El Mercado Único nació en un mundo más pequeño.
El Mercado Único es producto de una época en la que tanto la UE como el mundo eran más pequeños, más sencillos y menos integrados, y muchos de los actores clave actuales aún no habían entrado en escena.
Cuando Jacques Delors concibió y presentó el Mercado Único Europeo al mundo en 1985, la UE se conocía como las Comunidades Europeas. El número de Estados miembros era menos de la mitad del actual. Alemania estaba dividida en dos, y la Unión Soviética aún existía. China e India juntas constituían menos del 5% de la economía mundial, y el acrónimo BRICS era desconocido. En aquel entonces, Europa, al igual que Estados Unidos, ocupaba el centro de la economía mundial, liderando en términos de peso económico y capacidad de innovación, lo que representaba un terreno fértil para el desarrollo y el crecimiento.
El Mercado Único se creó para fortalecer la integración europea eliminando las barreras comerciales, garantizando una competencia leal y promoviendo la cooperación y la solidaridad entre los Estados miembros. Facilitó la libre circulación de bienes, servicios, personas y capitales mediante la armonización y el reconocimiento mutuo, mejorando así la competencia y fomentando la innovación. Además, para garantizar que todas las regiones pudieran beneficiarse por igual de las oportunidades del mercado, se introdujeron los Fondos de Cohesión. Este enfoque integral ha sido fundamental para impulsar la integración económica y el desarrollo en toda la UE.
Adaptado al mundo de la época, el Mercado Único demostró desde el principio ser un impulso formidable para la economía europea, así como un poderoso factor de atractivo.
Hoy, más de treinta años después de su creación, el Mercado Único sigue siendo una piedra angular de la integración y los valores europeos, actuando como un potente catalizador del crecimiento, la prosperidad y la solidaridad. Sin embargo, el panorama internacional ha cambiado profundamente, poniendo de relieve la necesidad de desarrollar un nuevo Mercado Único.
El Mercado Único siempre ha estado intrínsecamente vinculado a los objetivos estratégicos de la UE. A menudo percibido como un proyecto de naturaleza técnica, es, por el contrario, inherentemente político. Su futuro está ligado a los objetivos estratégicos de la UE y, por lo tanto, al contexto en el que actúa. Por lo tanto, nunca debe considerarse un esfuerzo finalizado, sino un proyecto en curso. Aun así, se necesita un impulso inmediato para que el Mercado Único se ajuste al contexto actual y para prepararlo para una evolución continua, acorde con la dinámica de nuestro tiempo.
Precisamente por su naturaleza en constante evolución, el Mercado Único siempre ha estado llamado a adaptarse al cambiante contexto europeo y global. Desde la elaboración del Acta Única Europea, se ha llevado a cabo un trabajo constante y gradual de reflexión conceptual, que incluyó la elaboración de informes y planes de acción, en particular por parte de la Comisión Europea y sus comisarios. En este sentido, en 2010, el Informe Monti ofreció reevaluaciones críticas y formuló recomendaciones para su revitalización. Mi informe se sitúa en este continuo, con el objetivo de realizar un análisis exhaustivo del futuro del Mercado Único tras una sucesión de crisis y desafíos externos que han puesto a prueba su resiliencia.






