¿Por qué enseñar la filosofía desde temprano? Por Florent SARDOU

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14.400 segundos, 240 minutos, 4 horas. Hace años me tocó pasar la prueba de filosofía, la prueba más larga y emblemática del Baccalauréat francés (o el “bac” como dicen todos los franceses), tal como lo hicieron este miércoles 17 de junio, un millón de candidatos. Este diploma, pieza clave del sistema educacional francés, es indispensable para quien aspira estudiar en la universidad y corona los estudios secundarios. De hecho, sigue considerado como el primer diploma universitario. Creado el 17 de marzo de 1808 por un decreto del emperador Napoleón, su larga existencia, a pesar de frecuentes críticas (sería demasiado costoso, demasiado fácil) y numerosas reformas, lo ha convertido en un monumento nacional, gozando de un aura casi sagrado. En una sociedad francesa vulnerada, golpeada por la crisis económica, y cada vez menos segura de sus valores y principios, el “bac” sigue ejerciendo un rol importante. Para sus defensores, el “bac” es un rito necesario. El rito que permite el paso a la edad adulta y también, una potente herramienta de cohesión nacional, ya que es una obligación para todos los alumnos del último año del liceo.

A principios del siglo XIX, la enseñanza priorizaba una sólida cultura “humanista” clásica. Los candidatos debían estudiar autores latinos y griegos, historia, geografía, retórica y filosofía. Actualmente, las prioridades son los idiomas y las ciencias “duras”. Una necesaria (o no) adaptación a los tiempos de hoy. En una sociedad cada vez más “tecnologizada”, las principales fuentes de trabajo e ingreso se encuentran en sectores que requieren técnicos, ingenieros, informáticos, matemáticos y físicos. Los pensadores o los simples poseedores de una amplia cultura general tienen dificultad para encontrar un oficio y si lo logran, muchas veces son mal remunerados. En un mundo globalizado, interconectado, intercultural, la educación tiende a multiplicar conocimientos fragmentados. Frente a problemáticas globales, los especialistas no sirven.

No obstante, la permanencia de la enseñanza de la filosofía en el sistema educativo resulta para muchos algo extraño, inútil o incluso, hasta peligroso.

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Ser para existir: la filosofía, “una escuela de la libertad”.

Estamos sumergidos en una sociedad donde se sobrevalora el “tener”: tener dinero, ganar medallas, tener prestigio, poseer bienes, tener, tener, tener…. La profusión de informaciones (muchas veces no verificadas), de publicidades, de solicitudes de todo tipo nos convierte en simples “Homo-consomus”. No tenemos tiempo para reflexionar y menos para darle sentido a nuestra existencia. Nos encontramos permanentemente atrapados en las necesidades de cumplir todo tipo de obligaciones: pagar deudas, arriendo, luz, crédito hipotecario, el metro, bencina, etc. O sea, prisioneros del tiempo. Vivimos a corto plazo. Tener para solamente sobrevivir.

 

La filosofía nos enseña y explica lo contrario: SER para existir.

Cualquier Estado tiene entre sus prerrogativas soberanas la de educar. Una verdadera educación consiste en otorgarle al propio estudiante las herramientas para que éste desarrolle su capacidad de pensar por sí mismo, permitiéndole ejercer su libertad crítica gracias a un pensamiento racional; entregarle armas para que el joven pueda entender su relación con el mundo, con sus pares y con sí mismo. O sea, para que pueda actuar con lucidez y asumir su condición humana.

La filosofía es el garante de la democracia. Un ciudadano no es un mero consumidor: es un individuo capaz de opinar, de juzgar, de criticar, de discernir. Solamente así, el ciudadano se libera de la tentación de la demagogia o de la resignación. Es capaz de fomentar debates racionales y emancipadores. La frustración, la incapacidad de pensar y luego verbalizar sus demandas o preocupaciones provocan violencia y anarquía.

En un mundo que se jacta de dar tanto valor a la libertad y a la democracia, enseñar la filosofía en la secundaria parece una obligación; algo evidente. Los adolescentes de hoy tienen la madurez suficiente. Tan así que ellos lidiaron cambios políticos importantes (cf. la reforma de la educación en Chile).

¿Enseñar la filosofía? Tan evidente como lo es la singularidad del ser humano: “cogito ergo sum”. Pienso, luego existo.

BIBLIOGRAFIA
Bajo la dirección de Moufida Goucha, La filosofía: una escuela de la libertad, UNESCO, 2007
http://unesdoc.unesco.org/images/0019/001926/192689S.pdf

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