Las piedras con propiedades no se encuentran al azar en el camino. Se extraen de las entrañas de la tierra, donde han sido formadas durante miles, incluso millones de años. Son testigos silenciosos del tiempo, portadoras de una energía que los seres humanos no poseemos, pero que podemos recibir.
Desde tiempos antiguos, alquimistas, astrólogos, geólogos y sanadores han estudiado sus vibraciones, sus colores, sus estructuras. Y todos coinciden en algo esencial: las piedras nos hacen bien. Nos acompañan en momentos de transformación, nos protegen, nos equilibran, nos recuerdan quiénes somos.
En la vida de las mujeres, las piedras han sido aliadas. No solo como ornamento, sino como símbolo, como medicina, como lenguaje. Cada una tiene una historia, una función, una intención. Y cuando se convierten en collares, pulseras o amuletos, no solo adornan: activan.
Jade: piedra de serenidad, fortuna y sabiduría
En Myanmar, el jade es considerado una presencia espiritual, símbolo de equilibrio, salud y prosperidad. En los mercados, templos y talleres, esta piedra se ofrece como talismán, como medicina, como legado.
El jade puede presentarse en una gama sorprendente de colores, cada uno con su propia vibración:
- Verde: armonía, longevidad, conexión con la naturaleza
- Blanco: pureza, paz interior, claridad mental
- Amarillo: energía solar, vitalidad, alegría
- Negro: protección, fortaleza, profundidad espiritual
- Lavanda: sensibilidad, intuición, inspiración creativa
- Azul: contemplación, sabiduría, calma profunda
En la tradición oriental, el jade se considera una piedra de salud: se dice que purifica la sangre, equilibra el organismo y promueve la longevidad. Su energía invita a la introspección, al silencio interior, a la conexión con lo esencial.

Crisocola: memoria andina, medicina emocional
En la región de Nazca, Perú, la crisocola aparece como una piedra profundamente ligada a la tradición femenina andina. Este mineral de cobre, de tonos azul verdoso, se forma en zonas de oxidación de yacimientos y ha sido utilizado como amuleto de protección, símbolo de fertilidad y canal de sabiduría interior.
Su nombre proviene del griego chrysos (oro) y kolla (pegamento), ya que los alquimistas la empleaban en la aleación del oro. Esta conexión con lo valioso no es solo técnica: es simbólica. La crisocola une lo invisible con lo esencial.
Actúa sobre los centros energéticos inferiores, ayudando a purificar emociones, liberar tensiones y fortalecer el campo energético personal. Es una piedra que acompaña procesos de transformación, duelo y renacimiento.
La sinergia: cuando el jade y la crisocola se encuentran
La combinación de jade y crisocola es una alquimia poderosa. Tradiciones espirituales y estudios contemporáneos coinciden en que este dúo mineral promueve el equilibrio entre las energías femeninas y masculinas, favoreciendo el amor, la armonía interior y el bienestar integral.
- Armonía y balance: la crisocola aporta apoyo emocional, mientras el jade estabiliza y armoniza
- Amor y feminidad: juntas, potencian la capacidad de amar, de conectar con la energía femenina, de crear espacios afectivos
- Salud y bienestar: el jade purifica y equilibra, la crisocola protege del estrés ambiental y fortalece el campo energético
Ubicarlas en el hogar o llevarlas como collares cerca del cuerpo puede generar un profundo sentido de paz, mejorar la confianza en una misma y fortalecer la conexión con las emociones.

Pirita y plata 925: fuerza, protección y brillo consciente
Algunos collares de esta colección incluyen pirita, piedra considerada desde la antigüedad como un poderoso escudo energético. Su nombre proviene del griego pyr (fuego), y al golpearla, despide chispas, como si llevara dentro una llama dormida.
La pirita es conocida como la piedra de la abundancia y el éxito. Se dice que estimula la ambición, la perseverancia y la creatividad. En el plano emocional, fortalece la autoestima, disipa la ansiedad y activa la energía vital.
Combinada con crisocola y jade, la pirita aporta el elemento de acción y fuego que complementa la serenidad del jade y la profundidad emocional de la crisocola. Es como si el collar llevara consigo un triángulo energético: calma, intuición y empuje.
Todo está montado en plata 925, metal noble que no solo garantiza calidad y durabilidad, sino que también amplifica la vibración de las piedras, conectándolas con el cuerpo y permitiendo que desplieguen su fuerza con mayor fluidez.
Este collar no es solo una pieza de joyería: es una herramienta de transformación. Una sinfonía mineral que acompaña a la mujer en su camino, con belleza, intención y poder.









