El coeficiente de Gini es una herramienta estadística que mide la desigualdad en la distribución de ingresos dentro de una población, asignando un valor entre 0 y 100, donde 0 representa igualdad perfecta y 100 indica una máxima desigualdad. En Latinoamérica y el Caribe, este indicador ha sido históricamente elevado, reflejando importantes disparidades económicas en la región.
De acuerdo a información del Banco Mundial, en el 2022, el coeficiente de Gini para América Latina y el Caribe fue de 49.9, mostrando una ligera disminución respecto a los niveles antes de la pandemia del COVID-19. Esta cifra aún posiciona a la región como una de las más desiguales del mundo. Países como Brasil presentan coeficientes superiores a 50, mientras que otros, como República Dominicana, registran valores alrededor de 38.5, evidenciando la heterogeneidad en la distribución del ingreso entre las naciones latinoamericanas.
En las últimas décadas, América Latina experimentó una tendencia a la reducción de la desigualdad. Entre 2001 y 2019, el índice de Gini promedio de la región disminuyó en aproximadamente un 7%. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 revirtió parcialmente estos avances, complicando aún más las brechas económicas y sociales existentes. Aunque se han observado mejoras recientes, la región aún no ha recuperado los niveles de desarrollo humano previos a la pandemia.
Abordar la desigualdad en América Latina requiere de políticas públicas integrales que promuevan una distribución más equitativa de los ingresos y oportunidades. Esto incluye reformas fiscales progresivas, fortalecimiento de los sistemas de protección social y mejoras en la calidad educativa y laboral. La reducción de la desigualdad no solo es una cuestión de justicia social, sino también se convierte en un factor clave para el desarrollo económico sostenible y la adhesión social en la región.







