Consiglio Meloni. Per sua natura, il Quirinale – Casa di Governo, Palazzo del Governo – è un’istituzione garantista: non può né deve partecipare attivamente al gioco politico.

Se sabe que Meloni y Mattarella tienen concepciones distintas sobre la función presidencial. Meloni propone la elección directa del jefe de Estado, con todas sus dificultades, pero con la ventaja de que el pueblo sería el responsable directo de su elección. El presidente de la República debe actuar como tal, no como jefe de partido. En este contexto, Mattarella podría ser el último presidente elegido bajo el sistema parlamentario. Esto genera sensibilidad, dada la edad de los dos protagonistas y sus visiones tan diferentes, más aún cuando el cargo de uno puede estar siendo ambicionado por otro alto encargo.

Lo interesante, es la metamorfosis de las responsabilidades políticas de Garofani: deslindó ser responsable individual del pedido de “sacudón” e involucró a toda la institución presidencial, contra la cual nadie quiere tener problemas abiertos. En Italia las formas deben ser siempre mantenidas y respetadas. Sin embargo, esas formas requieren tiempo: aquí no todo sucede “a la latinoamericana”, de un solo golpe. En Italia, aparentemente no ocurre nada, pero poco a poco el asesor será silurato/torpedeado, y las relaciones deberán maquillarse.

La propuesta de modificación constitucional para la elección presidencial cambia el tablero, sumada a la evidente alta aprobación del gobierno Meloni. Nadie quiere aparecer con una “fea imagen” ante la ciudadanía. La metamorfosis institucional no se juega solo en un despacho, sino en la mirada de un pueblo que observa con atención.

 

Si sa che Meloni e Mattarella hanno concezioni diverse sulla funzione presidenziale. Meloni propone l’elezione diretta del capo dello Stato, con tutte le sue difficoltà, ma con il vantaggio che il popolo sarebbe il responsabile diretto della sua scelta. Il presidente della Repubblica deve agire come tale, non come capo di partito. In questo contesto, Mattarella potrebbe essere l’ultimo presidente eletto secondo il sistema parlamentare. Ciò genera sensibilità, data l’età dei due protagonisti e le loro visioni così differenti, tanto più quando la carica dell’uno può essere ambita da un altro alto incarico.

Interessante è la metamorfosi delle responsabilità politiche di Garofani: ha evitato di essere considerato responsabile individuale della richiesta di “scossone” e ha coinvolto l’intera istituzione presidenziale, contro la quale nessuno desidera avere problemi aperti. In Italia le forme devono sempre essere mantenute e rispettate. Tuttavia, queste forme richiedono tempo: qui non tutto accade “alla latinoamericana”, con un solo colpo. In Italia, apparentemente non succede nulla, ma poco a poco il consigliere sarà silurato/torpedeato, e le relazioni dovranno essere truccate e ricomposte.

La proposta di modifica costituzionale per l’elezione presidenziale cambia il quadro, sommata all’evidente alta approvazione del governo Meloni. Nessuno vuole apparire con una “brutta immagine” davanti alla cittadinanza. La metamorfosi istituzionale non si gioca soltanto in un ufficio, ma nello sguardo di un popolo che osserva con attenzione.

Tras doce años de gobierno, la izquierda fue retirada por el pueblo italiano, que no la votó nuevamente debido a su mal desempeño. La alta aprobación ciudadana al gobierno de Giorgia Meloni pone en dificultades al centro‑izquierda, que busca una motivación corpulenta para desestabilizarla.

Esperaban que la acusación a los ministros de Meloni por haber expulsado a Al‑Masri sin cumplir con la orden de captura de la Corte Penal Internacional fuera el camino, más aún cuando ella misma, Meloni, por solidaridad, se incluyó entre los inculpados, aunque el Parlamento no la hubiera señalado. Sin embargo, la añorada fecha ante el Parlamento se disolvió cuando, el 4 de noviembre, la Fiscalía General de Libia arrestó y acusó formalmente al general Osama al‑Masri, jefe de la Policía Judicial de Trípoli, bajo una orden de arresto pendiente de la CPI por crímenes de guerra y de lesa humanidad. La Fiscalía declaró: “Ante la existencia de pruebas suficientes para proceder con la acusación, la Fiscalía ha imputado formalmente al acusado, quien se encuentra actualmente en prisión preventiva.” A este punto, aunque la CPI señale “incumplimiento de Italia a la orden de detención”, los hechos carecen de debate político.

Todas las piezas parecen acomodarse en un lugar armonioso, pero la búsqueda de “sacudones”internos por parte de los nostálgicos del poder que ya no lo tienen, puede sorprender a todos, en estos tiempos turbulentos, si encuentran a una Italia dividida.

Y si eso no es violencia política, ¿qué lo es?

Dopo dodici anni di governo, la sinistra è stata allontanata dal popolo italiano, che non l’ha più votata a causa della sua cattiva gestione. L’alta approvazione popolare del governo di Giorgia Meloni mette in difficoltà il centro‑sinistra, che cerca una motivazione corpulenta per destabilizzarla.

Si aspettavano che l’accusa ai ministri di Meloni per aver espulso Al‑Masri senza rispettare l’ordine di cattura della Corte Penale Internazionale fosse la strada, tanto più quando la stessa Meloni, per solidarietà, si è inclusa tra gli imputati, anche se il Parlamento non l’aveva indicata. Tuttavia, la tanto attesa data davanti al Parlamento si è dissolta quando, il 4 novembre, la Procura Generale della Libia ha arrestato e incriminato formalmente il generale Osama al‑Masri, capo della Polizia Giudiziaria di Tripoli, sotto un mandato di arresto pendente della CPI per crimini di guerra e contro l’umanità. La Procura ha dichiarato: «Di fronte all’esistenza di prove sufficienti per procedere con l’accusa, la Procura ha formalmente imputato l’imputato, che si trova attualmente in custodia cautelare.» A questo punto, anche se la CPI segnala “inadempienza dell’Italia all’ordine di arresto”, i fatti non hanno più spazio per il dibattito politico.

Tutte le tessere sembrano sistemarsi in un quadro armonioso, ma la ricerca di “scossoni” interni da parte dei nostalgici del potere che non lo detengono più può sorprendere tutti, in questi tempi turbolenti, se trovano un’Italia divisa.
E se questa non è violenza politica, cos’è allora?