El mercado de materias primas entra en una fase de normalización luego de los inconvenientes geopolíticos de años previos. Para el 2026, la economía mundial global estará compuesta por una importante oferta energética y una demanda de metales industriales impulsada por la transición energética y la infraestructura necesaria para la Inteligencia Artificial.
El petróleo presenta una tendencia a la baja pronunciada según los últimos informes de la EIA. El Brent y el WTI se encaminan a promedios de US$ 55 y US$ 51, respectivamente, debido a un aumento de los inventarios globales y una producción no-OPEP que crece tres veces más rápido que la demanda. Esta disminución en los precios de la energía aliviará las presiones inflacionarias, pero pondrá a prueba la disciplina fiscal de las economías dependientes del crudo.
En contraste, el oro mantiene un resultado excepcional como activo de refugio. Con bancos centrales acumulando reservas a un ritmo de 70 toneladas mensuales y la persistente incertidumbre geopolítica, JP Morgan y Goldman Sachs proyectan que el metal precioso podría escalar hacia los US$ 2,780 por onza en el 2026. Este incremento del 5% anual determina el rol protector frente a la volatilidad de otros activos financieros tradicionales.
En el caso peruano, el cobre es el protagonista indiscutible de la balanza comercial. Aunque la oferta global muestra restricciones, la demanda estructural para la electrificación y los centros de datos de inteligencia artificial impulsará el precio hacia los US$ 9,000 por tonelada (aprox. US$ 4.55 la libra). Bancos de Inversión, anticipan que el metal rojo podría alcanzar nuevos máximos históricos si las interrupciones operativas en las principales labores mineras continúan limitando la disponibilidad física.
Finalmente, el 2026 se perfila como un año de divergencia: mientras la energía se abarata, los metales estratégicos y preciosos se revalorizan. Para una economía polimetálica como la nuestra, este escenario es favorable. La estabilidad en los precios del cobre y el auge del oro permitirán que el sector minero peruano siga siendo el principal contribuyente al fisco, compensando la reducción en otros sectores de exportación tradicional.









